Justicia
Miércoles 20 de Marzo de 2019

Rosenkrantz admitió una crisis de confianza de la sociedad con el Poder Judicial

El presidente de la Corte pidió a los jueces que abandonen conductas "personalistas" y "estridentes" para recuperar legitimidad

Buenos Aires.- El presidente de la Corte Suprema de la Nación, Carlos Rosenkrantz, admitió ayer que "los argentinos están perdiendo la confianza en el Poder Judicial", pero afirmó: "Estamos a tiempo de revertir esa crisis de legitimidad" si se respetan "puntillosamente" las reglas.
Rosenkrantz formuló estos conceptos al disertar en la apertura del año judicial, en un acto que contó con la participación de integrantes del alto tribunal, el ministro de Justicia, Germán Garavano, y magistrados federales de distintos fueros de todo el país, aunque hubo ausencias notorias.
En su discurso, el presidente de la Corte Suprema aseveró: "Estamos frente a un desafío porque la legitimidad es esencial", y subrayó: "Con la capacidad de nuestra gente es posible encontrar una solución".
El magistrado subrayó: "Ser jueces no es un privilegio, sino que estamos para servir a la ciudadanía con el Derecho", al disertar ante los restantes miembros de la Corte.
En su discurso, Rosenkrantz se refirió a "la sospecha de que servimos a intereses ajenos al Derecho", por lo que, señaló: "Para recuperar la confianza debemos esforzarnos y demostrar que respetamos puntillosamente las reglas".
En esa misma línea de pensamiento, dijo: "Nuestras decisiones deben estar estructuradas por principios. Debemos estar comprometidos a aplicar esos principios aunque el resultado sea impopular o antipático". En ese sentido, el presidente de la Corte pidió que el esfuerzo sea "colectivo" y reclamó "una línea de continuidad" en la labor de los magistrados, porque "cualquier claudicación" en lo que calificó como "un camino largo" servirá a que se diga que "en los jueces no se puede confiar".
"Para ser coherentes se paga un precio alto", expresó Rosenkrantz, y opinó que en un pleito "no importa qui{en gana, sino que el resultado venga por razones que lo justifiquen".
Paralelamente al discurso de su presidente, la Corte definió ayer por unanimidad otorgarle al juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, la asistencia que solicitó ante los legisladores de la comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados el miércoles de la semana pasada (Ver p{agina 10)
Rosenkrantz pronunció su discurso de media hora en un auditorio que reunió al jefe del gremio de los judiciales Julio Piumato, el ministro Germán Garavano y los ministros de la Corte Ricardo Lorenzetti, la actual vicepresidenta del cuerpo, Elena Highton, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti.
En su discurso, el presidente de la Corte planteó que "la confianza es un bien frágil" que "una vez rota es difícil de recuperar", aunque señaló que eso "es posible" para lo cual "hay que prescindir de estridencias y personalismos".
Rosenkrantz consideró: "La magistratura debe poder evaluarse para que se compruebe que lo que hacemos responde a reglas claras" y, en tal sentido, mencionó tres medidas (digitalización de expedientes, creación de agenda de causas trascendentes y proyecto para compras y contrataciones de la Corte) que "muestran nuestro compromiso".
El presidente de la Corte se mostró esperanzado y reveló que tenía "una convicción profunda" porque en el caso de los jueces, ponderó, "la enorme mayoría trabaja con ahínco y quiere estar a la altura de sus responsabilidades".


Sillas vacías y guerra de egos

Era la primera vez que Carlos Rosenkrantz inauguraba el año judicial, una ceremonia que puso en práctica su antecesor, Ricardo Lorenzetti. Apenas a unos pasos, sentado en la mesa principal junto al resto de los ministros, Lorenzetti escuchó el discurso del hoy presidente de la Corte. A su lado estaban Elena Highton, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti. Pero esta vez el auditorio era diferente: gran parte de los jueces de Comodoro Py habían pegado el "faltazo" y los magistrados de primera instancia ya no ocupaban un lugar privilegiado en la sala principal.

"Estricto protocolo", fue la respuesta que dieron desde la organización. Sin embargo, los integrantes de los tribunales federales de Comodoro Py ya habían sido alertados de qué lugar les tocaría. En la primera fila, estaban de un lado los integrantes de la Cámara Federal de Casación Penal y del otro jueces de las cortes provinciales.

"Es lógico. Los protagonistas no son los soldados sino los generales", dijo uno de los que sí estuvieron en primer lugar. Cada silla tenía asignado el nombre del ocupante. Alguien vio a un magistrado cambiando el nombre del asiento que le había tocado para estar más cerca, porque el dueño original no había llegado aún.

"Durante siete años estuve en primera fila, hoy me tocó la segunda", se lamentaba por lo bajo un integrante de la familia judicial.

A la mitad del salón, se ubicaron los integrantes de la Cámara Federal. Allí se sentaron los jueces de la Sala I Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Mariano Llorens. El juez Martín Irurzun no estuvo presente. En esa línea también se sentaron los jueces de los tribunales orales.

Las grandes ausencias fueron las de Claudio Bonadio, Ariel Lijo y Julián Ercolini.

Pero los jueces no fueron los únicos presentes en el acto. Hacia los costados del salón, se ubicaron los representantes del Consejo de la Magistratura, como Alberto Lugones, Juan Manuel Culotta, Diego Molea, Juan Pablo Más Vélez, Marina Sánchez Herrero, Juan Bautista Mahiques y los diputados Pablo Tonelli, Graciela Camaño y Eduardo Wado De Pedro.

También allí estuvieron los funcionarios del gobierno nacional, encabezados por el ministro de Justicia Germán Garavano. También dijo presente el gremialista de los judiciales, Julio Piumato.

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