Jueves 24 de Julio de 2014
Quedar atrapado en un ascensor es una situación desagradable, desesperante para algunos y sobre todo para aquellos que no están acostumbrados. Quienes trabajan en el rubro atienden todo el día, pero son los fines de semana y a la madrugada los momentos con más urgentes y conflictivos. Es posible aproximarse a 20 rescates promedio por mes en la capital provincial.
Cuando un ascensorista llega a un edificio por un desperfecto, lo primero que hace es revisar que todas las puertas de cada piso estén cerradas. Por lo general, los equipos no funcionan si alguien deja alguna abierta. Es lo más común en el trabajo diario. También la reparación o el cambio de algún componente mecánico o eléctrico. Pero los rescates tienen un patrón que los causa: quedan atrapados aquellos que se metieron en un ascensor y superaron la capacidad de carga del mismo.
Rubén Arévalo hace 32 años que se dedica a los ascensores: repara y rescata, dos tareas que a veces van juntas. “Por lo general se quedan atrapados los fines de semana, viernes y sábado sobre todo a la madrugada. Pasa eso porque vuelven de las salidas y no respetan la capacidad; entran cinco o seis cuando son para cuatro”, dijo a UNO.
En Paraná hay unos 200 edificios, la mitad de ellos tienen un solo equipo instalado y la otra por lo menos dos; hay algunos que llegan hasta tres o cuatro. Por lo tanto se calculan entre 400 y 500 ascensores. También hay casas particulares que los tienen.
“Cuando se queda alguien atrapado te llaman y mientras vas en camino te vuelven a llamar, la gente se desespera”, agregó Arévalo, que tiene entre cuatro o cinco casos de rescates mensuales. “Somos por lo menos tres, las empresas más grandes, así que en promedio debe haber entre 15 y 20 por mes”, destacó.
Puede pasar que en 30 días no ocurra nada, pero hay épocas del año que son peores y hacen al promedio. Por ejemplo, los ascensoristas ya saben que durante el fin de semana de la Fiesta de Disfraces van a correr varias veces hasta un edificio y es similar a las madrugadas en un feriado. “Pasa cuando la gente anda más”, sostuvo.
Paralizados
Los ascensores tiene una velocidad máxima que permite que el freno los detenga. Cuando están sobrecargados fallan: son como los autos, no es lo mismo frenar a 50 kilómetros por hora que a 100 y quedan como desajustados. Entonces ante una nueva carga no sale directamente o se paralizan en algún momento del recorrido.
Los ascensores más nuevos llevan un limitador de carga, es decir: una especie de balanza que se programa y mide la capacidad; cuando es superada el motor no se pone en funcionamiento. En los equipos viejos también se pueden instalar, pero la mayoría no los tienen.
En las ciudades más grandes no todos los edificios contratan a un ascensorista, pero en Paraná al parecer es diferente. “Mal o bien, los edificios de la ciudad tienen mantenimiento y contratado un servicio. Es un abono mensual que pagan para que se controle, lubrique y se tenga el servicio de urgencias las 24 horas”, explicó Arévalo.
Como sea, quedarse encerrado en un ascensor es una situación complicada y no solo para quienes sufren claustrofobia o problemas similares; es la sensación de estar atrapado en un espacio reducido, más aún si las luces se apagan e incluso la desesperación puede ser mayor si alguien se imagina la posibilidad de caer.
Así pasan los minutos, hasta que alguien –el ascensorista– abre la puerta.
En el hospital
Raquel Galarraga es de Federal y viaja seguido a Villaguay con su marido para que lo atiendan en el hospital Santa Rosa. Junto a otros pacientes y familiares, reclaman el arreglo del ascensor.
“Se rompió hace dos meses, nos dicen que lo van a arreglar y nunca se hace. Hay gente que va desde Chajarí, Federación, Colón, de todos lados y lo necesitamos”, dijo la mujer a UNO. Su marido tuvo un ACV y necesita ser atendido para su tratamiento. En los últimos dos meses tuvo que subir tres o cuatro pisos por las escaleras y no las puede bajar. Pero además hay pacientes con diferentes discapacidades. “Ahora tienen miedo de que se corte y se caiga el ascensor y hasta que no lo arreglen no sube ni baja nadie”, agregó Galarraga.
Afirman que los ascensores viejos se abren por fallas electromecánicas
En Paraná existe la ordenanza que fue sancionada el 27 de noviembre de 2006 y promulgada el 24 de mayo del año siguiente. Se trata de la Nº 8.661 y así se puede encontrar en la página www.parana.gob.ar/digesto/.
En ella se establece que todos los edificios deben tener mantenimiento de parte de una empresa que esté habilitada por la Municipalidad, entre otras cuestiones. También aclara que se debe detener el funcionamiento de la máquina cuando las deficiencias provengan de baja tensión, alteraciones o fallas en las cerraduras electromecánicas, y en general de cualquier otra causa que se relaciona con la seguridad. La ordenanza también es para montacargas, escaleras mecánicas y guardarrampas mecánicas.
El fin de semana en Córdoba una joven cayó por el hueco del ascensor. Según algunas hipótesis que se conocieron del caso, todo indica que la chica abrió la puerta y se adelantó donde solo estaba el vacío.
Hay accidentes que tienen esas características cuando existen fallas en el sistema electrónico y mecánico.
Los ascensores viejos, y en Paraná son la mayoría, las puertas son de placas y pueden fallar en su cerradura: un contacto eléctrico y un sistema mecánico que al no funcionar permiten que la puerta se abra igual, cuando no lo debe hacer. Muchos de los accidentes que se dan con ascensores tienen estas características: se tironea como para abrirla por costumbre sin asegurarse de que se encuentra el ascensor.
Para quienes trabajan de ascensoristas, hacer eso es igual a cruzar un semáforo en rojo.
*La cifra: 500 es la cifra estimada sobre la cantidad de ascensores que hay en la capital provincial, de acuerdo a cálculos de las empresas de mantenimiento.