Zavallo: “En la provincia hay una puesta en escena muy grande”

Convencido del fin de ciclo del kirchnerismo, Gustavo Zavallo se presenta como la renovación del bustismo para disputar la Gobernación. A Massa, dice, le reconocen haber evitado la eternización K. Pronostica que llegará al balotaje con Scioli. Critica duro la resignación de la autonomía provincial.  
16 de noviembre 2014 · 08:19hs

Carlos Matteoda/ De la Redacción de UNO

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El precandidato massista a gobernador Gustavo Zavallo habló de sus expectativas y del gobierno provincial en el marco de la incipiente campaña electoral provincial.

—¿Le resulta complicado explicar que esta vez Jorge Busti no es el candidato a gobernador?

—Los que conocen a Jorge Busti saben que cuando quiso disputar una candidatura, como ocurrió en cuatro oportunidades en esta provincia, jamás hizo una prueba piloto o un amague. Rompió alambrados, salió, disputó y se expuso a la opinión de la gente. Que hoy no sea candidato no le quita el rol militante que tiene y que va a mantener hasta el fin de su vida; pero sí hay una decisión de promover muchas nuevas figuras a roles más importantes. Nosotros decimos claramente que esto no es una expresión de una franja etaria, sino que debe ser una combinación que potencie un proyecto a través de la experiencia de quien ha vivido más cosas y generosamente se permite decirnos ‘a esto no lo hagan porque yo lo hice y me equivoqué’ o ‘profundicen en esto que nos fue bien’, lo que es muy importante. Tenemos que poner nuestra energía y la decisión de abrir los brazos a muchos sectores de la sociedad entrerriana que por ahí tienen cierta distancia de la política e insistir en que la única forma en que se transforman las cosas es desde la política y que hay que participar en este espacio. Que no es necesario que pensemos todos iguales, o que nos juntemos los que pensamos parecido, sino que es el momento de encontrarnos en objetivos comunes y desde ese espacio ofrecer propuestas a la gente.

—¿Se hubiera imaginado en 2010, cuando se creó el Frente Entrerriano Federal, que Busti no fuera el candidato?

—Hay que ser sinceros en esto. A todos nos quedó la idea que en Entre Ríos Jorge Busti podía protagonizar un nuevo intento de ir por la Gobernación; cuando pasó lo de 2011 y se perdió, o cuando pasó lo de 2013, que fue cuando irrumpió la figura nueva de Sergio Massa. Pero en esto es muy respetable su decisión. Fue él quien a mí me lo fue planteando y diciéndome que si estaba preparado, si estaba en condiciones y con ganas de recorrer la provincia, de capacitarnos y escuchar a la gente. Tengo 43 años, desde los 20 que estoy en política y junto a Busti. Obviamente que uno siempre piensa en disputar responsabilidades importantes. Si la gente me pone en ese lugar, no temo al desafío que emprendimos.

—En la elección legislativa de 2013 formaron una alianza con Alfredo De Ángeli que se deshizo poco después de la elección y seguramente será uno de los dirigentes que compita con usted por la Gobernación. ¿Fue un error?

—Error no, porque lo que se discutía en ese momento era un kirchnerismo que avanzaba hacia la eternización de Cristina en el poder, con la idea de ir luego por una reforma de la Constitución que les permitiera presentarse a un nuevo período presidencial. Me parece que era una demanda de la sociedad, de la cual hicieron una muy buen lectura De Ángeli y Busti. Y hay un acuerdo parlamentario que no está roto, que es el de impedir esto y que felizmente ya no es una iniciativa del kirchnerismo. Ahora viene otra etapa, que no es solamente la de oponerse, sino la de construir expectativa para ser manejo del país, las provincia y los municipios; y es ahí donde nos sentimos contenidos en el espacio de Sergio Massa.

—¿Qué tan lejos se siente hoy del kirchnerismo?

—Tengo enormes diferencias con el kirchnerismo y su manera de ejercer la política; pero creo en un Estado presente, que intervenga activamente para favorecer el despliegue de los sectores de la comunidad. No creo en la teoría del derrame ni en el Estado ausente, y esa es la diferencia que uno tiene (con De Ángeli). Igualmente nadie tiene que caer en el agravio o en la descalificación durante la campaña, ya que estoy convencido de que De Ángeli está cumpliendo con ese compromiso asumido, del mismo modo que lo está cumpliendo Cristina Cremer en la Cámara de Diputados.

