Juicio abreviado
Miércoles 20 de Marzo de 2019

Por matar un hombre aceptó la misma pena que recibió su tío, quien asesinó a dos

Pablo Olivera firmó una pena de 11 años de prisión por un homicidio. Es el sobrino de Petaco Barrientos, condenado por un doble asesinato. Se pensó que el crimen del santafesino a la salida de un boliche en la zona del Thompson fue un ajuste por narcotráfico

En la Justicia entrerriana, el juicio abreviado ofrece un amplio margen a las negociaciones y los acuerdos: ayer Pablo Daniel Olivera acordó 11 años de prisión por matar a un hombre y herir a otro; la misma pena que cuatro años atrás aceptó su tío, Gustavo Petaco Barrientos, por asesinar a dos personas.

Olivera, más conocido como Pela, tiene 23 años. El 9 de marzo del año pasado discutió con dos santafesinos en un boliche en la zona del Thompson y a la salida los acribilló a tiros, probablemente por otros asuntos que excedían al entredicho previo. Emiliano Rodríguez murió en seguida y Leandro Coria fue herido en las piernas. Este sobreviviente identificó al autor de los disparos. El joven del barrio Municipal y del riñón de la Barra Fuerte de Patronato, fue detenido ese mismo día. Con numerosas pruebas en su contra, marchó hacia una condena.

Unas horas antes del hecho sangriento, habían tiroteado el frente de la casa del entonces vicepresidente de Patronato, Nelson Rolandelli. La pericia balística fue contundente al afirmar que la misma pistola fue utilizada en ambos hechos, pero no alcanzó esta sola prueba para imputar a Olivera por ese atentado.

Ayer se presentó ante el Tribunal presidido por Gervasio Labriola el acuerdo al que arribaron la Fiscalía y el imputado, defendido por Corina Beisel. Por los delitos de Homicidio simple y Tentativa de homicidio pactaron los 11 años de encierro, y además el compromiso (y la necesidad) de Olivera de hacer un tratamiento por su adicción a las drogas, a las que tiene fácil acceso en la cárcel. La semana próxima, el magistrado dará a conocer si homologa el acuerdo.

Barrientos, líder de la Barra Fuerte, había sido condenado en un juicio abreviado en abril de 2015, a 11 años de prisión por el doble homicidio ocurrido en noviembre de 2012 en el barrio Paraná XX, un hecho criminal que fue asociado al ambiente narco. Está alojado en el penal federal de resistencia (Chaco) y en breve comenzará con las salidas socio laborales y familiares. Su cuñado es Roberto Freddy Olivera, preso por intento de homicidio, quien era su mano derecha para los negocios dentro y fuera de la tribuna del estadio Grella. Este es el padre de Pablo, y también de Gustavo Gatito Olivera, quien cumple una condena por el asesinato de un joven en el barrio Lomas del Mirador.

Pese a las amplias sospechas sobre la actividad narco que desarrollaba esta banda desde el barrio Municipal, tanto los mencionados como varios más están presos por delitos relacionados a la violencia que desataron desde aproximadamente 2011, condenados por la Justicia provincial, lo que llevó cierta tranquilidad a aquel sector de la zona este de Paraná.

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Altercado y balacera
Según pudieron reconstruir los investigadores de la Policía, los santafesinos Emiliano Rodríguez y Leandro Coria nunca escatimaban en gastos a la hora de salir a un bar o un boliche. Sus cuentas no bajaban de los 15.000 pesos, entre champaña y otros consumos. Eran habituales en locales de Paraná, como al que llegaron aquella la madrugada, en la zona del balneario Thompson. En el boliche Bravard se encontraron con dos jóvenes paranaenses con quienes mantuvieron una discusión que, poco después, terminaría en la muerte a balazos de Rodríguez y lesiones de Coria.

En principio, se dijo que habría sido una discusión por un entredicho en el bar, luego de un choque de cuerpos, pero los personajes implicados y las circunstancias del hecho ponen en duda esa versión. A las 6.30, los santafesinos decidieron retirarse, pero no llegaron al auto Chevrolet Onix que tenían estacionado a unos 40 metros del boliche. Poco antes, los dos jóvenes los alcanzaron y les efectuaron varios disparos con una pistola calibre 9 milímetros. Rodríguez recibió tres impactos en la zona abdominal, que le ocasionaron la muerte unos minutos después.

Coria fue herido en las piernas, pero sobrevivió y a la tarde fue dado de alta. Tras declarar como testigo, viajó a Santa Fe. La hipótesis del ajuste de cuentas por cuestiones del ambiente narco decantó en seguida, pero nada certero lo confirmó como el móvil del asesinato. En la requisa del auto de las víctimas secuestraron casi 20.000 pesos, y se constató que no tenían armas de fuego ni tampoco había en el vehículo.

La División Homicidios reunió algunos testimonios y otras evidencias, como las imágenes de las cámaras del boliche, y apuntaron en seguida contra dos personajes muy conocidos del ambiente delictivo y, en particular, de la barra de Patronato. Coria pudo nombrar solo a Pablo Olivera, quien fue detenido poco después en una vivienda del barrio Municipal.
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Una pistola, dos ataques
Seis horas antes del ataque mortal, se había producido el tiroteo contra la vivienda del exdirigente de Patronato. A las 0.30 Rolandelli estaba cenando y una ráfaga de detonaciones de un arma de fuego alertó a todo el barrio Aatra. Cuando el hombre salió a la vereda vio que en el frente, tanto en la pared como en el portón, había impactos de balas. Llamó al 911 y Criminalística peritó la escena.

Se constataron 10 disparos, se levantaron vainas servidas de un arma calibre 9 milímetros así como proyectiles. No hubo testigos ni indicio alguno que permitiera identificar a los autores, aunque muchos pensaron en la barra de Patronato. Es que al día siguiente se iba a jugar el partido contra River en el Grella y, tal como sucedía en la previa de cada encuentro de relevancia, se auguraban aprietes por entradas y otros negocios que durante tanto tiempo le han concedido a los violentos de la Barra Fuerte.

El microscopio de Criminalísitica confirmó las sospechas: fue la misma pistola utilizada en ambos hechos criminales, pero ante la falta de mayores evidencias, Olivera no fue acusado de este hecho. Hubo una reunión de dirigentes con el procurador general Jorge García, quien les puso a disposición lo necesario para ir a fondo contra los barras. Unos días después, Rolandelli decidió renunciar a su cargo.

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