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Un rottweiler entrenado para repeler ladrones le arrancó un brazo al dueño

El perro lo mordió cuando bajó del auto en su casa. Lo salvó un vecino que entró y lo mató con un collar de ahorque. El hombre de 43 años perdió el brazo izquierdo en el ataque.

Viernes 28 de Noviembre de 2014

Un hombre de 43 años perdió el brazo izquierdo tras ser atacado por uno de sus dos perros rottweiler en su casa de la ciudad de Neuquén, según publicó el diario provincial La Mañana, en su edición digital. El hombre fue salvado por un vecino, que entró a su casa y mató al perro con un collar de ahorque, antes de que interviniera la policía. El perro ya había matado a dos ladrones y causado graves heridas a otros dos, cuando intentaron robar en la vivienda.

Emilio Muñoz todavía no entiende qué fue lo que pasó, qué llevó a su perro rottweiler a atacarlo y destrozarle el brazo, al punto que los médicos tuvieron que amputárselo. El animal, sacrificado por un vecino luego del ataque, había sido comprado en un criadero de la ciudad bonaerense de Bahía Blanca. El propio Emilio había participado en el adiestramiento que le dio un especialista desde que era un cachorro.

"Compré el perro porque estaba cansado de que me robaran", asegura, tendido en la cama del tercer piso del Hospital Castro Rendón, donde permanece internado junto a otras dos personas.

Emilio, empleado de un estudio contable y oriundo de la ciudad rionegrina de Villa Regina, es de contextura mediana. Su voz es serena, pese al trauma que pasó el sábado, dos días antes de que cumpliera 44 años.

El hombre tiene todavía las huellas del feroz ataque: hematomas en la cara y el pecho, profundos arañazos y cortes. Una de las rodillas es la más lastimada. Fue el lugar de la primera mordida.

"Me quisieron robar siete veces y él fue el que me salvó", repite, mientras toma unos mates que le ceba un familiar.

Emilio asegura que no hubo alarma, ni reja ni nada que frenara a los delincuentes que tenían su vivienda como blanco favorito. La solución la encontró en Otto, aquel rottweiler temible que inspiraba respeto y al que con el tiempo acompañó con otra perra de la misma raza. Ambos no vacilaban en atacar hasta matar a quien cruzara los límites de su propiedad.

Mataron a dos ladrones. En uno de esos intentos de robo que sufrió Emilio, los dos perros demostraron el grado de ferocidad que podían alcanzar. "En mi casa murieron dos personas", relata, casi con un hilo de voz. "Lamento la gente que murió ahí adentro, pero eran ladrones. Uno fue adentro de mi dormitorio y el otro fue en el patio", recuerda. Otros dos sufrieron heridas de gravedad y se recuperaron con el tiempo. Por esos episodios, Emilio reconoce que tiene "algunos problemas judiciales". "Los ataques ocurrieron porque ellos se metieron en mi casa", sostiene.

Otto y su compañera eran una dupla letal y sanguinaria, pero nunca mordieron a alguien que no fuese un intruso que se metía en la casa. Menos pensado aún aparecía que pudieran atacar a su propio dueño. "No sé qué pasó", reconoce con la mirada perdida.

El ataque. El sábado, Emilio regresó a su casa del barrio Huiliches como lo hacía todos los días. Esa tarde entró el auto, cerró el portón y fue a saludar a sus dos perros. El ataque fue fulminante y rápido. Otto lo mordió en la rodilla y lo tiró al suelo. La perra se fue a su cucha, como asustada. "¡Otto: soy yo! ¡¿Qué me hacés?!", gritaba Emilio. Pero el perro seguía ciego, a las dentelladas, con su pierna.

En un momento dado, logró zafar del ataque y liberó su extremidad, pero el perro se abalanzó nuevamente y lo tomó por el brazo izquierdo. "No pude zafarme, creo que me mordió hasta que se cansó", asegura.

Los gritos y llantos de Emilio alertaron los vecinos, que llegaron inmediatamente. Algunos intentaron meterse, pero cuando vieron al enorme perro devorándole el brazo a su dueño se quedaron tras las rejas.

Solo Luis, un vecino que en más de una oportunidad se había quedado de cuidador en la casa de Emilio, intervino casi al mismo tiempo que llegaba la policía. Como sabía dónde estaban las pertenencias de los perros, ingresó a la casa, tomó un collar de ahorque y decidió tratar de neutralizar a Otto, que seguía gruñendo furioso con la boca ensangrentada.

Luis se acercó decidido y logró enlazar la cabeza del perro hasta que lo dominó. Emilio, en tanto, les gritaba a los policías que mataran al animal. "Ya no me importaba nada", reconoce.

Retorcido de dolor y con el brazo prácticamente destrozado, Emilio logró incorporarse y, por última vez, vio a su perro con vida. Atrás habían quedado los buenos momentos que había pasado desde que Otto era un cachorro. También aquel carro de un eje que había comprado para llevarlo de paseo junto a su compañera; los juegos en el patio, las corridas y los zambullones en la pileta. "¡Mátenlo!", repitió entre llantos.

Luis comenzó a apretar el collar cada vez más hasta que Otto dejó de tironear. Minutos después murió. Los sonidos de la ambulancia del Sien comenzaron a sentirse cada vez más cerca, hasta que estacionó en la puerta y los paramédicos cargaron al herido en una camilla. Al constatar las heridas lo llevaron al hospital.

Los vecinos volvieron a sus hogares consternados, llenos de pánico e impresión y la noticia comenzó a correr por todos lados. Emilio, el hombre que se compró dos perros feroces porque estaba cansado de la inseguridad, casi termina comido por una de sus mascotas. Una historia increíble y aterradora.

La perra rottweiler que acompañaba a Otto, el perro que atacó a su dueño y casi lo mata, quedó en observación en la dirección de Zoonosis de la Municipalidad de Neuquén, mientras que el cadáver del animal será sometido a una serie de estudios veterinarios que traten de dar alguna respuesta a semejante arranque de agresividad. "Le tienen que hacer estudios para ver si se trata de alguna enfermedad que se transmite a través de algún gen o si es otra cosa", explicó Emilio. Por lo pronto, el veterinario le pidió al hombre que, una vez que se recupere de sus lesiones, se comunique con todas aquellas personas que pueden estar expuestas a un ataque similar. Es que Otto y su compañera tuvieron descendencia. Y hay nueve cachorritos que ya tienen dueños.

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