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Sábado 04 de Mayo de 2019

Tendencia inédita: en Santa Fe, la mitad de chicos adoptados tiene más de 8 años

Con campañas de concientización y cambios en el sistema, la provincia quebró la estadística nacional. En el país, sólo el 1% de los adultos acepta niños de esa edad.

La pequeña tenía 13 años. Vivía en una institución de San Lorenzo desde los nueve y buscaba, otra vez, sentir el calor de un hogar, la compañía de una familia. Ana, una mujer soltera, docente, se anotó para adoptarla. No fue la única. Otras 455 personas de 22 provincias se sumaron a la novedosa convocatoria online abierta desde la Subsecretaría de Asuntos Registrales del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Santa Fe.

En octubre de 2017 la historia de la adolescente recorrió el país. Sólo en tres horas había 100 inscriptos. La iniciativa despertó el interés de hombres y mujeres de entre 25 y 75 años, 107 de ellos solteros, cinco extranjeros y diez matrimonios igualitarios. Un mes después, luego de algunos encuentros entre la docente y la joven --el primero en el Monumento Nacional a la Bandera de Rosario--, la Justicia de Familia avanzaba para otorgar la guarda preadoptiva de la nena. Luego compartieron dos viajes a Córdoba, prepararon juntas la habitación donde dormiría la adolescente. Ana cumplió con un deseo puntual de ella: comprar una cama cucheta para que a la chica la pudiese visitar su hermano.

El lunes pasado la Justicia cerró la adopción definitiva, confirmando una tendencia inédita que experimenta Santa Fe: la mitad de los chicos que encontraron un nuevo hogar tienen más de ocho años. En el país las cifras son otras: sólo el 1% de los adultos que se anotan aceptan chicos mayores de ocho.

En la Subsecretaría de Asuntos Registrales santafesina creen que el caso de la chica adoptada con el impulso de una convocatoria pública fue emblemático y que en 2017 comenzó a registrarse un cambio en la tendencia con la edad de los chicos que consiguen una nueva familia.



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En 2016 se concretaron 49 vinculaciones en la provincia: sólo tres chicos tenían más de tres años. Pero ya se trabajaba en modificaciones reglamentarias para quebrar la burocracia, facilitando y acelerando los procesos de registración. El paso siguiente fue iniciar una campaña para concientizar a la gente sobre "cuáles son las niñas y los niños reales que están en el proceso de adopción", según explicó Matías Figueroa Escauriza, secretario de Gestión Pública.

"Empezamos a desmitificar que la adopción es lenta y empezamos a contar que sería lenta si el que quiere adoptar lo hace sólo en el caso de que se presente un bebé o un chico de muy poquitos años", plantea el funcionario.

En 2017 lograron lo que parecía impensado: 102 vinculaciones, 55 de ellas correspondientes a niñas y niños de entre 8 y 18 años. En 2018 se repitieron los números: sobre 115 procesos de adopción, 57 eran adolescentes. La convocatoria pública y nacional, a través de una página de Internet y para los casos más complejos, colaboró para consolidar el proceso.

El registro actual de la provincia tiene entre 850 y 1.000 aspirantes. En 2016 el 90% sólo quería adoptar chicos de hasta tres años. Con los cambios, hubo un vuelco notable: en la actualidad un 27% expresa su voluntad de no poner ningún tope en la adopción, aceptando chicos de cualquier edad. "Comparando esta estadística con la media nacional, que es del 1%, se nota la tarea de concientización", celebra Figueroa Escauriza.

Las convocatorias abiertas son el último paso del proceso de adopción. Primero se busca encontrar a una persona o pareja inscripta en el Registro Unico de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Ruaga). Si no se concreta, se recurre a la Red Federal, presentando el caso a todos los registros del país. Se aguardan 20 días. Si no hay respuestas, se utiliza la última opción: el llamado público. Si esa instancia también falla, los chicos quedan en alguna institución hasta cumplir los 18 años.

La convocatoria abierta provocó un furor inesperado en octubre de 2017, con el primer caso que se hizo público. Hasta una mujer soltera de nacionalidad australiana se anotó. Finalmente fue Ana, la docente de la localidad de Funes, la elegida.

Las normativas locales para ordenar el proceso de adopción, la difusión pública, la convocatoria abierta, permitieron por ejemplo que en julio del año pasado una comerciante cordobesa, habitante de una pequeña localidad de esa provincia, adoptara a tres hermanitas santafesinas de 9, 13 y 15 años que no querían separarse.

"El lazo que se generó fue fuerte de ver. Parecía que se conocían de toda la vida", plantean quienes abordaron esa historia. Un dato que los impactó de aquel caso: la nena más grande cumplía en la práctica el rol de madre. La aparición de un nuevo hogar le permitió relajarse, volver a mostrar conductas propias de una adolescente.

Un caso actual es el de un matrimonio bonaerense que también vive en Córdoba y que termina de lograr la guarda provisoria de tres hermanos: un nene de 9 y dos chicas de 12 y 14 años.

Este jueves los hermanitos viajaron con su nueva familia para conocer su nuevo hogar en otra provincia. En los próximos meses, después de un monitoreo interdisciplinario, se espera la confirmación de la guarda definitiva.

En la actualidad, Santa Fe busca hogar para 20 chicos de entre dos y 16 años. Dos casos plantean dificultades para hallar adoptantes. Un adolescente de 16 que presenta una discapacidad y un grupo de cuatro hermanitos del sur provincial de 8, 10, 12 y 14 años. "Mientras haya un niño o niña en la provincia que no tenga una familia, no podemos estar satisfechos", concluye Figueroa Escauriza sobre la labor que encabeza.
Esos chicos que por el momento permanecen en el registro sueñan con encontrar una familia, un hogar. O "un futuro regado de amor" como el que auguró para Ana, en octubre de 2017, la jueza Gabriela Topino. Esa magistrada fue la encargada de otorgar la guarda preadoptiva de la primera niña en ser anotada en la convocatoria pública. Un año y medio más tarde decenas de chicos, la mitad de ellos mayores de ocho años, siguieron un camino semejante que les cambió la vida.

Fuente: Clarín.

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