Policiales
Domingo 25 de Marzo de 2018

La marca "imborrable" de la toma de rehenes en La Casa del Oxígeno

Los recuerdos de protagonistas y testigos de aquella mañana angustiante en calle Maciá, que tuvo en vilo a los paranaenses

Este otoño comenzó como un día más de trabajo en el tradicional comercio de calle Maciá y Tratado del Pilar. Nadie recordaba la efemé- ride del episodio más horrible que vivieron sus empleados y dueños, pero no por eso el hecho quedó en el olvido. Al contrario, algunas víctimas prefieren no hablar para no revivir las horas que no sabían si saldrían con vida del local, aunque siempre lo tengan presente. "Es imborrable", sintetizó Susana, la dueña de La Casa del Oxígeno, sobre el ruido incesante de la carga de tubos, en el negocio ubicado frente al ex-Hipódromo.

Allí hubo algunas cosas que cambiaron y otras no tanto: hay muebles y exhibidores de herramientas en distintos lugar, ya no está el histórico cartel que una tormenta de viento derribó el año pasado, pero el reloj cuadrado de un marca de discos diamantados sigue empotrado en una pared lateral. El mismo que el miércoles 21 de marzo de 2007 marcaba las 8.30 cuando dos sujetos armados entraron a punta de pistola para llevarse los pesos de la caja registradora. La ficción nos trajo recientemente la historia de un asalto con toma de rehenes en la fábrica de billetes en España, un plan pergeñado durante años por un cerebro, con amoríos de por medio. Por más que lo intente, ya se ha dicho, será aplastada por la realidad: una década antes, dos jóvenes con un 38 en busca de algo de dinero rápido, y un patrullero que llegó antes de lo previsto, provocaron durante cinco horas en La Casa del Oxígeno, más angustia, miedo, zozobra, tensión y suspenso que las dos temporadas de La Casa de Papel. Incluso, más misterio: nunca se supo quién se llevó los 1.600 pesos, aproximadamente, que había en la caja de la capital provincial.


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Entraron al comercio con un grito de "esto es un asalto, todos al piso". Susana llegaba y antes de entrar fue advertida por un empleado que salía por una puerta lateral. Corrieron hasta la esquina y llamaron a la Policía. Personal del Comando y de la comisaría 10ª que estaban cerca llegaron en seguida y lo asaltantes se atrincheraron con cuatro empleados y dos clientes, trabajadores de la ex-Coceramic. Las negociaciones tuvieron avances y retrocesos, momentos de calma y de tensión, con el marco de un centenar de policías, varios móviles, ambulancias, un helicóptero, francotiradores y la muchedumbre de vecinos expectante. Antes de las 13, los cautivos estaban con sus familias y Rodríguez y Vallejos en Alcaidía. "¿Qué se me viene a la mente? Es imborrable, lo tenemos todos en el recuerdo. Es más, los chicos que estuvieron adentro no querían ni hablar del tema. Hay uno que ya se fue. No se lo olvidaron más. No se quieren acordar, y aparte están muy expuestos.

Ya quedás con ese miedo. Los que estuvieron adentro la pasaron bastante mal", cuenta Susana. "Yo lo viví todo desde afuera -recordó-, porque estaba cruzando la calle y uno de los empleados estaba por la rampa, y me dice 'vamos para la esquina que entraron dos con un revólver'. Fuimos y llamamos a la Policía. Era bastante feo porque lo que pasa es que acá hay tubos que si bien no son muy explosivos, hay que tener cierto recaudo, es un peligro, y muchas veces la gente de afuera no tiene noción". Luego de ese día, no fue lo mismo ir a trabajar: "Los días posteriores fueron de mucha tensión, con desconfianza, hasta ahora porque ya te queda, aparte porque no fue la primera vez que nos han robado, esa fue la peor. Yo me quedaba de noche trabajando y una vez entraron dos con pistolas. Y desanimados, hasta que después vas tomando devuelta confianza.

