Miércoles 10 de Abril de 2013
Todo juicio provoca entre las partes cambios de estrategias o al menos, ajustes para tratar de mejorar los puntos flojos que quedaron en las audiencias. Esto es lo que está ocurriendo en las audiencias que se llevan adelante en el Tribunal Oral Federal en lo Criminal de Paraná, donde ayer un par de testigos aportaron datos que contradijeron lo expresado por los tres procesados.
Como se sabe, cuatro personas quedaron involucradas en la causa, pero uno permanece prófugo: Pascual Luna. Los que están sentados en el banquillo de los acusados son: el dueño del campo, Vicente Bioletti (empresario agropecuario, de 58 años), el casero Rubén Palavecino (trabajador rural, 61 años), y José Sterz (comerciante, 62 años).
Ayer, nuevamente, Bioletti debió responder por varios minutos a las consultas del Tribunal integrado por Roberto López Arango, Lilian Carnero y Noemí Berros, como también a la requisitoria del fiscal general, Ignacio Candioti.
En la audiencia, la fiscalía presentó una filmación y fotos efectuadas por la Policía que muestran cómo se encontró la tapera y el casco de la estancia cuando se produjo el allanamiento que terminó con la localización de la cocina de la droga en el interior del campo ubicado en el Acceso Norte.
Al empresario se lo vio predispuesto a aclarar las dudas, pero una vez más se le preguntó por la “bendita” conexión eléctrica entre la casa y la tapera, elemento preponderante para las fuerzas de seguridad y el Juzgado Federal que dispuso en definitiva el procesamiento.
Por enésima vez, Bioletti informó que no tenía muchas precisiones sobre el tendido de los cables, y llegó a decir un par de veces “no recuerdo bien”.
Ayer también declararon cinco testigos, algunos que trabajaban en el lugar en una parte del terreno aledaño al casco de la estancia y otros que estuvieron presentes en el allanamiento de la Policía.
Estos últimos confirmaron cómo se encontró la cocina de drogas, incluso dieron datos que en las propias fotografías no se visualizaron y que sirvieron para dirimir al Tribunal el nivel del trabajo que se hacía en el lugar a la hora de confeccionar la droga, estirarla y luego prepararla para comercializarla.
En la jornada de ayer, los tres procesados fueron colocados en otro costado de la sala de Audiencias, para que de esa manera pudieran observar el material aportado a la causa.
El más preocupado por informar, siempre fue Bioletti, en tanto que Sterz muchas veces se lo vio más preocupado por saber qué hora era o mirar qué escribían los periodistas que se encontraban a corta distancia.
Palavecino mantiene la estrategia de marcar que es un hombre campo, trabajador, pero que muchas veces no entiende lo que ocurre técnicamente en el juicio.
Un aporte que fue tomado más que en cuenta por el fiscal y el tribunal, lo dieron dos personas que cumplieron tareas dentro del campo.
En primer término uno indicó que Bioletti iba todos los días a las cuatro de la tarde a la casa y al campo, de esta manera contradijo lo dicho por el empresario que informó que iba de modo espaciado y luego cada dos o tres días. No es lo mismo ir todos los días que cada tanto.
Además, se hizo notar que a poca distancia de la casa se trabajó en una especie de huerta amplia en la producción de zapallos y en las inmediaciones con estevia.
Estos datos también fueron distintos, sobre todo en la distancia que marcó en su declaración Bioletti al Tribunal.
Hoy seguirá la tercera jornada para lo cual se espera que declaren 10 testigos. En definitiva las audiencias son largas y seguidas con atención, sobre todo de parte de los familiares de Bioletti que desde un primer momento acompañaron al empresario en esta causa, tanto estando preso, como cuando recuperó la libertad.