Actualmente hay 26 millones de gamers en Argentina. Eso representa el 56% de la población total. Parece increíble, pero uno de cada dos habitantes del país juega al menos ocasionalmente en consola, computadora o teléfono.
Jueves 07 de Mayo de 2020
Después de la pandemia, las cifras se dispararon, ya que los videojuegos reemplazaron los paseos, el deporte e incluso la interacción social. Y no se trata solo de adolescentes. Todos se volcaron a jugar: niños, adultos y jubilados.
Y no solo juegan a videojuegos clásicos, también participan en juegos de azar. Numerosos casinos online atraen a millones de nuevos jugadores no solo por la variedad de opciones, sino también por los regalos. Nuestros redactores analizaron un portal destacado donde se describen bonos sin depósito en casinos, y encontraron muchas ofertas atractivas. Como a todos les gustan los regalos, estas promociones se han vuelto realmente efectivas.
Los videojuegos dejaron de ser un pasatiempo para unos pocos. Ahora son parte de la cultura cotidiana, una forma de relajarse, escapar de las noticias o experimentar otro mundo. El problema es que, a veces, volver de ese otro mundo no es tan fácil.
Algunos videojuegos funcionan realmente como entrenadores mentales. Enseñan a memorizar, reaccionar rápidamente, crear estrategias y anticipar movimientos. En las escuelas ya han comenzado a integrarlos en el proceso educativo, no como un entretenimiento, sino como una herramienta para involucrar a los estudiantes. Especialmente en materias donde la teoría tradicional no resulta efectiva.
Los expertos afirman que los juegos bien seleccionados desarrollan habilidades cognitivas tan bien como los ejercicios o los acertijos. Es importante entender que un gamer hoy no es un vago: muchas veces es el niño con la mente más ágil de toda la clase.
Pero lo clave no es a qué juega, sino con quién y cuánto tiempo. Porque ahí empieza otra historia.
Demasiado tiempo frente al juego y todo empieza a desmoronarse. La Organización Mundial de la Salud ya ha reconocido la adicción a los videojuegos como un trastorno mental. Cuando un niño pierde el interés por todo excepto por la pantalla, no come, no duerme, se pone nervioso si no puede jugar — eso ya no es un pasatiempo. Es un problema real.
Los psicólogos detectan síntomas preocupantes: irritabilidad, ansiedad, agresividad. Especialmente cuando se trata de juegos violentos, donde la única forma de interactuar es a través de la violencia. En esos mundos es difícil seguir siendo empático y atento en la vida real. Y cuanto más tiempo pasa un niño inmerso en ellos, más difícil se vuelve traerlo de vuelta.
Esto no se resuelve solo. Los padres no son espectadores, sino participantes activos. Son ellos quienes primero notan que algo no anda bien. No con prohibiciones, sino con reglas: límites de tiempo, hablar sobre los juegos, retrasar el acceso a los dispositivos.