Policiales

En un brote psicótico, un joven mató a su madre a puñaladas

Elián Sartirana, de 21 años, estaba bajo tratamiento ambulatorio pese al grave cuadro psiquiátrico. En medio de un delirio asesinó a su madre, la docente María Gaitán, en su vivienda de Victoria

Viernes 20 de Marzo de 2015

José Amado/ De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar

 

 


María de los Ángeles Gaitán pensó que podía controlarlo. Su hijo Elián Sartirana comenzó otra vez a delirar y a ponerse violento. La cena se interrumpió a las 21.30. Le pidió a Luis, su marido, que llevara a la hija de 11 años a la habitación. El hombre creyó que su mujer lograría calmarlo y se encerró con la nena a mirar televisión. Desde el dormitorio se escuchaban los gritos y ruidos de cosas azotándose. De repente se hizo el silencio. Luis volvió a la cocina y se encontró con lo que alguna vez pensó que podía pasar.


La mujer estaba en el piso, en medio de un charco de sangre. Al lado estaba el cuchillo que su hijo utilizó para asestarle tres puñaladas en el lado derecho del cuello. María de los Ángeles, docente del nivel Inicial de la escuela N° 48 de Victoria, tenía 42 años cuando murió el miércoles a la noche en su vivienda del barrio Agmer.


Una hora después, mediante un operativo en la ciudad, la Policía encontró a Elián deambulando a unas 10 cuadras de su casa, por bulevar Rivadavia y Paso. Cuando los efectivos de la Jefatura Departamental lo detuvieron estaba fuera de sí. Lo llevaron por orden de los fiscales Gamal Taleb y Fernando Martínez al hospital Salaberry, donde lo sedaron y permaneció internado.


El joven tiene 21 años y graves padecimientos en su salud mental. No era la primera vez que se brotaba y atacaba a su familia. En 2012 agredió a sus padres, lo que valió su detención y pericias que arrojaron un diagnóstico irreversible: los psicólogos y psiquiatras que lo analizaron coincidieron en que tiene una estructura esquizofrénica y psicótica, por lo que aconsejaron un tratamiento médico acorde, con la respectiva internación en una institución.


La psiquiatra que fue a atender a Elián al hospital, luego de haber matado a su madre, no pudo observarlo porque estaba sedado. Cuando el fiscal Taleb fue a verlo pudo constatar que deliraba, aunque también sabía lo que había pasado, por lo que se lo observó muy angustiado. Mezclaba en su relato el delirio con elementos de la realidad.


Por esto, Taleb espera que el joven sea compensado para luego solicitar la prisión preventiva en un establecimiento de salud mental monovalente, no en una cárcel, debido a que en principio se sospecha de que Elián no comprendía la criminalidad del hecho al momento de cometerlo.


Una ley con graves consecuencias

 


El crimen demostró que Elián no podía estar en su casa. Luego de aquel episodio de 2012 lo internaron por un tiempo en una institución, pero luego le dieron el alta y ordenaron un tratamiento ambulatorio. No por un capricho de los médicos que lo asistían, sino porque así lo establece la nueva Ley de Salud Mental, que tiene como principio rector la necesidad de evitar la internación de los pacientes en institutos neuropsiquiátricos, porque su curación debe realizarse reforzando sus lazos sociales. Sin embargo, lo demostró la práctica, no todos los casos son iguales.


Así fue que periódicamente María de los Ángeles y Luis llevaban a Elián a la ciudad de Rosario, cuando tenía turno con los profesionales que seguían su caso. Según contó el padre al entrevistarse con el fiscal luego del homicidio, presagiaba que esto podía terminar mal.


Taleb intervino en otro caso de similares características ocurrido cuatro meses atrás en la ciudad de Victoria, cuando un hombre mató a su madre a martillazos en medio de un brote psicótico (Ver recuadro). “Hablé con las dos familias en el lugar y las dos me dijeron lo mismo”, contó.


Ninguno de los padres podía hacerse cargo de sus hijos, ya que se trataba de pacientes peligrosos para sí mismos y para su entorno. En el caso de 2014, tomaban como medida preventiva encerrar al hombre en su habitación, hasta que finalmente pasó lo peor. “La que tiene que asumir el cuidado de esta persona es la familia, que no tiene herramientas para reaccionar ante un brote psicótico”, explicó el fiscal.


La ley tiene buenas intenciones, pero generaliza los casos y no destina presupuesto para que se cumpla con su objetivo ideal.

 

 

No se habría defendido


Más allá de las pericias mentales con que cuenta, Taleb avanza en la investigación con las medidas de prueba para esclarecer todas las circunstancias del hecho. Se entrevistó con los testigos presenciales y circunstanciales, y el personal de Criminalística de la Jefatura Departamental de la Policía levantó todos los indicios y rastros en la escena del crimen.


El cuerpo de la víctima fue trasladado a la morgue judicial de Oro Verde para practicar la autopsia, cuyo informe develará si la madre se defendió o no. En principio, según la primera observación del cuerpo que hizo el médico forense en el lugar, no se vieron signos de defensa, no tenía marcas en los brazos ni en las manos. El ataque fue tan rápido como contundente.

 

 


Dos matricidios, dos pacientes sin tratamiento adecuado


En la misma ciudad, con cuatro meses de distancia, dos mujeres fueron asesinadas por sus hijos, con un denominador común: ambos son pacientes psiquiátricos que sufrieron brotes psicóticos al momento de los ataques. Cuando el miércoles a la noche en Victoria corrió la noticia del crimen de la docente María de los Ángeles Gaitán por parte de su hijo, todos pensaron: “¡Otra vez!”.


El 7 de noviembre de 2014, en la casa de Suipacha 476, Matías César Ciceri, de 37 años, asesinó a su madre Mercedes Juana Charpentier, de 60. Le pegó varias veces en la cabeza con un martillo.


El método fue el mismo que había utilizado 15 años atrás para asesinar a su abuelo en la misma vivienda. Lo mató a mazazos.


Ciceri fue declarado inimputable en los dos casos, por tratarse de un psicótico. Años después de matar al abuelo, le dieron el alta del hospital psiquiátrico de Federal, pese a que no estaba en condiciones de convivir con su familia. Por eso estaba más encerrado en la habitación que afuera. Esto valió una denuncia por parte de la pareja Charpentier contra el neuropsiquiátrico federalense.

 

 

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