Causa Ilarraz
Martes 24 de Abril de 2018

Una psicóloga aseguró que atiende a una nueva víctima de abuso de Ilarraz

La cuarta audiencia sumó ocho nuevos testigos, entre ellos se escuchó al cura Battello. Pese a saber de los abusos, prefirió no denunciarlos en la Justicia

El cura Gabriel Aurelio Battello ensayó una rápida retirada del edificio de Tribunales. No quería saber nada con hablar, mientras apuraba el paso después de escabullirse por una salida lateral. "¿Usted declaró en el juicio a Ilarraz?", lo interrogó UNO. El hombre respondió con un "sí" de compromiso. "¿Usted es sacerdote?". Ahí lanzó su primer "no". Cuando se le indagó sobre el contenido de su testimonio, su gesto de pocos amigos lo dijo todo. Battello se enteró de los abusos por boca de José Riquelme, uno los testigos-víctimas, pero no se lo contó a nadie ni tampoco lo denunció. Un hecho de tanta gravedad pasó a ser uno de sus secretos mejor guardados.

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El hecho se hizo público ayer en la cuarta jornada del juicio por abusos y por promoción a la corrupción de menores que enfrenta Justo Ilarraz. La víctima había contado esta situación en su declaración, por eso se decidió citar al sacerdote para el debate.
Quien está al borde del retiro de la vida sacerdotal era amigo de la familia del denunciante y había construido una relación con el joven en sus años de adolescente. Su padre formaba parte del coro de la Iglesia cuando Battello se desempeñaba como párroco. Tan estrecho era el vínculo que fue el cura quien acompañó al Seminario a la víctima cuando inició sus estudios.
"Esto demuestra cómo los sacerdotes de generaciones antiguas tenían como un tabú. Sino fijémonos quiénes son los curas que denunciaron esto, que son sacerdotes jóvenes, con nuevas ideas y adaptadas a lo que el papa Francisco pretende", interpretó una fuente con acceso al caso.

El calvario de una familia
La exmujer de una de las víctimas revivió en primera persona cómo aquellos años en el Seminario no solo afectaron psicológicamente a su expareja, sino que también llevaron a la ruptura de la relación. Evangelina Bártoli indicó, además, que pese a haber iniciado diferentes tratamientos no pudo superar aquellos episodios traumáticos. De esta forma confirmó que a pesar del paso del tiempo, los abusos siguen teniendo sus consecuencias en la salud emocional y física de las víctimas.

Investigarán otros delitos
"Fueron todos testimonios creíbles. Fue una buena jornada", resumió sobre el cuarto día, en diálogo con UNO, la querellante Victoria Halle. Al ser consultada por los diferentes testimonios y su valor para la hipótesis de la acusación, se refirió a la actitud del cura Gabriel Batello. "Dentro de lo moral es completamente cuestionable. Nosotros siempre entendemos que si uno escucha a un menor y existe la posibilidad al menos de haber sido abusado, se debe recurrir mínimamente a los padres y en segunda medida a la Justicia", reflexionó.
Sobre la posibilidad de que esto pueda interpretarse como un intento de encubrimiento explicó: "Estas hipótesis de encubrimiento son todas cuestiones que tenemos que investigar una vez que este juicio, concretamente contra el cura Ilarraz, termine. De acuerdo al resultado del juicio, cuáles sean las probanzas y qué haya valorado en el tribunal en la sentencia, podremos analizar la posibilidad de encubrimiento de la Iglesia".
"Todas las declaraciones han sido muy coincidentes", agregó Halle. Y con respecto a lo que aportaron los exbedeles, aseveró: "Por más que ellos no hayan visto alguna circunstancia, porque Ilarraz lo que hacía era reservar su conducta al espacio más íntimo, ellos relatan ciertas cuestiones sobre cómo eran los grupos, quienes eran y los chicos más cercanos al imputado".
La séptima víctima
Ayer también declaró la séptima víctima, DC, expuso los padecimientos que había sufrido y la información que conocía del resto de las víctimas. El muchacho reconoció cómo todo esto repercutió en su vida afectiva y la dificultad que tuvo para poder contarle a su familia, entre las consecuencias más palpables de la corrupción de menores.

La profesional reveló un nuevo caso de ultraje en el Seminario

La psicóloga Carmen Angélica Muñoz atendió a una de las víctimas de Ilarraz, pero a partir de su declaración se tomó conocimiento de la existencia de una nueva víctima, paciente suyo, y que le habría contado de los abusos sucedidos en el Seminario Nuestra Señora del Cenáculo, de Paraná. La querella le pidió que revele el nombre de la persona, pero la profesional se amparó en el secreto profesional. Esta situación será materia de análisis en los alegatos, pero quedó descartado que sea citado para prestar declaración indagatoria ya que el tribunal rechazó esta petición.
Al abordar el estado clínico de la víctima-denunciante aseveró: "Se sentía psicológicamente muy mal, culpable y tuve que trabajar durante muchos años el aspecto psicológico".

Más testigos
Ayer también se escuchó a los tres exbedeles Luis Alberto Bianchi, Pablo Leonel Santilli y José Carlos Barreto. En el caso del cura Bianchi dijo no saber nada de los abusos, pero que sí le llamó la atención la preferencia de Ilarraz hacia algunos seminaristas. También dio precisiones en relación a cómo estaban ubicadas las habitaciones, y describió dónde se encontraba la habitación de Ilarraz y las de los estudiantes.
En su testimonio, el cura José Barreto recordó su paso por África y que estando en ese continente le llegaron comentarios de algunos hechos vinculados a Ilarraz, pero no sabía con certeza qué tipos de hechos. Participó de la reunión del Decanato III y supo que Estanislao Karlic había reconocido los abusos. Otros de los exbedeles y hermano de una de las víctimas, sostuvo que su hermano le contó sobre los abusos.
Por último, testimonió el cura Alfredo Nicola.

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