Secciones
Caso Jéssica Paola Dos Santos

Hay un sospechoso, pero tres años después el femicidio de Paola Do Santo sigue impune

El puzzle de este caso tan complejo tiene muchas piezas, pero aún no convencen a la Justicia. Esperan que algún testigo rompa el silencio

Viernes 08 de Noviembre de 2019

Un allanamiento efectuado en una vivienda de calle Nicanor Molina de Paraná, en mayo, renovó las esperanzas de poder esclarecer el asesinato de Jéssica Paola Do Santo, la mujer que fue asesinada a inicios de noviembre de 2016. Pero al parecer los elementos hallados en la casa del sospechoso, de 44 años, aún no son suficientes para avanzar hacia una imputación. A tres años del crimen de género, el caso permanece impune, aunque con una investigación que pasó de no tener nada certero a contar con evidencias que convencen a algunos, pero aparentemente todavía no son suficientes para la Justicia.

El sábado 6 de noviembre de 2016 fue la última vez que vieron con vida a Jéssica. Había ido al barrio Las Flores porque un matrimonio al que le hacía algunas changas le iba a regalar 500 pesos para que se comprara un pantalón por su cumpleaños.

Esa noche una señora la vio en el barrio. Le dijo que le quedaba bien el cabello rubio, entró a su casa, se miró a un espejo y le contó que quería dejarse su color natural. La vecina le preguntó para dónde se iba, y le señaló hacia el lado del barrio La Floresta o San Martín. De lo que los investigadores están convencidos es que no salió de ese sector, o allí contactó a la persona que la mató.

Embed

Esa noche había policías por todo lados debido a que se había producido un doble femicidio en Paraná: el prefecto Orlando Ojeda había asesinado a sus dos exparejas, Romina Ibarra en el barrio Mosconi, y Lidia Milessi en el barrio Los Gobernadores, y en la madrugada habían quemado la casa de Ojeda.

El miércoles 9 de noviembre un hombre que iba a caballo por un sendero del Parque Varisco a comprar una garrafa encontró partes de un cuerpo en bolsas de supermercado. Poco después pudo ser identificado y se supo que Jéssica había sido asesinada de un disparo en la cabeza, y luego su cuerpo desmembrado.

La investigación lleva dos años y medio. Aunque en los primeros meses las esperanzas se desvanecían, en junio de 2018 apareció un indicio clave que permitió conducir a un hombre de 44 años como posible sospechoso. El arma de fuego que fue utilizada para matar a la víctima fue secuestrada en calle Cuba. La tenían dos personas que se la compraron a un hombre; este se la compró a otro, quien la había adquirido del sujeto que quedó en la mira de los investigadores.

Varios elementos fueron plasmados en un informe por los efectivos de la División Homicidios y permitieron al fiscal Álvaro Piérola solicitar el allanamiento en la vivienda de calle Nicanor Molina. Secuestraron allí una gran cantidad de armas blancas y otros elementos que fueron analizados por Criminalística. Además, se requisó el auto del sospechoso que ya había vendido y estaba en poder de otra persona.

Pasaron seis meses de aquel procedimiento que reavivó las esperanzas de poder llegar a una imputación, pero aún no hay definiciones. La madre y los hijos de Paola, en contacto permanente con la Fiscalía y los investigadores de la División Homicidios, aguardan por definiciones.

Hay muchas piezas del rompecabezas de este misterio, y muchos esperan que una pieza clave también se pueda sumar a la causa para romper con la impunidad: que alguien se quiebre y rompa el silencio. Están seguros de que alguien fue testigo del femicidio pero no quiere o no se anima a contar lo que pasó.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario