Sábado 01 de Septiembre de 2012
Hay quienes dicen que tomar dos cucharadas de aceite o un yogurt antes de tomar alcohol no evita la embriaguez. Pero es mentira, al igual que decir que la resaca desaparece bebiendo jugo de tomate o desayunando cerveza. Y mucho menos corriendo para “sudar” las copas de más que hemos ingerido, ya que más del 90% del alcohol que consumido se metaboliza a través del hígado.
A estas creencias erróneas se suma la de afirmar que cada vez que bebemos alcohol un puñado de neuronas muere. Científicos del Hospital de la Universidad de Heildeberg estudiaron los efectos de dos vasos de vino en el cerebro con un escáner y comprobaron que solo 6 minutos después de beber nuestro cerebro empieza a consumir productos de la degradación del alcohol en vez de glucosa y cambia su actividad, lo que explica que perdamos reflejos o la desinhibición. Químicamente disminuyen sustancias como la creatina, implicada en la obtención y gestión de energía, y la colina, componente de la membrana celular.
Pero al día siguiente todo vuelve a la normalidad, lo que implica que los cambios son reversibles.
El mismo estudio demostró que, en contra de lo que solemos pensar, no hay diferencias en el cerebro de hombres y mujeres tras consumir la misma cantidad de alcohol: a todos se nos sube por igual a la cabeza.
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