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Dos huellas comprometen al adolescente detenido por el asesinato de Lucía Torres

El caso del crimen de la mujer trans conocida como "La Loba" avanzó con pruebas científicas que se suman a otras, como las testimoniales

Martes 13 de Agosto de 2019

Es casi imposible estar en una escena del crimen sin haber tocado o, al menos, pisado el lugar. Por eso, cuando se descubrió el asesinato de Lucía Torres Mansilla, de 37 años, en la tarde del jueves 18 de julio, la pesquisa de la vivienda duró hasta altas horas de la noche, e incluso continuó al día siguiente. Los rastro levantados en el lugar fueron determinantes para apuntalar la imputación al adolescente de 16 años, detenido por el crimen. En particular, hay dos huellas que lo ubican en la vivienda, una de las cuales señala que estuvo cuando Lucía estaba sin vida.

Según informaron a UNO fuentes judiciales allegadas a la causa, las evidencias estaban relevadas y peritadas, pero al no tener con quién cotejarlas aún no decían nada. Hasta la semana pasada, cuando un testigo se dignó a hablar y se logró identificar y detener al principal sospechoso de haberle asestado una veintena de puñaladas a la víctima.

Como se informó, había personas allegadas a la víctima que tenían conocimiento de que el chico asistía a la vivienda, pero no lo habían nombrado. En particular, una que luego de varias declaraciones contó algo ante el fiscal Gonzalo Badano, que lo convenció de pedir la detención inmediata. El adolescente fue buscado en una vivienda familiar del barrio Las Flores, donde no lo hallaron, y finalmente fue detenido junto a un pariente.

Le tomaron las huellas dactilares (que por ser menor no estaba en ningún registro) y en el allanamiento a la casa secuestraron varios elementos, principalmente prenda de vestir y calzado, que fueron enviados a la Dirección Criminalística.

Así se comenzó a consolidar la acusación. La huella digital del joven es compatible con la huella que fue levantada de un paquete de cigarrillos vacío y abollado que se encontró en la casa de la víctima, lo cual lo ubica en la vivienda. Esto podría no decir nada contundente respecto del crimen, pero se suma otro rastro fundamental: la suela de una zapatilla secuestrada al adolescente es compatible con una huella de calzado con sangre hallada en la escena del crimen. Entonces, hay altas sospechas de que el chico no solo estuvo en la casa, sino que estuvo con la víctima ya fallecida, pisó la sangre y dejó así el rastro.

Estas pruebas de carácter científico se suman a otras que ya fueron reunidas a lo largo de casi un mes de investigación por parte de efectivos de la División Homicidios, como testimonios que señalarían al menor como el presunto responsable del asesinato.

Además, en la casa allanada la semana pasada se encontró una prenda de vestir que tenía manchas que podrían ser de sangre. Por esto, la muestra será analizada y cotejada en una pericia de ADN con el patrón genético de la víctima.

Por otro lado, aún queda mucha información por procesar, como informes de empresas de telefonía celular sobre entrecruzamientos de llamadas y de conversaciones por chat de la víctima y entre otras personas allegadas, para ver si surgen nuevas evidencias.

También se siguen observando extensas grabaciones de cámaras de vigilancia del 911 y particulares de las inmediaciones del lugar del hecho, en las que ahora se trata de ubicar al imputado en las cercanías en el margen temporal en el cual habría ocurrido el asesinato, esto es unas 36 horas antes de ser hallado el cuerpo sin vida.

Mientras, el menor continúa alojado en una dependencia del Copnaf, con la correspondiente asistencia de sus profesionales del área penal.

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