Martes 14 de Mayo de 2013
José Amado/ De la Redacción de UNO
jamado@unoentrerios.com.ar
Una mujer vio que uno de sus hijos tenía una mochila llena de droga. Asustada tanto por él como por los otros cuatro chicos, llamó a la Policía. Los efectivos llegaron, revisaron la casa y encontraron en una mochila los 23 ladrillos de marihuana. Josué Nehemías Ortiz quedó preso y ayer, a los 20 años, aceptó una condena por almacenar la gran cantidad de droga.
Las organizaciones del narcotráfico tienen bien segmentadas sus funciones, de modo tal que los que caigan a manos de la Justicia, en la gran mayoría de los casos, sean los perejiles. Muchos son los “mulitas”, que reciben una retribución a cambio de transportar droga ya sea de un punto a otro de la ciudad, o atravesando el país desde una frontera hasta un centro urbano de consumo. Otros son los que “aguantan” las grandes cantidades de droga, que luego van a ser fraccionadas para la venta.
Este fue el caso de Ortiz, quien comenzó a relacionarse con personas del ambiente narco de un sector de Paraná. Estaba trabajando como ayudante de albañil por 250 pesos por semana, pero una cosa llevó a la otra hasta que finalmente, tal vez por unos pesos, decidió ser un eslabón del jugoso negocio de la venta de marihuana. Muy similar fue el caso del pastor evangélico José Zapata, condenado hace un par de semanas por el mismo hecho: le encontraron en el barrio Hijos de María 15 kilos de cocaína que le guardaba a un poderoso narco de la zona.
Según informaron fuentes judiciales a UNO, la droga que tenía Ortiz se la había dado un tal Titi Celis, conocido en el ambiente narco de la capital entrerriana.
Un costoso llamado
El 25 de octubre del año pasado, Ortiz llegó a su casa con una pesada mochila. Su madre supo lo que tenía y tomó una decisión cara a corto plazo pero valiosa a largo: llamó a la Policía y denunció lo que tenía su hijo.
Cuando llegaron los uniformados a la vivienda de calle Don Segundo Sombra y Clark, en el barrio Paraná XVI, encontraron en el bolso 23 panes de marihuana, de un kilo cada uno. Las pericias indicaron que la droga equivalía a 180.000 dosis umbrales del estupefaciente, y un importante valor en el mercado.
La madre de Ortiz pagó caro ese llamado: por un lado, debe ir a visitar a su hijo a la cárcel; por otro, sufrió violentas amenazas de parte de los narcos dueños de la droga secuestrada, y debió pedir una custodia policial en la puerta de su vivienda. Pero prefiere mirar el vaso medio lleno: logró sacar a su hijo del ambiente en el que se encontraba cada vez más comprometido, antes de que fuera demasiado tarde; y también de ese modo protegió a sus otros hijos que viven en su casa.
Acuerdo
Ortiz llegó a juicio imputado por el delito de Tenencia de estupefacientes con fines de comercialización. En el juicio abreviado, asistido pro el abogado Boris Cohen, dialogó con el fiscal general José Ignacio Candiotti y acordó realizar un juicio abreviado. En el mismo, se hizo cargo de la droga que estaba en su mochila y aceptó cumplir la pena de cuatro años y medio de prisión, por el delito de Almacenamiento de estupefacientes.
El cambio de la calificación legal del hecho fue para precisar la conducta delictiva de Ortiz, no para un cambio de la pena. Cultivar, producir, preparar, vender, almacenar, distribuir o transportar estupefacientes o sus materias primas, son delitos penados por igual en la Ley 23.737 del Código Penal: de cuatro a 15 años de prisión.
Finalmente, en la audiencia de juicio abreviado llevada adelante ayer ante el Tribunal Federal de Paraná, la presidenta Noemí Berros constató que el acuerdo al que arribó el joven con el fiscal haya sido voluntario: “Yo estoy tranquilo, tomé esta decisión y nadie me apuró”, afirmó Ortiz.