Caso Alfonzo: el día que la política se metió en el juicio por trata
Acusaciones y denuncias, desmentidas y negaciones insólitas, previo a los alegatos donde pedirán condenar al periodista de Concordia
Viernes 24 de Febrero de 2017
La cuarta jornada del juicio contra Gustavo Alfonzo dejó poco para analizar sobre pruebas y testimonios que sirvan para esclarecer la responsabilidad del periodista en la presunta explotación sexual de una chica de 16 años. Y mucho para generar sospechas y suspicacias políticas que, en definitiva, no tendrán ninguna consecuencia judicial.
Un extitular del Copnaf de Concordia que recibió mensajes de texto del imputado por trata sexual de menores, pero dijo que no lo conocía. Una monja con vasta trayectoria en la lucha contra la impunidad, que cita a la madre de la víctima al nombrar al hijo del exgobernador y al actual intendente. El acusado que desvinculó a los políticos de la causa y le apuntó al querellante (actual concejal) por ofrecerle plata y manipular a la víctima para incriminar a los funcionarios del oficialismo.
La primera en declarar ante el Tribunal fue la monja Martha Pelloni, que desde el caso María Soledad Morales en Catamarca es una referente en la búsqueda de justicia. Su testimonio sobre el caso fue indirecto, ya que habló de lo que le contó la madre de la víctima, Cristina Escobar, en un foro de Infancia Robada que se realizó en Concordia.
"La señora dijo que como toda adolescente, la hija iba a bailar a los boliches, y un día le comentó que había conocido a un señor que le había ofrecido darle trabajo y vender tarjetas anticipadas de boliches. La madre le pide que no, pero bueno... un día va a bailar y desaparece la chica, no volvió a la casa, habla con las amigas. Desesperada, un día en la parada de una escuela se le aparece un hombre, le pasó una dirección, ella va a la comisaría, a pedir que la acompañen", relató la religiosa sobre la búsqueda y rescate de la chica.
"Yo escuché, repito lo que dijo la señora, que lo vio a Alfonzo, como el que le había ofrecido las tarjetas. Cuando fueron a buscarla, la señora nombra a (Enrique) Cresto que en ese momento era senador, y nombra al hijo del gobernador de ese momento, (Mauro) Urribarri. Es más, también al del Copnaf, que es (Fernando) Rouger. Después ella fue alojada en el Copnaf, donde ese señor era el jefe. Así que hay una historia de poder, de política y de prostitución, donde la chica quedó enredada junto a otras chicas", relató.
Como la madre de la víctima no ha nombrado públicamente a los dos principales funcionarios, Pelloni consideró: "Esta señora ha sido amenazada o pagada, no sé, lo que sí sé hoy es que la señora tiene miedo".
"El señor Alfonzo ha estado en este servicio que él hacía en todos los gobiernos, con ese funcionamiento de captar chicas. Necesitamos gente proba que nos dé seguridad, en la Policía, en la Justicia, en los cargos políticos", agregó la monja.
Consultada sobre el perfil de las víctimas de trata en los casos en que ella ha intervenido, dijo: "Son las que Alfonzo buscaba, son chicas muy vulnerables, en todo sentido de la palabra, y lo aprovechan. La peor pobreza es la intelectual, chicas que no han tenido una promoción humana son muy vulnerables. Hay distintas formas de explotar la vulnerabilidad, con la droga por ejemplo, es pan comido, y va unido a la prostitución".
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Negar todo
Fernando Rouger quedó mal parado ayer luego de su declaración, aunque su rostro inmutable haya dicho lo contrario. Se trata del extitular del Copnaf de Concordia, actual funcionario de la Municipalidad, a quien la víctima y su madre lo nombraron como un presunto cliente de Alfonzo, y además lo denunciaron por amenazas.
El abogado, en primer lugar, negó conocer a Alfonzo. Luego declaró que la causa por las amenazas "quedó en la nada", y explicó que solo había llamado al tío de la víctima para preguntarle por qué su hermana hablaba mal de él públicamente, siendo que ello estaban "preocupados por la menor todo el tiempo".
El fiscal José Ignacio Candioti le preguntó por los mensajes de texto hallados en el celular de Alfonzo, enviados al suyo, días después de que el acusado fuera detenido por trata, que decían: "¿Me podés llamar, Fer?"; "¿Te comunicaste con el Chueco?"; "¿Hablaste con el jefe?".
