Viernes 31 de Mayo de 2013
José Amado/ De la Redacción de UNO
jamado@unoentrerios.com.ar
Una tarde de mayo de 2011 Juan Pablo Viera llamó a sus hermanos y les confesó: “Maté a papá y lo enterré en la casa”. Horas después, el muchacho se entregó en la comisaría de Diamante acompañado por sus familiares. En la investigación, los testimonios y las pericias revelaron que Viera peleó con su padre y lo golpeó hasta dejarlo inconsciente, pero no muerto. Asustado, le puso una bolsa en la cabeza para detener la hemorragia. En los días siguientes hizo un pozo en una habitación, lo enterró y lo tapó con una carpeta de cemento, como su papá le enseñó a hacer en las changas de albañil. En el trasfondo del parricidio aparece la adicción a la cocaína que hacía un tiempo dominaba la conducta de Viera.
Ayer se realizó la audiencia de juicio abreviado, donde se manifestó el acuerdo entre la fiscal de Cámara, Carolina Castagno, y el imputado, de 36 años, quien fue asistido por el defensor oficial Jorge Balbuena. Viera se hizo responsable del hecho, tras un cambio en la calificación legal del mismo, y aceptó cumplir la pena de 19 años de prisión.
Drogas, plata y pelea
Juan Pablo era el hijo favorito de Juan Carlos, de 66 años. Un tiempo atrás lo llevó a vivir con él a Diamante y juntos hacían trabajos de albañilería, jardinería y otros oficios. Pero el hijo no pudo abandonar el consumo de estupefacientes. Sus hermanos también sufrieron la adicción, pero pudieron salir. A él en cambio la droga le doblaba la voluntad. Hasta que el 7 de mayo de 2011 Juan Pablo y su padre tuvieron un encontronazo.
El hijo estaba revisando las cosas de su padre para sacarle dinero, cuando el hombre lo sorprendió. Se fueron a las manos y en el forcejeo Juan Carlos golpeó su cabeza contra la pared y quedó en el suelo inconsciente, perdiendo mucha sangre por la herida.
Juan Pablo se asustó y pensó que ya lo había matado. Por eso, en lugar de pedir auxilio para que asistan a su padre, se puso a limpiar la sangre en el piso, pero como la hemorragia no se detenía le puso una bolsa en la cabeza. Luego decidió ocultar el cadáver: buscó una pala y comenzó a cavar en una habitación de la casa, lo enterró y lo cubrió con tierra. Para finalizar el trabajo, rehizo el piso con una carpeta de cemento y ladrillos.
Cinco días después, el 12 de mayo, Juan Pablo no aguantó más, tomó real dimensión de lo que había hecho y le confesó todo a sus hermanos, mientras hablaban por teléfono. Estos fueron a Diamante y le dijeron que se entregara a la Policía. Cuando los uniformados llegaron al domicilio de Colón y Almirante Brown, rompieron la losa y encontraron el cuerpo de Juan Carlos Viera.
Lo que hizo y lo que sabía que hizo
El hijo fue imputado por el juez de Instrucción de Diamante por el delito de Homicidio doblemente calificado: por el vínculo (la víctima era su padre) y por ocultar el cadáver, con el fin de lograr impunidad. Sin embargo, cuando la causa fue elevada a juicio, la fiscal de Cámara, Carolina Castagno, y el defensor oficial de Viera, Jorge Balbuena, analizaron los elementos y las pruebas, y llegaron a otra conclusión, por la cual cambiaron la calificación del hecho.
Entendieron que se trató de un Homicidio calificado por el vínculo en grado de tentativa, y un Homicidio imprudente. Es decir: Juan Pablo agredió a su padre con intenciones de matarlo, pero en ese primer acto no lo logró. Luego, creyendo que estaba muerto intentó ocultar el cuerpo y le puso la bolsa en la cabeza para que no siga cayendo la sangre, con lo que sí produjo el fallecimiento de Juan Carlos, aunque en esta ocasión sin querer. Esto fue corroborado por la autopsia, la cual estableció que la muerte del hombre se produjo por asfixia.
En la fundamentación de este cambio, la fiscal explicó: “Se verifica una divergencia entre el curso causal que el autor se representó al momento de la acción y el que realmente ocurrió”. Al analizar la declaración de Viera (Ver recuadro), Castagno entendió que el acusado “creyó haber consumado el delito que quería consumar, cuando en realidad el hecho no había ocurrido todavía. La consumación tuvo lugar posteriormente cuando realizó una nueva acción en la que no sabía que estaba consumando el delito, al colocar dos bolsas de polietileno en la cabeza de su padre, las cuales anudó a la altura del cuello”.
Por ello, los hechos fueron “una tentativa de homicidio en el primer tramo, porque el autor dirige su acción al lograr la muerte, resultado que no se produce por razones ajenas a él, Mientras que en el segundo tramo se responsabiliza al autor por homicidio culposo, ya que produce la muerte sin saberlo y esta era evitable”.
“La sangre me asustaba”
Juan Pablo Viera declaró ante el juez su versión del hecho: “Mi padre se golpea la cabeza contra la pared entre la cama donde él estaba acostado y la mesita de luz. En ese momento me quedo mirando y veo que no se movía para nada, y que le salía mucha sangre de la cabeza. Pensé que se había muerto, no pasó por mi cabeza que podía estar vivo. Yo dándolo por muerto definitivamente y viendo que la sangre no dejaba de salir me voy a la cocina y busco una bolsa, se la pongo en la cabeza y le hago un nudo. Mi problema era el líquido, era lo que me asustaba a mí y quería pararlo, en lo poco que podía pensar por cómo estaba”.