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"Me ofrecieron matar a un policía preso para mejorar mi situación de detención"

Lo aseguró Ricardo Albertengo, preso en Rosario y en espera de un juicio por el crimen de un oficial. Dijo que la oferta se la hizo un subalcaide.

Sábado 13 de Abril de 2019

El nombre de Ricardo Albertengo no pasa desapercibido en la historia delictiva de Rosario. Es un hombre templado a las rejas ya que pasó 29 de sus 52 años privado de la libertad. La semana pasada debía comenzar un juicio oral y público en el que la Fiscalía pediría para él la pena de prisión perpetua acusado, entre otros delitos, de matar a balazos al policía Mauro Mansilla el 16 de marzo de 2016 en Corrientes al 300 de Rosario. Pero en el entremés de su juicio, Albertengo ratificó una denuncia ante la Unidad Fiscal de Violencia Institucional que parece una novela o un hecho de gravedad y connotaciones imprevisibles.
Albertengo ratificó ante la mencionada Fiscalía la denuncia que había realizado en su nombre su concubina el pasado 29 de marzo pasado. Explicó que un subalcaide de la cárcel de Piñero le había ofrecido mejorar sus condiciones de detención a cambio de que asesinara al ex sargento de la policía santafesina Oscar "Cabezón" Baigoría, procesado como miembro de una banda narco que tiene al rosarino Luis Paz, padre del asesinado Martín "Fantasma" Paz, como organizador y jefe. El preso contó de manera pormenorizada cómo fue la oferta y de que manera debía ejecutar el encargo. Hasta describió a pie puntillas qué arma debía emplear: un "caza ballenas", como en los pabellones se denomina a una faca anexada a un palo, a manera de arpón. Una temible arma blanca de largo alcance en la esgrima carcelaria.
El 29 de marzo Albertengo y Baigoría compartían el mismo pabellón en el penal del Gran Rosario. El denominado pabellón de resguardo del modulo B. Algo inconcebible: un preso acusado de matar a un policía en el mismo sector de detención que un exsargento de la santafesina procesado en una resonante causa por narcotráfico. Allí estuvieron desde mediados de febrero hasta que la denuncia de la mujer de Albertengo motivó que Baigoría fuera trasladado con carácter urgente a una cárcel federal de Salta.
A nadie escapa en el mundo carcelario que Albertengo es un preso con más herramientas que la media. Lo que en el mundo del policial se define como un "hábil declarante" aunque no esté entre los reclusos de "alto perfil". "La realidad indica que la tan mentada resocialización no es más que una mascarada y una farsa. Porque no hay acompañamiento del Estado, eso queda librado al apoyo familiar si tenés la suerte de tenerlo. Por más que figuren secretarías y patronatos, son meros cumplimientos administrativos que no te sirven de nada. El día que pasás la puerta de una unidad penitenciaria, que alguien te palmee la espalda y te diga: «Vos sabés lo que tenés que hacer para no volver», no alcanza para que no incurras en un nuevo delito. Ese consejo no recupera los vínculos perdidos. No te equipara a diez años de avances, al vértigo de la calle, a las nuevas tecnologías", explicó Albertengo en una entrevista a La Capital publicada el domingo 6 de marzo de 2011.
Albertengo está preso desde muy joven y recorrió todos los penales santafesinos. En abril de 1994 ya había pagado una condena en la cárcel de Coronda cuando protagonizó una toma de rehenes en un bar del centro, donde un cliente de 25 años murió de un disparo en medio de la negociación con la policía. Lo condenaron a perpetua y luego le rebajaron la pena y logró la libertad. En octubre de 2009 se produjo su resonante caída en el asalto con privación de la libertad de rehenes en una clínica de bulevar Oroño al 700. Por eso fue condenado a 17 años de prisión que, sumada a una pena anterior, trepó a 37 años de encierro. El entonces defensor general de la provincia, Gabriel Ganón, presentó ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos un recurso para que esa pena fuera revisada. Un pedido sin resolución hasta el presente.
Ya en 2015, el 11 de mayo, una jueza de Ejecución Penal le otorgó salidas transitorias bajo la compañía de tres efectivos del Servicio Penitenciario. Un mes mas tarde le extendió ese beneficio para salir con un tercero responsable que, en ese caso, fue su pareja. El 8 de julio de ese año Albertengo no regresó a la cárcel y la jueza de Ejecución le dictó una orden de detención al considerarlo prófugo.
Nada se supo de él hasta la tarde del 16 de marzo de 2016. Ese día la vida de Albertengo quedó plasmada en la tapa de todos los diarios. Una pareja que había sufrido un asaltó en su comercio de Buenos Aires al 900, lo vio caminando por calle Corrientes y Urquiza. Ante eso le dio aviso a un policía que cubría una custodia en la Asociación Empleados de Comercio de Corrientes al 400 que lo persiguió. En su huida Albertengo ingresó a un instituto ubicado en la misma calle, pero a la altura del 300 y el agente Mauro Mansilla lo hizo detrás de él. Cuando estaba en el descanso de la escalera de acceso, el oficial recibió tres balazos y cayó muerto. Cuatro días mas tarde, Albertengo fue hasta el portón de la cárcel de Ricchieri y Zeballos y se entregó. Por ese periplo delictivo espera ser juzgado.
Su contraparte en este lío es Edgardo Oscar "Cabezón" Baigoría, de 47 años, expolicía procesado por el juez federal de Santa Fe Francisco Miño como "organizador de actividades ilícitas de comercialización y transporte de estupefacientes, cuyo principio de ejecución fue anterior a diciembre del 2015 y que fueron extensivas hasta el 4 de abril del 2018". Según los argumentos del fiscal federal santafesino Walter Rodríguez, Baigoría (hermano de un ex jefe de Drogas de la Policía de Santa Fe) lideraba una banda en sociedad con Emanuel González, de 31 años e hijo de la pareja de Luis Paz, empresario rosarino apresado el pasado 10 de diciembre y padre de Martín "Fantasma" Paz, asesinado a balazos por un sicario el 8 de septiembre de 2012 en Entre Ríos y 27 de Febrero. La investigación de su crimen dio paso a la pesquisa que puso tras las rejas al núcleo duro de la banda de Los Monos.

