Policiales
Jueves 03 de Mayo de 2018

Irá preso ocho años y medio por intentar matar y robarle a un anciano en su bar

Sebastián Molaro acordó la pena por el violento ataque a José Ángel Basso, de 88 años, en su negocio de Pueblo Moreno (Cerrito), a fines de 2016

Con una dura condena de cárcel, se dará fin en la Justicia a un violento episodio ocurrido a fines de 2016, que pocos aún logran entender, pero sus consecuencias se siguen sufriendo.

José Ángel Basso ya había cerrado su bar ubicado en Pueblo Moreno, un pequeño poblado ubicado cerca de Cerrito, pero hacia el otro lado de la ruta nacional 12. A las 23 le tocó la puerta Sebastián Molaro, porque le decía que quería comprar cigarrillos. El hombre lo conocía al joven desde chiquito, no había motivos para no abrirle la puerta. Además, un rato antes había estado en el negocio tomando algo con otros muchachos. Pero cuando el hombre de 88 años lo hizo pasar y dio media vuelta hacia el mostrador, recibió un golpe que lo derribó. Fue el inicio de minutos de terror, de los que logró sobrevivir de milagro.

Ayer por la mañana se presentó un acuerdo de juicio abreviado, donde Molaro confesó el ataque y el robo contra Basso, y aceptó cumplir ocho años y medio de prisión efectiva.

La fiscal Evangelina Santana informó sobre el hecho demostrado con numerosas pruebas, con el consenso de los defensores oficiales Jorge Sueldo y Jorge Balbuena.

Se pudo establecer que aquella noche, como tantas otras, Molaro había estado en el bar hasta alrededor de las 22.30. Poco después regresó con la excusa de comprar cigarrillos, le dio 100 pesos a Basso, y cuando el anciano se dirigía hacia la caja le pegó con una banqueta de madera en la cabeza. Le exigía que le entregara todo el dinero, la víctima le dio lo que tenía en la caja, pero el agresor continuó con el reclamo y también con los golpes de puño y patadas.

Lo llevó hasta un escritorio donde el hombre guardaba dinero bajo llave, lo obligó a abrirlo y se apoderó de un total de 8.000 pesos. "Hasta matarte no voy a parar", le decía Molaro y continuaba con la exigencia de dinero. Hasta que en un momento, Basso cayó al piso y quedó totalmente inmovilizado. En parte por la golpiza, y en parte para hacerse el muerto con el fin de que el agresor se fuera. Finalmente Molaro se fue con el dinero, convencido de que el hombre ya estaba muerto.

Pero Basso se levantó y llamó a la Policía. Cuando llegaron los uniformados, indicó quién había sido el delincuente y aportó datos de su vestimenta. Luego la víctima quedó internada en el hospital de Cerrito varios días.

Seis horas después, Molaro fue hallado en medio de un campo sembrado de sorgo en Colonia Rivadavia (a unos seis kilómetros del lugar del hecho), y tenía en su poder 6.500 pesos.

No solo el señalamiento de Basso lo incriminó, sino las demás pruebas objetivas que se reunieron en la investigación, como las pericias del Servicio de Genética Forense sobre las prendas del acusado, donde se hallaron rastros compatibles en un alto porcentaje con el patrón genético de la víctima.

Para la fiscal, Molaro decidió matar a Basso como una decisión espontánea repentina, no premeditada, y creyendo que había logrado ese fin se retiró con su botín. El anciano no murió por causas totalmente ajenas a la voluntad del imputado. Por esto, consideró que el delito por el cual corresponde condenar es el Homicidio en grado de tentativa en ocasión de robo.

Como atenuantes se tuvo en cuenta la situación socioeconómica de Molaro y su nivel de instrucción, que solo alcanzó el Primario. Y como agravantes muchos aspectos más: aprovecharse de la confianza que tenía la víctima con él, ya que lo conocía de toda la vida, que le abrió las puertas de su casa, la hora del suceso, la edad de la víctima que tenía 88 años y las consecuencias en la salud de Basso, quien quedó con lesiones graves según surge del informe del médico forense, el cual concluyó que ha perdido la visión de un ojo y le causó una enfermedad mental incurable por estrés postraumático.

El tribunal integrado por gervasio Labriola (presidente), José María Chemez y Alejandro Grippo, interrogó a Molaro por el hecho, quien dijo que sí lo reconocía y aceptaba cumplir la pena mencionada. Los jueces analizarán el legajo y el 7 dictarán la sentencia.

Cabe recordar que el imputado es primo de Adrián Molaro, el joven que causó el hecho de mayor conmoción que recuerde la historia de Cerrito: el asesinato a balazos de Alexis Céparo, de repercusión nacional, el 21 de enero de 2012, por el cual fue condenado a 22 años de prisión. Casi cinco años después, el mismo apellido volvió a causar consternación por el ataque salvaje recibido por un hombre indefenso.

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