—¿Qué le dice a quienes le preguntan por qué estar con Massa y no con otro peronista opositor?

—La verdad que Massa interpreta los problemas y demandas de la gente. La enorme distancia que le lleva a otros candidatos es haber entendido el idioma que hablan hoy los argentinos, cuando pareciera que el resto de la dirigencia política está en otra. Además Massa tiene una enorme capacidad de gestión, un estudio permanente de todos los problemas y ofrece soluciones. Y otra cosa que la gente le valora es la capacidad de formar equipos. Con sus 42 años se ha rodeado de Roberto Lavagna, Miguel Peirano, Aldo Pignanelli, Ricardo Delgado, es decir de hombres que fueron protagonistas en tiempos mucho más complejos, como fue el pos-2001 y tuvieron una gestión exitosa. Y Massa a eso lo rescató. No está en una pelea ideologizada para ver qué hizo uno u otro y buscar quién fue culpable de lo que se hizo mal. Entiende que en el nuevo tiempo que se vive, es decir que todas las bases que le sirvieron a la Argentina para salir del escenario complejo de 2001, son el punto de partida; pero ahora hay un gobierno que ha desviado mucho el rumbo.

—Habla de rescatar lo que se haya hecho bien, y pienso si esa idea puede trasladarse a la provincia. Aunque tal vez la pregunta inicial sería si, a su criterio, el urribarrismo es lo mismo que el kirchnerismo a nivel nacional.

—En el relato, en lo que se intenta mostrar, es lo mismo. Pero ya lo dice el refrán: Dime de qué te jactas y te diré de qué adoleces. Hay una puesta en escena muy grande en este sentido. Urribarri es un hombre de muchos años en la política de esta provincia. Antes del kirchnerismo tuvo roles protagónicos como presidente de la Cámara de Diputados o ministro de Gobierno, entre otros cargos. Habrá entendido que era momento de apoyar al kirchnerismo como lo hace, y es legítimo. La crítica que yo le hago es que no se puede ceder tanto los recursos en manos del Estado federal, y menos en una provincia de rica tradición federal como es la nuestra.

—Él sostiene que la Nación practica el federalismo de recursos...

—No es verdad que vengan obras que reemplazan lo que nosotros cedemos a la Nación. Cuando yo veo que un intendente festeja el anuncio que hace un funcionario desde algún despacho en Buenos Aires, dándole financiamiento para 500 metros de cloacas o cinco cuadras de asfalto digo... pucha, se sabe lo que produce la región que este intendente representa. ¿Se sabe de los recursos que salen de la comunidad que tiene a cargo este intendente? ¿Puede ser que un funcionario que ni siquiera conoce el municipio sea el que determine cuál es la obra prioritaria? Tenemos que empezar una lucha más inteligente, madura y responsable para modificar el relacionamiento que tiene la Nación con las provincias, y ahí es donde Busti está trabajando, pero no solo en el futuro si Massa es presidente, sino también ahora.

—¿En sus recorridas alguien le pregunta qué será Busti si Massa gana, o si usted es gobernador?

—(Sonríe) Busti dice y muestra lo que hace. Disfruta de hacer lo que hizo toda su vida, de recorrer la provincia y estrecharle la mano a los entrerrianos... Lo hace en auto, parando en las estaciones de servicios, teniendo reuniones con los distintos sectores de la comunidad, explicando porqué juega este rol. Él no se va a vender como lo que no es porque tiene el peronismo incorporado desde toda su vida. No se dice que hoy es otra cosa por más que tengamos diferencias con el kirchnerismo. Él revaloriza el rol del militante porque acá nadie viene de un repollo y es necesario motivar la actividad militante en la política. Yo entiendo que hoy andar en política tiene muy poco prestigio social, si se lo mira de alguna manera, pero no se puede dejar todo siempre en las mismas manos y por eso estamos en esto, tratando de ser intérpretes de lo que nos demanda la sociedad.

—¿Con un alto nivel de críticas?

—La tarea es contrastar con lo que nos impregna el kirchnerismo -a nivel nacional o provincial- que quien no piensa parecido o ejerce una crítica es un enemigo y tiene ánimo destructivo. Yo me permito reconocer cosas que son buenas y si soy gobernador jamás pensaré en ir contra las cosas que se hicieron bien. Pero creo que hay una enorme tarea de ir por lo que falta o por lo que se está haciendo mal.