Juntos es peligroso
Albertengo y Baigoría llegaron al pabellón de resguardo del modulo B de la cárcel de Piñero por distintos motivos casi al mismo tiempo. Albertengo, por problemas de convivencia en el pabellón 26, en el que se encuentra alojado Ramón Machuca, conocido como "Monchi Cantero", uno de los líderes de la banda de Los Monos. Baigoría, por su parte, debido a que le habían encontrado un celular en una requisa del pabellón donde se alojan mayoritariamente policías. Si bien no estaban solos en el lugar de encierro ni en la misma celda, convivían en el mismo pabellón.
En ese contexto, el 28 de marzo Albertengo le envió una carta de puño y letra a un periodista radial denunciando a grandes rasgos lo que explicó como un complot para matar a Baigoría. "El Servicio Penitenciario de la mano de un subalcaide me ofreció matar a un policía detenido a cambio de cambiarme de sector", escribió Albertengo en una hoja de cuaderno. Al día siguiente su concubina se presentó ante la Fiscalía de Violencia Institucional a cargo de Karina Bartocci y Paola Aguirre y plasmó esos dichos en una denuncia.
Desde la Fiscalía Regional se confirmó que la denuncia fue presentada y que los datos aportados están siendo "evaluados" por las fiscales para "determinar si hay elementos concretos para darle curso a la investigación". Y se agregó: "Se tomaron medidas sobre algunos datos aportados en la denuncia, que están en reserva". Una de esas medidas fue tomarle declaración a Albertengo quien, minutos después de la suspensión de su juicio por razones de salud, explicó el jueves pasado el mediodía detalladamente a las fiscales quién le hizo la oferta, a cambió de qué beneficio, con qué arma debía actuar y los motivos que marcaban la condena a muerte de Baigoría.
Albertengo contó que un sub alcaide le hizo la oferta y que le dijo que construyera el "caza ballenas" para atacar al policía. "Usted es un preso viejo y sabe cómo hacer estas cosas", explicó Albertengo que le dijo su interlocutor. "A nadie le conviene que Baigoría hable", sentenció el emisario según el relato del preso. Albertengo también contó que días más tarde de la propuesta un celador le dejó por el pasa platos de su celda una faca, pero no se animó a tocarla "por miedo" a que con sus huellas lo pudieran incriminar en alguna muerte.
Una de las medidas que habrían solicitado las fiscales estaría vinculada a las grabaciones de las cámaras de videovigilancia del pabellón de resguardo para cotejar los dichos de Albertengo con las filmaciones. Una fuente extraoficial dejó trascender que las cámaras en cuestión, casualmente, "estaban dañadas".
Un refrán popular dice que "no hay que creer en las brujas, pero que las hay, las hay". Los dichos de Albertengo hicieron el ruido suficiente como para que desde el Ministerio de Seguridad de la provincia se contactaran con la Justicia Federal de la ciudad de Santa Fe a disposición de la cual está Baigoría. De allí partió la orden de que el ex policía fuera sacado de la cárcel de Piñero inmediatamente. Pocas horas después de la primera denuncia de Albertengo, el "Cabezón" fue trasladado al Complejo Penitenciario Federal III, ubicado en la provincia de Salta.
"Albertengo y Baigoría fueron llevados al mismo pabellón de resguardo por decisión del Servicio Penitenciario santafesino. Es una irregularidad muy grande. Albertengo está imputado por haber matado a un policía y los miembros de fuerzas de seguridad no comparten el lugar de encierro con la población carcelaria común. Están en módulos especiales. Pero en este caso ambos convivieron en el mismo pabellón", explicó la defensora de Albertengo, Maricel Palaiso.   

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