aborto
Domingo 29 de Julio de 2018

Una creyente de la Iglesia que rompe los esquemas y milita por el aborto legal y seguro

Marta Alanis, presidenta de la organización Católicas por el Derecho a Decidir, rompe con el cliché de que toda persona religiosa está en contra de la interrupción voluntaria del embarazo

Desde que comenzó el debate por la legalización del aborto se instaló un cliché más en la sociedad: todas las personas católicas portan pañuelos celestes –señal de que están en contra de que se legalice la interrupción voluntaria del embarazo– y todas las que no lo son eligen el pañuelo verde, que identifica a quienes están a favor de la legalización.

Pues Marta Alanis, titular de la agrupación Católicas por el Derecho a Decidir –en Argentina existe desde hace 30 años – viene a romper este cliché. Ella es católica y participa en la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito desde sus comienzos, incluso fue una de las participantes en el equipo que desarrolló el proyecto que hoy se debate en el Senado, que data de 2007.

Marta es una católica que cuestiona muchas de las imposiciones del catolicismo, por ejemplo la falta de protagonismo de las mujeres en la jerarquía eclesial, y la incapacidad de la Iglesia de empatizar con la personalísima decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo.

Alanis ya disertó dos veces en el Congreso y participa en cuanto pañuelazo, marcha y acción que llevan adelante las personas que militan por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE).

En esta oportunidad dialogó con Diario UNO para contar cómo se puede pertenecer a una religión que, entre otras cuestiones polémicas, apuesta a la prohibición de la IVE y no estar de acuerdo ni participar en sus formas.

–¿Cómo surgió la organización Católicas por el Derecho a Decidir?
–Católicas surgió en 1987 en Argentina. Luego de un encuentro internacional por la salud de las mujeres, un grupo de médicas católicas la promovieron. El lema fue que en América Latina y el Caribe había muchas mujeres católicas que tenían que decidir, y la Iglesia era la principal barrera. La organización tuvo sus primeras oficinas en Uruguay, pero ahora está en España, Estados Unidos, Canadá y Argentina.

–¿Cuál fue la motivación que las unió?
–Surgimos como mujeres católicas que nos identificamos con los valores cristianos, pero no estamos de acuerdo con las jerarquías de la Iglesia, ni con la sexualidad tal y como se plantea dentro del catolicismo, tampoco con la postura de la Iglesia con respecto al aborto. Creemos que la moral sexual de la Iglesia es un desconocimiento de lo que pasa en la vida de las personas.

–¿En qué cree que se diferencian usted y las personas que la acompañan en esto de otras organizaciones católicas?
–Nosotras tuvimos la audacia de pararnos y dejar en claro nuestro pensamiento acerca de algunas cosas, pero somos católicas, no dejamos de serlo por esto. Lo que sí es cierto es que nuestra postura incomoda bastante a la Iglesia. Durante mi disertación en el Senado (fue el pasado 17 de julio) me interrumpieron muchas veces, no fue fácil.
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–¿Cuál es el trabajo que realiza "Católicas"?
–Nos reunimos, nos organizamos, producimos material, dictamos cursos. Nos hacemos cargo de cómo vivimos la sexualidad, si pasamos o no por la experiencia del aborto. Mientras que las mujeres católicas no hablan del tema. Entonces, cada vez que decidimos decir lo que pensamos, hay muchas mujeres que ya no se sienten tan solas.

–¿Es una falacia creer que las mujeres católicas no abortan?
–Lo cierto es que las mujeres católicas recurren al aborto como cualquier mujer de otra religión o sin religión. Nosotras hacemos una contribución a la transparencia, a la libertad, a la salud de las mujeres, a la posibilidad de expresarse y de hablar de estos temas.

–¿Cree que de ahora en adelante el tema dejará de ser tabú?
–En la gran movida que se ha formado en torno a la demanda por el aborto legal muchas han salido a manifestarse. Hay un punto de maduración en la sociedad que no siempre se refleja en la clase política, que muchas veces está mirando para otro lado.

–¿Aun con la media sanción de Diputados?
–Hay que estar atentas acerca de cómo se da el debate en el Senado. Muchos senadores están de acuerdo, pero hay otros que parece que viven en otro mundo. Invitan a expertos que no son expertos, se permiten decir cualquier barbaridad sobre las mujeres.

–¿Por qué cree que el proyecto de IVE, que estuvo 12 años cajoneado en el Senado, se dio ahora?
–Porque hay una gran tensión entre la Iglesia y el Ejecutivo actual, que sirvió para que el debate saliera a la luz. El presidente Macri no lo puso porque sí, lo puso por una confrontación real con la estructura eclesial.

–El motivo es, básicamente, la coyuntura.
–Por supuesto. Y nosotras si tenemos críticas al Gobierno se canalizarán por otro lado. En estas condiciones es posible que salga, más allá de lo que pensemos o no de la gestión actual del Ejecutivo.

–¿Qué razones cree que confluyeron para que se postergara tanto esta discusión?
–Entre la presentación del proyecto y el debate de hoy hubo un punto de inflexión que fue la aparición de un Papa argentino, esto cambió las condiciones completamente, hizo falta una gran capacidad para instalar este tema.

–¿Por qué cree que en el gobierno anterior no se dio?
–Muchos políticos creen o creían que el tema del aborto genera un gran costo político si se decide votar a favor. En realidad yo pienso que ahora es al revés. El costo político es votarlo en contra porque el movimiento es enorme. La política va a perder; cuando la clase política no respeta las demandas populares y masivas, la gente deja de creerle.

–¿Usted es católica practicante, va a misa por ejemplo?
–La verdad es que no me siento obligada a ir a misa todos los domingos. A veces voy con alguna intención en particular, como cuando hay despedidos de una fábrica. Pero no sigo al pie de la letra esas disposiciones.

–¿Hay sacerdotes que están a favor de la legalización del aborto?
–Hay sacerdotes que sí se animan a decirlo. Los que están activos se cuidan mucho, lo dicen con medias palabras. En Córdoba, por ejemplo, hay un sacerdote que tiene cerca de 90 años y comprende que ninguna mujer recurre al aborto de manera irresponsable, cada mujer que decide abortar debe dirimir primero un problema ético.

–¿Desde la teología se sostiene la creencia de que hay vida desde la concepción?
–No se considera al feto como persona en ningún lugar del magisterio de la Iglesia. Estas afirmaciones no están basadas en la realidad de las enseñanzas de la Iglesia. Juegan con un discurso que confunde.

–¿Han tenido problemas con la institución eclesial por su postura y por cómo se llaman?
–A veces aparece una voz desde la Iglesia que dice que no somos católicas, pero no nos amenazan porque lo que decimos es cierto. En ningún lugar está escrito que el aborto sea comparado con un homicidio. Que el feto es persona. De todas maneras es un error decir que estamos de acuerdo con el aborto. No es que deseamos que suceda, es que sucede. No dejarlas abandonadas a las personas que abortan o dejarlas abandonadas, ese es el problema.



Fuente: La Capital