—¿Le pesó estar fuera del PJ en algún momento?

—Desde el corazón sí, pero yo no me siento menos peronista que otros que están dentro de la estructura partidaria. Hoy el PJ es el Frente Para la Victoria y ahí yo claramente no estoy. Veo la forma de ejercer la política de los que están en la estructura partidaria y creo que hay más peronismo de este lado que del otro, porque hay muchos que han perdido la sensibilidad social, la solidaridad, o la dedicación a la responsabilidad de gobierno como funcionarios y están enormemente alejados de la gente. Mi experiencia en la gestión pública son cuatro años al frente de Instituto Becario y otros cuatro como diputado nacional, y es verdad que estos lugares tienen un roce que le da a uno la posibilidad de aprender de temas que en otro lado hubiera sido imposible, pero estar en el llano, del lado de la gente, también da un enorme aprendizaje. Todavía me sorprendo la distancia que hay entre eslogan como Patria o Buitres, o la Década Ganada, y las necesidades concretas que hoy tienen los entrerrianos y los argentinos.

—¿Qué siente cuando se los nombra como peronismo de derecha?

—Si miro que el vicepresidente de esta Nación, elegido por la Presidenta, es Amado Boudou, me quedo mucho más tranquilo donde estoy. A Jorge Busti lo entiendo como ese militante que dejó hace ya siete años de ser gobernador de la provincia y la transita todos los días desde el llano. Tiene la hidalguía de reconocer que hay cosas que quedaron pendientes, pero fundamentalmente da la cara. Que nos vinculen con sectores de derecha o conservadores, la verdad que me resbala; y lo digo así porque sé lo que fueron las acciones de gobierno en tiempos en que era mucho más difícil reivindicar una política de derechos humanos o la memoria de los desaparecidos, y se lo hizo. Y si esa crítica viene de algunos personajes que están ahora en este gobierno; que se declama nacional, popular, de izquierda, y veo lo que fue su pasado, me quedo mucho más tranquilo todavía.

—¿Cómo vivió la ruptura entre Busti y Urribarri desde la cercanía de alguien que está en la política?

—Había asumido como diputado nacional en diciembre de 2007. El período de sesiones comenzó el 1º de marzo y el 11 se desató el conflicto con el campo. Ahí empecé a notar diferencias en el modo de entender la problemática. Yo había ido a hacer campaña a Tabossi, por ejemplo, donde en el medio de un trigal un productor rural pedía el voto para la Presidenta y para nosotros, y hablaba de la necesidad de que hubiera políticas para el sector productivo. Y a los tres meses me tocó estar en una reunión de bloque donde se decía que había que combatirlos por destituyentes, por avaros, por golpistas... yo decía, pucha nos estamos equivocando porque había pequeños y medianos productores que nos apoyaron, lo dije en el bloque y sin embargo nunca se entendió. Desde ahí las miradas comenzaron a ser más distantes entre lo que entendía Urribarri que era un alineamiento automático y los que entendíamos otros: que había un ataque a los sectores productivos de la provincia y a los intereses provinciales. En ese momento Busti abrió el diálogo con los sectores productivos desde la Cámara de Diputados de la Provincia y nos convocaba a los legisladores nacionales. No me arrepiento de lo que hicimos pese a que después nos tocó, como dice el Lole (Reutemman) ir a Siberia. Ahí empezó lo peor del kirchnerismo.

—No es esa la fecha de inicio de la década ganada, según lo entiende el oficialismo.

—Hay dos partes en esta historia. La primera no empezó en mayo de 2003 sino antes, tal vez con la llegada de Lavagna al Ministerio de Economía, en la que Argentina empezó a cimentarse en pilares más sólidos: superávit fiscal y en la balanza de pagos, inflación controlada y una política de acumulación de reservas que daba fortaleza a nuestra moneda. Todas esas cuestiones hicieron una parábola y hoy se han invertido. Tenemos déficit fiscal, una inflación anual proyectada en el 40%, un Banco Central que pierde reservas diariamente. Prometimos en 2007 que desde esos pilares iríamos, con más calidad institucional, por mayores logros; pero la verdad es que se ha deteriorado todo lo que se había conseguido desde 2002.

—Tal vez para muchos entrerrianos la pelea entre Busti y Urribarri se explique en el deseo de ambos de gobernar la provincia desde 2011.

