Viernes 19 de Abril de 2013
Por más que se diga que la envidia no es sana, que está mal compararse con otro, que hay que mirar lo que uno y no hace no lo que hacen los demás, en algún momento caemos en la tentación de medirnos con los demás. En el ámbito que sea.
Según un estudio de la , en EEUU, la envidia es súmamente útil para darnos una idea sobre nosotros mismos con respecto a los demás. En el caso del sexo parece que esto aplica especialmente si tenemos relaciones con más frecuencia que la gente que nos rodea.
El sociólogo estudió la relación entre sexo y felicidad. Corroboró que efectivamente el sexo hace feliz, sobre todo si se lo tiene más habitualmente que los otros. Del mismo modo, si la persona siente que tiene “menos sexo” que la gente a su alrededor, menor felicidad percibe.
Wadsworth entre 1993 y 2006 entrevistó a 15.386 personas y encontró que la gente que tenía sexo dos o tres veces al mes indicaban un nivel de felicidad autopercibida más alto que aquellos que no habían tenido sexo durante el año anterior. Esa percepción puede derrumbarse si la persona cree (con certeza o no) que otras personas tiene más sexo. Si una persona que tiene sexo dos o tres veces al mes cree que sus amigos o colegas tienen sexo una vez a la semana, la percepción de felicidad cae alrededor de 14%.
Aclara el sociólogo que estos datos no explican necesariamente por qué la gente se siente menos feliz, pues además de que la felicidad se experimenta y construye subjetivamente, muchos otros factores nos hacen sentirnos bien (o mal) con nosotros mismos; lo que se destaca es la comparación: si en el estudio sustituimos “sexo” por “dinero”, los resultados podrían ser similares.
Las charlas entre amigos generalmente tocan los asuntos sexuales como una necesidad misma del diálogo, pero puede ser vista también como una manera de saber cuánto sexo tienen los demás, para saber si estamos teniendo suficiente, poco o demasiado sexo.