Policiales
Martes 17 de Octubre de 2017

El robo de los contratos de "ñoquis" en el centro del juicio por el crimen de Ruiz

A siete años. Comenzó el debate por el asesinato del empleado municipal, contra la viuda, una hija y dos hombres. Además asomó el rostro violento de la víctima para con su esposa

A casi siete años del homicidio del empleado municipal Pedro Ruiz, comenzó el juicio contra la viuda, Alejandra Clivio, una de sus hijas Daiana Ruiz, el exnovio de la joven Luis Comelli, y el pintor y curandero César Villalba.

La principal hipótesis de la acusación es el complot familiar con la complicidad de los dos hombres para terminar con la vida de la víctima, quien era maltratado y denigrado en la familia. Sin embargo, en la primera jornada del debate, tomó más fuerza la otra hipótesis nunca profundizada en la investigación: que el asesinato de Ruiz se vincula al robo de un maletín denunciado días antes, donde tenía contratos de "ñoquis" del Concejo Deliberante, donde trabajaba como asesor, y la recaudación de dinero para la política. Además, al contrario de lo que se había informado hasta ahora sobre el perfil de la víctima, asomó el rostro violento y avaro de Ruiz para con su esposa y ausente para sus hijas, según sus declaraciones.

Clivio fue la única de los cuatro imputados por el homicidio que decidió declarar, lo hizo por un largo rato y respondió preguntas de las partes. Sobre lo ocurrido en la madrugada del 8 de noviembre de 2010 en la vivienda de calle Ituzaingó 80, dijo que estaba durmiendo en su habitación junto a sus hijas, separadas de donde dormía Ruiz, en colchones en el piso. Se despertaron al escuchar una discusión y a su marido que dijo: "Por qué me hacés esto hijo de puta".

Pensó que estaba hablando por teléfono, pero luego escuchó ruidos de patadas y palos. Le pidió a sus hijas que no hablen, y observaron una mano que intentaba abrir la puerta de doble hoja del dormitorio. La trabaron con un sillón de hierro y llamaron a la Policía. Desde el Comando Radioeléctrico les recomendaron que no se movieran de la pieza. "Fue todo muy rápido, para mí era eterno que la Policía nunca llegaba", recordó.

Una de las pruebas clave de la causa es un mensaje de texto enviado por Daiana a Luis, en el que hace referencia a "un trabajo" que había que hacer "antes del martes", y que su mamá (por Clivio) ya tenía la plata. Al respecto, la mujer explicó que era un celular del padre de Comelli que le iban a comprar para la hija menor, por su cumpleaños que fue el 7 de noviembre, pero que antes debían hacerlo arreglar. "Tuve que vender unos perfumes de Avon y con eso sacar para pagar el arreglo del celular", explicó Clivio, y agregó: "Mi marido nos dio plata para comprar el regalo".

En este sentido la mujer se explayó al relatar las diferencias con Ruiz por su avaricia y manejo discrecional del dinero. Afirmó que nunca compraba nada para sus hijas, y la ropa, calzado y los gastos del día los solventaba ella con las ventas por catálogo que hacía. Recordó que su marido cobraba su sueldo (unos 4.500 pesos) y ella debía cobrar un "sobresueldo", ya que tenía un contrato de obra a su nombre pero no iba a trabajar. Eran 1.500 pesos que entregaba a Ruiz, de los cuales le daba 200 y el resto era para él y para "la caja chica de la política". Por esto refirió que su marido "tenía una cuenta en el banco Bersa con Biaggini donde tenían el dinero para la campaña política".

Por esto vinculó el homicidio al robo del maletín con los contratos, y afirmó que Ruiz estaba amenazado "por un sindicato municipal", aunque no aportó ningún nombre.
Clivio recordó: "Adelante de las nenas me cagó a palos, casi me mató, y entonces mis hijas dejaron de hablarle. Me costó recuperarme y ya se quebró todo tipo de relación".

"Un padre ausente"
Nadia Ruiz es hija de la víctima y en su declaración testimonial se mostró tan convencida de la inocencia de los acusados como de la vinculación del homicidio de su padre con el contexto laboral. La joven comenzó su relato partiendo de unos días antes del crimen, cuando el sábado 5 de noviembre le robaron a su padre el maletín.

Ese sábado ella, su mamá y sus hermanas estaban en la casa de su abuela porque habían ido a un casamiento la noche anterior. Cuando fueron a su vivienda de Ituzaingó 80 estaba Ruiz: "Se encontraba de mal humor, alterado, fue a la comisaría, dijo que el maletín era su vida, que si le faltaba le iban a cortar la cabeza, pateaba las puertas", recordó Nadia, y agregó: "La zamarreó a mi mamá para que recuperara el maletín. Yo le pedía que no se la agarrara con nosotros, porque él tenía esa costumbre, que venía del trabajo y se descargaba con nosotras".

Sobre la madrugada del crimen, relató la misma circunstancia que su madre sobre los ruidos, el grito de su padre a alguien. "Ninguna entendía nada", dijo. La mano que intentó abrir la muerta del dormitorio, y el llamado a la Policía. "El primer impulso de mi mamá fue protegernos a nosotras", aseveró la testigo.

Acerca de la vida familiar, Nadia recordó: "Mi mamá siempre nos compró todo, él era un padre ausente, los actos de la escuela, las actividades deportivas, siempre iba solo mi mamá".

Además, refirió el lado violento de Ruiz: "Hacía problemas por todo, no le gustaba nada, era un hombre conflictivo. Desde que tengo conocimiento que vi cómo mi padre maltrataba a mi mamá".

La jornada de ayer declararon siete testigos en total, donde ninguno aportó ni siquiera un indicio sobre la participación de los cuatro imputados en el homicidio. Por esto, al menos por lo surgido en la primera jornada, se fortaleció la hipótesis que señala que el robo del maletín con los contratos está vinculado al hecho de sangre.

El juicio continuará hasta el viernes con testimoniales, y la semana que viene serán los alegatos de la fiscal Mónica Carmona y los defensores Rubén Pagliotto, Iván Vernengo, Marciano Martínez, Emiliana Cozzi y Juan Carlín. El tribunal que deberá impartir justicia, siete años después, está integrado por Rafael Cotorruelo, Pablo Vírgala y Gabriela Garbarino.



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