Lunes 31 de Octubre de 2022
La fiesta comenzó en la noche del domingo. Los primeros signos de celebración se produjeron cuando Tiago Banega empujó al fondo de la red en el momento que el cronómetro marcó 77 minutos. Para intentar dominar los nervios y la ansiedad el Pueblo Rojinegro quemó las gargantas. Lo hicieron quienes se trasladaron hacia Mendoza. A la distancia utilizaron el mismo recurso. Explotaron de emoción cuando Fernando Rapallini decretó el final del juego. La Copa Argentina se mudaba desde la región de cuyo a Paraná. Patronato es una fiesta.
En la capital entrerriana los festejos se extendieron. Rápidamente las calles de la ciudad fueron invadida por una marea Rojinegra. La plaza Primero de Mayo fue el centro de celebración de los Santos. Se extendió en el aeropuerto donde esperaron el arribo de los héroes. En caravana acompañaron a los protagonistas hacia el estadio Grella, donde fueron recibidos por otro grupo numeroso de fanáticos.
El carnaval no se detuvo. El templo sagrado reunió anoche a los fieles. Desde distinto puntos de la ciudad se trasladaron hacia barrio Villa Sarmiento. Con todo el cotillón, color y calor colmaron la tribuna de da a espalda a calle Grella y la grada lateral ubicada sobre calle San Nicolás.
El hit del momento se escuchó desde el inicio. “Llega la banda loca Patrón, La que deja la vida por vos. Siempre voy a todos lados, con los bombos y los trapos, descontralados. Vamos Rojoyneeeee” entonaron al ritmo del tema de Dread Mar I, una de las bandas de reggae nacional.
La animación de Roly Zitelli elevó la euforia de los fanáticos. Con todo el estadio a oscura las luces led de los teléfonos móviles iluminaron el escenario. Desde el túnel que comunica la zona de vestuario con el campo de juego ingresaron los dueños de la fiesta. Carlos Quintana, capitán del flamante monarca, inició la procesión. El Pelado, referente de Patringa, elevó la Copa a toda la hinchada para iniciar la canción que todo hincha desea entonar: “dale campeón, dale campeón”.
El trofeo pasó de mano en mano. Ninguno de los futbolistas perdió la oportunidad de tomar contacto con el premio y darle un beso. Luego de ubicarlo por un instante en el impecable verde césped del Grella se trasladaron hacia los fieles ubicados sobre calle San Nicolás para comenzar la tradicional vuelta olímpica.
Inmediatamente el animador anunció a cada uno de los protagonistas. Facundo Altamirano fue el dueño de la primera ovación de la noche. Marcelo Estigarribia fue otro de los jugadores que mayor devoción recibió de parte de los fieles. El estadio explotó cuando llegó el turno de Tiago Banega, el autor del gol más importante de la historia de la centenaria institución, del fútbol entrerriano.
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