Jueves 04 de Septiembre de 2014
Hace tres meses Guadalupe Comas junto a su marido Carlos y sus 10 hijos de entre 7 y 22 años se mudaron a un departamento en el sector 2 manzana 2 del barrio Paraná XX de la capital entrerriana. A los pocos días tuvieron un cruce verbal con un vecino, de profesión policía, porque un caño roto de su vivienda afectaba la unidad habitacional ubicada en el piso de abajo. De ahí en más, el conflicto fue creciendo y terminó con órdenes de restricción y allanamientos.
El viernes 29, según el relato de Comas, sale a la puerta sorprendida por los gritos de uno de sus hijos, el de 8 años, y advirtió que su vecino lo estaba insultando mientras el hijo del mismo y un grupo de amigos intentaban agredirlo físicamente.
“Este hombre lo acusa de haberle robado su perro –un caniche toy–, yo le grité desesperada que mi hijo había pasado el día en la casa de su abuela, que era imposible que le haya robado nada, pero no entendió razones. Por eso, y como me amenazó con matarme a mí y a mis hijos, hice una presentación en Fiscalía y logré una orden de restricción para que él no se acerque a mi domicilio”, relató la mujer a UNO.
Continuó diciendo que: “El domingo pasado vinieron a allanarme la casa y en la orden decía que era en busca de armas y cartuchos. Pregunté en el Juzgado N°5 y la denuncia era de este policía”, aseguró la consultada.
Comas se mostró desesperada por la situación: “Mi hijo tiene 8 años y los que les querían pegar, más de 20. Si no salía a defenderlo, no sé qué hubiese pasado. Ahora está aterrado, no quiere salir ni a la puerta de casa”.
Dijo además que constantemente les arrojan piedras a la casa. “No nos dejan vivir en paz. Mis hijos van a la escuela de 7 a 17 y yo trabajo, no molestamos a nadie. Cuando surgió el problema del caño roto, mi marido no se negó a pagarlo, le dijo que espere hasta que cobremos el sueldo”, explicó Comas.