Caso Gabriel Gusman
Jueves 27 de Septiembre de 2018

Amenazaron de muerte a la familia del policía que abatió un joven en el Capibá

Diego Ibalo habló con UNO, contó cómo fue el enfrentamiento con la persona que falleció de un balazo. Admitió que está triste por el hecho, y cómo tuvo que reaccionar a las agresiones para que no movieran el cuerpo y el arma de la escena del crimen.

No es fácil enfrentar la decisión de segundos de disparar un arma de fuego para salvar la vida de uno, de un compañero y de responder a los balazos de otra persona. Y si bien se puede estar preparado para el alto riesgo, no es sencillo disparar una pistola obligado, y tener que afectar a otro.

Diego Sebastián Ibalo y Rodrigo Oscar Molina, son los uniformados del 911 que se enfrentaron a tiros con Gabriel "Cabeza de perro" Gusmán el lunes al mediodía en el barrio Capibá, y producto de los balazos que efectuó el muchacho de 20 años, los policías reaccionaron y respondieron. Lamentablemente el joven murió de un tiro en la cabeza.

Tras estar 24 horas detenidos en la Alcaidía, los dos policías del 911 recuperaron la libertad en la noche del miércoles. Al salir numerosos uniformados, familiares y amigos cortaron la calle para aplaudir y respaldarlos.


En tanto, este mediodía, UNO informó que el jefe de Policía Gustavo Maslein, saludó en su despacho a Ibalo. El comisario general destacó la tarea policial de allí que lo recibió junto a la familia.

Leer más: Maslein recibió a uno de los policías involucrados en la muerte de Gabriel Gusmán


Shoqueado, dolido y asustado

UNO dialogó con Ibalo, al fin de conocer detalles del enfrentamiento con Gusmán, lo que ocurrió tras el suceso, y en especial la posterior reacción que sufrió toda su familia.

El sargento de 39 años, es casado y tiene dos hijos de 9 y 4 años. Su padre -fallecido cuatro años atrás- fue policía en la provincia de Santa Fe. "Mi viejo me decía que no era lo mejor ser policía, pero a mi siempre me gustó, por eso es que decidí por vocación tener este uniforme", contó Ibalo.

Lo primero que quiso decir el hombre fue agradecer a todos los jefes, compañeros, amigos, autoridades policiales y en especial a su familiar por todo el apoyo.

El hombre lloró de tristeza, de alegría, de saber que está vivo, en definitiva todo se le juntó en la respuesta. "La verdad es que se me hace un nudo en la garganta, y se me hace difícil hablar. Pero le agradezco a usted y al diario UNO que se preocupen en saber cómo estoy".

"La verdad es que no estoy bien. No me repongo de haber disparado para defenderme y si bien traté de salvarme, de salvar a mi compañero, tuve que tomar la decisión más difícil de mi vida, disparar a costa de saber que la otra persona que nos atacaba, podía caer", resaltó.

Consultado por si apuntó al cuerpo o a una zona letal, manifestó: "La verdad es que no sé, los balazos venían y lo primero que hice instintivamente fue salvar mi vida. Disparé y ese disparo impactó. No quise matar al muchacho, pero así se dieron las circunstancias".

"Esa situación me tiene mal. Ando mal, porque no está en mi matar a nadie, y si bien hay un argumento válido, no es fácil reaccionar en esa situación límite, en milésimas de segundos", resaltó el uniformado del 911.

Al salir de la Alcaidía y recibir el apoyo de la fuerza policial, se fue a su casa, y al bajar las revoluciones, la noche se hizo muy larga. "Le digo la verdad, no pude dormir anoche, pensé en el enfrentamiento y cómo ocurrió y si había alguna alternativa. No tuvimos opción", contó para explicar: "Al caer herido el muchacho, corrimos y le grité a mi compañero que pidiera urgente una ambulancia. Nos desesperamos por ayudarlo, pero fue en vano".

"En ese momento tuvimos muchos problemas y dificultades, porque hasta que llegaron los refuerzos, la pasamos muy mal", detalló para marcar: "Hubo personas que nos comenzaron a agredir, a gritar, nos tiraron piedras, otros pasaban con palos. Querían que no cuidáramos la escena del crimen".

"Pretendían mover el cuerpo, agarrar el arma que tenía el pibe, de allí que la tuve que pisar para que no se perdiera esa prueba fundamental", indicó Ibalo.

Sobre el movimientos de algunos vecinos, admitió: "La verdad el barrio se complicó mucho, y esos minutos fueron tremendos, por todo lo que hicieron para que nos fuéramos".

Reiteró a modo de descargo: "Nos avisaron que había un problema en el Capibá, y llegamos rápido, al bajar nos recibieron a balazos y ahí tuvimos que responder para defendernos".

Amenaza a la familia

La situación judicial aún no está terminada, ya que faltan los resultados de las pruebas de criminalística que efectuará el gabinete de Gendarmería que llegará desde Buenos Aires.

Si bien todo parece ser que se está frente a una situación de legítima defensa, por los dichos de los policías, testigos y la propia autopsia, faltan otros elementos para llegar a las conclusiones definitivas.

Mientras esto ocurre, los dos policías volverán a trabajar en las próximas horas. Ellos pidieron regresar a la actividad.

Lo que no es menor, y por ello es que se efectuó la denuncia correspondiente, es que por mensajes de las redes sociales, le llegó a la esposa de Ibalo numerosas amenazas de muerte a ella, sus hijos y al propio policía.

"Es como que esto no termina nunca, y de allí es que le pido a la Justicia que proteja a mi familia. Uno está mal porque tuve que tomar una drástica decisión, salvar mi vida por sobre la de otra persona; pero ahora se meten con mi mujer e hijos", contó nuevamente con la voz quebrada por el llanto.

Ibalo, tomando las palabras del jefe Maslein, dijo: "No soy un delincuente y un asesino. y esto no es un caso de gatillo fácil".

Finalmente reflexionó: "Uno pudo actuar correctamente en el procedimiento, y sé que no tuve opción, pero también se que uno está mal porque no soy nadie para quitarle la vida a nadie. Habrá una justificación, pero es terrible tener que llegar a esto".

Transmisión de UNO en el homicidio en el barrio Capibá

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