El funcionario respondió: "Recibo llamadas y mensajes, pero puede ser que no sepa de quiénes son". Tanto el fiscal como el presidente del Tribunal, Roberto López Arango, le plantearon que la situación es extraña, porque "Fer" es una forma bastante familiar de llamar a una persona. Rouger contestó: "La verdad, desconozco", y luego agregó: "He recibido los mensajes, pero (a Alfonzo) no lo conozco".
Sí recordaba haber hablado por teléfono con Yolanda Zárate, la mujer de Alfonzo: "Me llamaba para decirme que no tenían nada que ver, pero yo le decía que estábamos para resguardar los derechos de la menor".
Luego Alfonzo decidió declarar sobre este punto, y dijo que cuando la Policía Federal lo detuvo lo llamó a Rouger para decirle que quería reunirse con él para expresarle que "había un entramado político", y por esto pidió un careo. Por no tener nada que ver con el hecho que se investiga, no se lo concedieron.
El juicio finaliza hoy con tres testigos y luego serán los alegatos del fiscal José Candioti, del querellante Daniel Cedro y del defensor oficial Mario Franchi. Luego, el Tribunal integrado por Roberto López Arango, Noemí Berros y Lilia Carnero deliberará para dictar sentencia.
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La teoría conspirativa de Alfonzo
Al final, Gustavo Alfonzo declaró: "He escuchado tantas mentiras que tengo que aclarar".
"Martha Pelloni no entiende cómo es la ciudad de Concordia, que es política, que hay mucha pobreza, mucha impunidad, que a mí me ha tocado todo esto porque como periodista vivo diciendo que Concordia está sumida en la droga, en la pobreza, y lo voy a seguir diciendo hasta el día que me metan un tiro, porque es mi profesión", afirmó.
"Jamás tuve secuestrada a esta chica, jamás. Jamás le faltó libertad para moverse, porque iba a comprar, salía. Hay muchas irregularidades como estas. Es verdad que yo inauguré el departamento, y una sola noche hubo ruido, pero la chica no estaba", aseguró.
Sobre los mensajes hallados en su celular, que refiere el comercio sexual en fiestas privadas, dijo que dejó abierta su cuenta de Facebook y otra persona los envió: "Yo cometí un error, me voy a arrepentir toda la vida. El celular se lo daba y lo tenía todo el día, nunca lo controlé, ni las fotos, ni tuve en cuenta que yo le había sacado fotos a mi mujer teniendo relaciones. Yo la torpeza que cometí... Mi Facebook hasta el día de hoy estuvo abierto en una de las máquinas de la radio, porque nunca le cambié la clave".
Sobre su vínculo con la víctima, explicó: "Yo no le dije que vaya a trabajar, ella me pidió a mí en la fiesta de disfraces, a los gritos, que le dé una mano porque venía el cumpleaños del nene y no tenía para la torta, entonces yo, obrando por una defensa que hago públicamente que hay que integrar, que hay que respetar a los que consumen drogas porque están enfermos, porque hay problemas con la familia, con la sociedad, porque es un desastre, Concordia tiene muchas falencias. Me odian en Concordia, me van a seguir odiando, voy a seguir diciendo que hay desnutrición, droga, siempre" (sic).
En el juicio declararon dos chicas que aseguraron que Alfonzo cobraba dinero a cambio de las relaciones sexuales que las jóvenes y adolescentes tenían con sus clientes. "Está a la vista del Tribunal que les han dado plata, conozco su modo de vida, su forma de ser. Yo nunca cobré una moneda de nadie. Sé dónde viven, y las necesidades que están pasando, son personas que están siendo usadas, no tengo nada en contra de ellas, tampoco en contra de (la denunciante) que es víctima de verdad del sistema, de su madre, de su familia, de su vida, es una chica que andaba en la calle dando vueltas. Estuvo un año y medio tirada en la calle", relató.
Además, Alfonzo dijo que no sabía que la chica era menor: "En los boliches que eran para mayores de edad, había una fotocopia de un documento que decía que la chica tenía 18 años. Si hubiese sabido que era menor, no la hubiese llevado a mi casa, ni tenido al aire en la radio, porque la nombraba al aire. Era muy pícara, hábil, hacía el trabajo de tres chicas".
"¿Voy a hacerle semejante daño a mi familia de volverme tratante? No tenía ninguna necesidad", agregó el imputado, y aclaró: "No tengo ninguna relación con Urribarri ni con Cresto. No tienen nada que ver, cuántas familias han arruinado con esta mentira", y recordó: "El querellante (Daniel Cedro) fue a la cárcel a arreglar conmigo por plata para que los nombre a los dos en la causa, me ofertaron 300.000 pesos, en cuotas de 10.000 pesos que le iban a dar a mi madre".