Viernes 16 de Junio de 2023
Hace poco más de una década, un ladrón era el dolor de la cabeza de la Policía de Paraná, por los robos a locales y viviendas de la ciudad. Señalaron a Gustavo Daniel Molina como el autor de esos hechos en los cuales trepaba techos, ventanas y balcones para apoderarse de lo ajeno. Y lo apodaron "El Gato". Este hombre fue condenado varias veces por delitos contra la propiedad y el año pasado logró salir de la cárcel. Ayer fue identificado nuevamente como el presunto autor del robo en un comercio de indumentaria ocurrido la semana pasada en calle Avenida Almafuerte, donde hicieron un boquete en el techo para ingresar. Su historia comienza hace unos 27 años, cuando era un adolescente, y demuestra qué hizo y qué no hizo el Estado en su objetivo de tratamiento penitenciario.
Pasan los años y el Gato no cambia su rubro delictivo ni sus métodos. Otros nombres comunes del hampa han pasado por distintos negocios ilegales, pero Molina siempre ha sido implicado en robos sin más violencia que romper una abertura. Y por ello ha pasado varios años de su vida en el encierro.
En rigor, desde el 1° de julio de 1999, cuando tenía 19 años, su nombre comenzó a escribirse en expedientes judiciales, según lo que arroja la búsqueda en la Mesa Virtual del Pode Judicial, cuya carátula era Robo agravado por escalamiento. Aunque el primer hecho que le imputó la Justicia ocurrió el 24 de septiembre de 1996: durante la madrugada, rompió la vidriera y entró a robar a la farmacia Villegas de calle Don Bosco 1.540. Aún era menor de edad. Se acumularon varios expedientes y lo condenaron en 2001 a prisión. Ya en ese momento la Policía lo apodaba "El Hombre Gato" por escalar paredes.
A lo largo de la década siguiente fue sumando imputaciones judiciales (al menos ocho causas) y para la Policía ya era "una fija" al momento de buscar al autor de algún delito cometido con el sello de este muchacho. Cumplió en esa época dos condenas de prisión efectiva.
Por el año 2010, en un momento en el cual sucedían muchos robos en la ciudad de Paraná, las autoridades de aquel momento le adjudicaban la autoría de todos esos hechos delictivos. Se llegó a mencionar que cometió unos 25 robos en pocas semanas. En abril de ese año lo detuvieron cuando estaba robando en una casa de calle Chrurruarín porque el dueño (un funcionario provincial) llamó a la Policía y lo arrestaron. “Sinceramente pensé que este personaje era más morrudo. Tantas historias hemos escuchado de él en Paraná, que parecería que fuera otra persona al verlo tan menudo y flaco, pero así y todo tiene una gran agilidad para robar y subir a los techos", contaba el vecino.
El Gato volvió a ser liberado y en diciembre fue noticia nuevamente por el robo a un gimnasio. No lo encontraron en ese lugar pero dejó las huellas dactilares que lo comprometieron. "Sus particulares habilidades y destreza le permiten saltar por los techos y realizar boquetes en cielorrasos y ventanas para ingresar a robar y llevarse así, fácilmente, el botín, que aunque no siempre es gran cosa, es mayor el daño material que produce a las víctimas", lo describían las crónicas sagaces del momento.
Regía el viejo Código Procesal Penal y la famosa puerta giratoria que ponía los pelos de punta a muchos y enfrentaba a la Policía con la Justicia sobre quién tenía la culpa de la situación que se generaba.
En 2012, Molina fue condenado a cuatro años de prisión tras un juicio abreviado, no por 25 hechos sino por seis causas en las cuales se probaron los delitos. Aunque le quedaron expedientes pendientes.
El año pasado, salió de la cárcel. Hoy tiene casi 45 años y en los últimos meses lo señalaron por robos con la misma modalidad de siempre ocurridos en Paraná, como en una tornería y en una vinoteca, aunque no habría evidencias contundentes. Pero sí lo implicaron en el robo ocurrido el viernes pasado (9 de junio) a la madrugada, cuando ladrones hicieron un boquete en el techo del local de indumentaria deportiva de Avenida Almafuerte, a media cuadra de Zanni, y se llevaron unos 3.000 pesos, algo de ropa y zapatillas.
En la investigación de este hecho, el personal policial de la División Robos y Hurtos informó que lograron establecer la identidad del autor del hecho, así como el lugar donde el mismo estaba parando. Ayer la Justicia autorizó el allanamiento al domicilio en la zona de la Toma Vieja, donde localizaron prendas y otros elementos coincidentes con los denunciados como sustraídos, así como un celular. Se procedió a la correcta identificación del investigado, quien quedó supeditado a la causa.
Molina podría volver a ser imputado y, si las pruebas convencen a la Justicia, condenado nuevamente. Casi tres décadas de causas y penas carcelarias que no demuestran más que el Estado no logra lo que dice en materia de reinserción social.