-Creo que no. Esto que cuento fue apenas iniciada la gestión de Urribarri. Y si Busti hubiese tenido ese deseo hubiera hecho algo en 2008, cuando se reformó la Constitución provincial, por impedir la cláusula que habilitó la reelección del gobernador, que hasta ese momento no existía en la provincia. Me parece que hubo dos miradas distintas del país y un conflicto del que nadie podía estar exento. Urribarri eligió un camino en ir al 100% a decirle que sí al gobierno nacional, y hubo hombres como Busti o yo -que tenía alguna responsabilidad de gobierno en ese momento- que nos permitimos disentir con el kirchnerismo.

—¿No siendo Busti candidato demuestra que su motivación política no es el deseo de revancha que le adjudica el urribarrismo?

—Por supuesto. Busti tiene un enorme amor por su provincia, si no podría estar cómodamente sentado viendo qué sucede o en un lugar importante de la función pública doblegando un poco sus convicciones. Pero entendemos que hay un contexto internacional en el cual una buena gestión podría tener políticas que mejoren la calidad de vida de la gente. Con una gestión eficiente, austera, direccionada a la inversión social y promoviendo la educación, con los recursos que se tienen hoy, se podrían hacer grandes cosas.

—Es fácil decirlo, pero hacerlo...

Hubo gobiernos de Busti en los que con mucho menos plata se pudo tener una mirada sobre un sector olvidado como el de las amas de casa, y se diseñó una política pública que las ayudó; o sobre los estudiantes entrerrianos que no tenían la posibilidad de ir a estudiar afuera de la provincia y se diseñó un sistema becario. O en la segunda gestión, con fondos propios, se tomó la decisión de tener tres nuevos hospitales y estuvieron con fondos propios y se terminaron. Pero hoy existe otra mirada, según la cual todo tiene que venir de la Nación y nos dicen qué política social hay que tener, qué políticas para tener un hospital en Paraná o en Concordia, que cuantas veces tenemos que anunciarlo... hay una visión distinta.

—La mayoría de los funcionarios de Urribarri lo fueron de Busti. ¿Qué piensa de eso?

—Algunos tienen más apego al rol de funcionarios que a otra cosa, sin importarle cuál es la política que se los manda a ejecutar o quién los conduce. A mí me parece que la diferencia está en la conducción política. Sin ir más lejos, Busti era un gobernador que todas las semanas hacía una reunión de gabinete, se interesaba por las quejas que tenían los entrerrianos y trataba de tener políticas para los sectores que formulaban una demanda. Hoy veo, en esta legítima aspiración presidencial que tiene Urribarri, a funcionarios prácticamente sin conducción. Nadie sabe qué rumbo tomar, qué políticas hacer, con quién contactarse... No saben qué es lo que hacen otras áreas del gobierno... Hoy veo una ausencia de conducción y un estado de queja de la sociedad entrerriana que no pide otra cosa que un mejoramiento de las prestaciones esenciales que tiene a su cargo la Provincia.

 

Sobre narcotráfico y adicciones

“El primer proyecto de ley que presenté en el Congreso, en 2008, fue la creación de centros de tratamiento de drogadictos. Lo primero que me dijeron fue que no era necesario porque no existía tal problemática. Hoy veo un Estado ausente en las tres fases en que debe combatirse esto. Ausente en cuanto a campañas de prevención, ya que no se trabaja en concientizar al chico que no ha caído en la droga. Hay otra ausencia en la faz curativa de la rehabilitación porque el que es de familia de clase media o baja no tiene a dónde mandar a su chico a rehabilitarse. Y hay otra cuestión, en la faz represiva, del combate a los narcos, donde estamos perdiendo la batalla claramente, sin radarización de las fronteras, con pistas clandestinas y sin combate al lavado de dinero, que generalmente tiene que ver con recursos del narcotráfico”.

—¿Hay mayor tolerancia social sobre el tema?

—Hubo un mensaje equivocado del gobierno nacional. Cuando hablaba de los proyectos para que tengamos centros de rehabilitación era el reconocimiento a esa madre que te para y te dice “quiero hacer algo por mi hijo que está enfermo, que es adicto. Por favor hagan algo desde el Estado”. Y sin embargo la discusión -yo fui vicepresidente de la Comisión de Prevención de Adicciones en Diputados- era la legalización, que puede ser una discusión válida a la que yo no le disparo, pero me parece que es la última parte de la discusión. Hay que actuar en una política entre la Nación, las provincias y los municipios. Los municipios deben involucrarse en esto. Esa es otra tendencia de este nuevo tiempo.

