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Insultos y corridas en el juicio por el crimen de madre e hija

Adrián Ávalos es juzgado por golpear y quemar a su esposa y la hija en 2011 en barrio Humito. En la primera jornada del debate, los familiares de las víctimas expresaron su bronca con el hombre.

Sábado 24 de Noviembre de 2012

Fue difícil contener el odio y la bronca por el crimen de Vanina Marisol Hemmerling, de 33 años, y su hija Adriana Cetáu, de 17, quien estaba embarazada de tres meses. Sus familiares y amigos estallaron al ver de frente a Adrián Ávalos, el acusado de golpearlas, encerrarlas en la casa del barrio Humito y prenderlas fuego. “¡Asesino!” fue lo menos que le gritaron cuando dos policías lo entraban esposado al salón de audiencias de Tribunales. Luego ingresaron los jueces, que dieron comienzo al juicio y los ánimos se calmaron por unos minutos.
 

Ávalos fue identificado por el tribunal, dijo que tiene 29 años, que siempre vivió en Paraná, que hizo hasta 2º año del Secundario y que cuenta con los antecedentes penales de una condena por abuso sexual con acceso carnal y por violación de domicilio, a nueve años y ocho meses de prisión.
 

Además, el imputado pidió no presenciar las jornadas del juicio en las que se reconstruirá el dramático hecho y se producirán las pruebas testimoniales. Los jueces le concedieron el pedido, pero deberá estar el día de los alegatos. Fue entonces cuando se paró, los policías lo esposaron y cuando lo llevaban a la Alcaidía los familiares de las víctimas volvieron a insultarlo e intentaron pegarle. Se produjeron corridas, gritos y llantos en los pasillos de Tribunales hasta que lo bajaron al subsuelo para trasladarlo luego a la Unidad Penal.

Nadie imaginó ese final
El primer y más conmovedor testimonio fue el de la madre de Vanina Hemmerling, Silvia Manrique. La mujer trató de vencer el llanto para contar que aquel 8 de agosto por la mañana, alrededor de las 8.15, vio salir a Ávalos de la casa en la que vivía con Vanina, a unos 30 metros de la suya, con solo una cerca de por medio. Esto le llamó la atención, porque habitualmente salía más temprano para ir a trabajar.
 

Luego la mujer fue al supermercado, y cuando volvió ya eran como las 10. Se sentó en el patio de la casa a tomar unos mates con su hijo Cristian Jesús, cuando vieron que detrás de la casa de Vanina salía humo. Creyeron que era basura que se quemaba, pero al acercarse observaron que el humo salía del interior. Comenzaron las corridas para buscar agua y los pedidos de ayuda a familiares y vecinos, pero siempre pensando que lo único que corría riesgo era la casa: “Nunca pensé que podían estar ahí”, dijo Silvia, y nadie lo creía porque la puerta estaba cerrada con candado desde afuera.
 

Cristian pateó una ventana para entrar a la casa, Ángel Acosta, pescador, hermano de Silvia, cortó la cadena de la puerta con una tenaza. Luego se escuchó un grito y se confirmó la tragedia: “¡Están ahí!”. Madre e hija estaban sin vida, acostadas en una cama con un colchón encima ardiendo.
 

Más tarde llegaron los bomberos, la Policía y crecieron las sospechas contra Ávalos. Dos hermanas de Vanina lo llamaron por teléfono, y el hombre dijo estar en la ciudad de La Paz y que ya regresaba a Paraná. Pero a las jóvenes les sorprendió que Ávalos no se mostró preocupado por la grave noticia.

Una contradicción y las pericias
También declaró en el juicio Abel Albertini, el joven que era el novio de Adriana, a quien conoció en la escuela. Recordó haber conocido a Ávalos el día que fue a la casa a pedirle la mano de Adriana, y que no le simpatizaba porque lo miraba con cara nada amistosa. La noche anterior al crimen, Abel invitó a Adriana a dormir a su casa, pero la joven se puso nerviosa, le temblaban los brazos, y con los ojos lagrimosos le dijo que no, porque Ávalos no la dejaría.


La única testigo citada por la defensa de Ávalos fue Ana María Canavides, vecina de Humito, quien declaró que la mañana del hecho vio al acusado salir del barrio a las 6.30 o 6.40, cuando ella acompañaba a su hijo a tomar el colectivo para ir a la escuela. Además, dijo que no lo vio regresar. Esta versión no coincide con la de Silvia Manrique, que lo vio salir de la casa una hora después.


El jefe de los Bomberos Zapadores de la Policía provincial y licenciado en Sistemas de Protección Contra Incendios, Roberto Borré, explicó y desarrolló su informe sobre las pericias en el lugar del hecho. Confirmó la intencionalidad del origen del fuego, y que el mismo no se propagó aún más porque las puertas, ventanas y ventiluz estaban cerrados y no había corriente de aire. Los cuerpos de las víctimas tenían goma espuma del colchón que el asesino les tiró encima.

“La dominaba”
Otra cuestión remarcada por los testigos fueron los cambios que se produjeron tras el casamiento de Ávalos y Vanina. “Ella se alejó mucho de nosotros desde que se juntó con Ávalos”, dijo Silvia, “parece que él la dominaba, no la dejaba salir”. “Desde que él estaba ahí, ella estaba triste”, recordó Selena, la hermana.

Datos
* El juicio se realiza en la Sala 2 de la Cámara del Crimen, cuyo tribunal está integrado por Marcela Davite -presidenta-, Marcela Badano y Ricardo Bonazzolla.
* El fiscal de Cámara es Rafael Cotorruelo, el querellante Marcos Rodríguez Allende y la defensora oficial de Ávalos es María Fernanda Álvarez.

Salida y horror

Adrián Ávalos, de 29 años, cumplía una pena de nueve años y ocho meses de prisión por una violación. En el penal, durante la condena, conoció y se casó con Vanina Hemmerling. En 2011 el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos le otorgó salidas condicionales, pese a la oposición del Ministerio Público Fiscal y los dictámenes de psiquiatras y psicólogos que alertaban del peligro de que el hombre, en esas condiciones, recupere su libertad. Poco después fue detenido por el asesinato de su esposa y la hija embarazada que, además de la conmoción y el dolor en su familia y allegados, generó una fuerte polémica en el interior del Poder Judicial.

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