Domingo 29 de Marzo de 2015
José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar
Una familia millonaria de Paraná dejó en ruinas a una familia pobre a partir de una falsa denuncia que se transformó en escándalo, fomentado desde cierto periodismo mediocre. Una mujer sufrió no solo años de tormento en la casa donde trabajaba como empleada, sino además un proceso judicial que le iniciaron sus patrones.
La historia que se contó en 2013, y que finalmente se determinó que se trató de una mentira, fue que la mujer había mantenido relaciones sexuales con uno de los hijos de la familia, de 18 años. Por esto fue despedida, pero luego extorsionaba al muchacho mediante mensajes de texto con contarle a su novia si no le daba plata. Así comenzó una causa judicial contra la acusada, que devino en allanamientos en su vivienda, secuestro de celulares y otros elementos “de prueba”.
Como en las novelas de la siesta, los protagonistas de esta historia fueron una familia dueña desde hace décadas de una importante empresa de la capital entrerriana, el “nene bien” y la empleada que vivía con su familia en un barrio de la periferia. Pero lejos de tener un final rosado, la realidad aplastó a la ficción, como los ricos aplastaron a la gente humilde.
Luego de más de dos años, ante la falta de pruebas del presunto accionar de la mujer, el juez Mauricio Mayer dictó su sobreseimiento por el delito de chantaje, previsto en el artículo 169 del Código Penal. La estrategia del abogado defensor, Leopoldo Cappa, logró demostrar la inocencia de la acusada.
Las pericias de las líneas telefónicas de la mujer y de la familia que la empleaba, demostraron que no existió ningún rastro de alguna comunicación que contenga mensajes extorsivos, según el informe de la Dirección Criminalística e Inteligencia Criminal de la Policía.
Sin embargo, con el sobreseimiento no se curan las heridas. Ahora la mujer accionará judicialmente contra sus exjefes, debido a que la falsa denuncia en su contra le ocasionó gravísimas consecuencias. En representación también de sus hijos y de su marido, iniciará una demanda civil por daños y perjuicios.
A partir de la denuncia, la familia se tuvo que ir del barrio donde residía, porque el caso tomó repercusión pública y quedaron estigmatizados por aquella mentira. La mujer nunca más logró conseguir un trabajo digno, ya que durante muchos años había trabajado en la misma casa, y no consiguió referencias para un nuevo empleo. Desde aquel entonces, la familia vive en la miseria, subsistiendo con precarios trabajos de carácter informal. Sin contar, además, el daño producido hacia el interior de la familia, que se vio resquebrajada ante el escándalo por un asunto de índole privada.
Otra versión
Nadie negó que existió la relación entre el joven y la empleada de la casa. Pero la misma estuvo lejos de ser un romance de novela. Según precisaron a UNO testigos del entorno, habría sido el muchacho quien se obsesionó con la mujer, y a su vez quien la extorsionaba con contarle a su marido si los encuentros no continuaban. En este contexto y en la posición desigual de uno y otro, queda en duda el real consentimiento de la empleada frente al deseo de su patrón.
Según esta versión de los hechos, la familia se enteró de la situación, pero las advertencias al muchacho no fueron suficientes. Cuando el asunto se tornó insostenible, los empleadores cortaron por lo sano y echaron a la mujer, con todas las de la Ley.
Sin embargo, la finalización de la relación laboral y por lo tanto el hecho de que la mujer no esté más en la vivienda, tampoco alcanzó: el joven insistía con verla, la cruzaba en la calle y hasta se hizo presente en el lugar de trabajo que ella había conseguido provisoriamente.
Incluso habría testigos de que no era esta mujer la única empleada a quien el joven habría acosado.
Finalmente, la familia envió al hijo en cuestión a vivir y estudiar a otra provincia, mientras preparaba la denuncia contra la mujer por la presunta extorsión y chantaje. La semana pasada, la Justicia desestimó esta acusación, ante la inexistencia de una mínima prueba que lo acredite. La próxima etapa tendrá lugar en el fuero civil, esta vez con la familia como acusada.