 

La vuelta al pago

—Volver a trabajar al IAPV fue una decisión o no consiguió un lugar mejor donde trabajar?

—Yo luché mucho por ese lugar en la Tesorería del IAPV. Entré en el 95 con contrato de obra y en el 99 pasé a planta permanente, pero a los meses Sergio Montiel nos echó. Fui a la Comisión Evaluadora y tuve dictamen favorable, igual me echaron y volví luego de ganar un recurso judicial que el gobierno de Montiel llevó incluso hasta la Corte Suprema de Justicia. Hubo legisladores nacionales o provinciales que me ofrecieron adscribirme o llevarme a otro lugar. Pero me pareció que no correspondía. Terminé de diputado y al otro día me presenté a trabajar. Y me llena de orgullo haber sido recibido como lo fui por mis compañeros de trabajo.

—No parece que sea un mérito.

—(Se ríe) No. Me parece que es lo lógico. A mí me duele la generalización que existe de la dirigencia política, que son todos iguales, que todos están para salvarse y acomodar a su familia. La política es una cosa de hombres comunes y tenemos que actuar como tales.

—¿Le molesta hoy no haber llegado a la Intendencia de Viale?

—A mi pueblo lo adoro y es mi lugar en el mundo, pero me expuse como candidato y perdí. Hubo factores que quizás no me ayudaron como el arrastre, que en nuestros pueblos es muy fuerte. Pero no se termina la política si no te eligen para el cargo al que te postulaste. Creo que se hace política dialogando, estando con la gente y aprendiendo.

 

 

“Lo más grave es el colapso en Salud”

 

—Puntualmente, ¿qué critica de la gestión de gobierno?

—No hay políticas para los sectores productivos, pese a un contexto internacional muy favorable. Veo un gran deterioro grande en el nivel de aprendizaje de nuestros alumnos, en el marco de una caída muy fuerte de la escuela pública. Veo un colapso en cada pueblo que voy del estado hospital público. El otro día, en Concepción del Uruguay, una enfermera me dijo: “Estamos llegando en momentos determinados a usar gasa, lavarla, esterilizarla y reutilizarla. Cuando hay tanto despilfarro en cuestiones improductivas, son imperdonables estos faltantes en el hospital público.

—La estructura del Estado creció durante la presente gestión. ¿Plantea achicarla?

—No hablamos de achicar el Estado. Sí de recuperar el equilibrio presupuestario y tener nivelados los recursos con los gastos. Si el déficit que se cubre mes a mes emitiendo letras o pidiendo plata prestada, para nivelarlo tenemos que apuntar al gasto improductivo y al denominado gasto político. Hasta 2008 la Provincia funcionó con tres ministerios y hoy tiene 10. O se manejó con no más de 350 funcionarios políticos, y hoy tiene 880. Este año hubo una política de recomposición salarial para los trabajadores públicos del 25% de aumento en dos tramos, mientras que al funcionariado se le aumentó en promedio el 72% al reconocerle el código de la antigüedad. Lo primero es empezar por estos gestos. Con Busti nunca hubo más de cuatro o cinco autos en la Secretaría Privada, pero hoy hay 64 autos, y se gasta en helicóptero y en aviones. Los políticos son los primeros que deben dar un gesto cuando le van a pedir a la gente un esfuerzo para recuperar el equilibrio fiscal.

—Usted habla de la pérdida del equilibrio fiscal, pero la Provincia es de las que más aumentó la recaudación en los últimos años.

—Acá subieron los impuestos Inmobiliario Urbano y Rural, Automotor, Ingresos Brutos... la verdad es que no se le va a pedir a la Nación que cumpla por ejemplo con el déficit de la Caja de Jubilaciones, que está estipulado en 120 millones de pesos mensuales. Con nuestro equipo económico monitoreamos mes a mes el tema y nunca nos desmintió ningún funcionario cuando expresamos públicamente que durante la gestión de Sergio Urribarri a la Provincia no le han dado un peso por el déficit de la Caja de Jubilaciones. Nosotros proyectamos un déficit de 2.000 millones de pesos para 2014 y esto estaría cerca de cubrirse si la Nación cumpliera con lo que se acordó oportunamente.

 

 

 

 

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