Ese día se hizo eterno porque buscaban las armas, desarmaron el inodoro y encontraron las cachas. Los días siguientes fueron de acomodar, limpiar, a los días se encontró un pasamontañas, vinieron devuelta los policías". Tiempo después, cuando los ladrones recuperaron la libertad, volvía el temor: "Los chicos los conocían, venían y les hacían burlas", dijo la dueña. "No te podés olvidar, y siempre hay alguien que dice 'ahh ustedes son del caso de los rehenes', pero bueno, hay que seguir trabajando", concluyó Susana. Negociar vidas "Fue mi primer hecho de relevancia", recuerda Claudio González. El comisario que hoy es subdirector de Operaciones y Seguridad de la Policía provincia, era en ese entonces integrante del COE (Cuerpo de Operaciones Especiales), capacitado en negociación y mediación. Correr ha sido para González la descarga del estrés de tener en sus manos la vida de otros. Una tarde pasaba por un puesto de verduras de Ramírez y Maciá y escuchó: "Ahí va el negociador".

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Se da vuelta y era Tachuela. "¡Chau!", respondió y siguió. Ninguno se olvidó del interlocutor de aquella mañana de 2007. El policía estaba cuidando a una familiar recién operada, cuando se enteró por los medios lo que sucedía en La Casa del Oxígeno. "Es como que querés estar y no estar. Porque una cosa es lo que podés estudiar o las experiencias que te puedan contar, y otra es estar ahí, el canjear una vida", reflexiona, 11 años después. "Caí en mi auto particular. Recién habían llegado los móviles policiales. Había diez mil campanas de lo sucedido, en los primeros momentos todos dicen de todo, un vecino que los vio desde el colectivo que pasaba, que habían entrado al negocio y que tenían armas, avisó al Comando. Me fui acercando, viendo cómo armar el esquema de trabajo, cómo tomar contacto, hasta que me paro en una columna de cemento bien enfrente. Arriba de la puerta de la Casa del Oxígeno había un policía que me hacía seña con las manos para cortarle la luz, pero le dije no", recuerda. Hasta que logró el primer contacto: "Salió con el rostro cubierto el más chico, porque Tachuela lo manejaba y no se exponía. Se asomaba a la puerta de vidrio con un rehén y un arma.


Que quería salir, que quería un auto. A medida que fui tomando confianza me acerqué a la puerta. Se fue negociando, que entregaran las armas, que se les iba a dar un tratamiento dentro de la unidad carcelaria. El contacto fue La marca "imborrable" de la toma de rehenes en La Casa del Oxígeno Asalto. La dueña del comercio y el comisario que negoció con los ladrones hablaron, 11 años después José Amado jamado@uno.com.ar por una puerta lateral, sale y el delincuente me dice 'no te acerqués y lo que te pido, vos cumplilo', y me apunta. Yo cuando hago esa negociación no llevo armas ni chaleco, para darles confianza, y lo voy a hacer cuando vea que el otro me lo permite. La distancia me la puso apuntándome. Habían pedido un auto también, se les dijo que lo íbamos a conseguir, nunca que se les iba a dar", relató González. Luego fueron llegando las autoridades: "Fue el subjefe de Policía, porque el jefe estaba en Canadá, y el secretario de Seguridad. Porque los asaltantes fueron a cometer un robo, se encontraron con la sorpresa de que llegó un móvil policial, y ahí se configuró la toma de rehenes.

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Ahí había solventes, elementos combustibles, no se percataron de todo eso. Se aferraron a los rehenes y al arma. En el análisis del potencial que tenían, llegó gente de explosivos, de Enersa, el helicóptero. Se analizaba cortar el suministro eléctrico, pero una red daba un hospital, había que tomar una decisión política. En definitiva no se cortó la luz. Y llegó el abogado (Marcos) Rodríguez Allende, que fue la garantía que se ponía de por medio, ellos lo pidieron". Un momento de mucha tensión fue en el intento de huida de los ladrones: "Sale por la puerta de vidrio, y me dice 'vamos a salir, le voy a poner a los rehenes una cadena en el cuello y vamos a salir. Vos hacé lo que quieras, y si tenemos que tirar vamos a tirar'.





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