Economía
Domingo 14 de Enero de 2018

Pasaron los Reyes pero Macri se resiste a retirar sus mocasines

Sorprendido por el "regalito" de Trump, el Presidente no se resigna y deja los zapatos, con la ilusión tan crecida como el déficit.

Fueron las matemáticas (no los ojos) las que nos revelaron al planeta Neptuno. Los telescopios corroboraron, luego, lo que los cálculos anticipaban indagando en la órbita de Urano. Esa capacidad premonitoria le vendría al pelo al presidente argentino en estas horas, cuando los números le son adversos.


Al analizar la órbita de la Argentina en medio siglo podríamos presumir, por caso, que el submarino San Juan iba a desaparecer, por una de estas vías: un accidente, o un bombardeo. (Lo decimos, claro, con el diario del día después. Ni falta que hace confesar que no somos astrónomos, profetas ni magos).


La sinfonía colonial hacía del submarino una nota discordante. ¿Para qué querría la terrorista OTAN una Argentina con poder de patrulla, si ya tiene a Gran Bretaña con el mayor arsenal colonial del planeta dominando el Atlántico Sur? Un submarino, y reparado en casa: intolerable insubordinación de una colonia.


Paz mentida

Sea por una falla o por una acción externa, la desaparición del San Juan es más lógica que su presencia en nuestros mares. La implosión también es lógica en un Estado devastado, sea por la desarticulación o por la corrupción funcional, si recordamos que el imperialismo deja a sus socios de la alta burguesía llevar agua para su molino.


Por las matemáticas sabemos que a los usurpadores del Atlántico Sur les conviene una Argentina de rodillas. Basta mirar su parábola. (Lo que no hicieron los Galtieri y compañía en su momento).


Ahora, la casta gobernante de la Argentina, ¿menosprecia las matemáticas y la astronomía? El presidente Mauricio Macri parece, por ahí, derrapar. Se ilusionó como un chico en la reunión con el presidente de los Estados Unidos Donald Trump. Para pincharle el globo amarillo, el no menos amarillo zar del norte le acaba de encajar un arancel del 72% a los biocombustibles argentinos, cuando exportábamos el 90% a Estados Unidos: gancho al mentón, que le dicen.


EEUU dice que el combustible argentino hace trampa con el dumping, es decir: recibe favores que otros industriales no tienen.


No hay que rasgarse las vestiduras: lo que parece un chiste se llama negocio. El primer mundo vive favoreciendo a sus empresas con mil estratagemas. A la colonia no se le permite siquiera favorecer a las empresas de afuera, como son muchas de las productoras de biocombustibles aquí.


Nuevo embajador

El nuevo embajador argentino en los Estados Unidos, Fernando Oris de Roa, dijo hace pocas horas que la Argentina tiene un interés económico en Estados Unidos, y los del norte un interés político en la Argentina.


No sólo soltó la idea de hacerle guiños a Donald Trump en sus posiciones internacionales, un riesgo que correría solo un país colonial, sino que insinuó también que no es la economía la que mueve al norte. ¿Qué explicación le da entonces al arancel del 72%, que nos saca del mercado?

Y por otro lado, ¿qué hará Oris de Roa cuando Trump le pida apoyo en sus locuras, empezando (y lo más leve) por la descalificación de Haití, El Salvador y países de África, a los que consideró agujeros de mierda?


Antes, Macri le había hecho ya una seña a Trump habilitando la importación de carne de cerdo estadounidense... ¿No subsidia EEUU la producción porcina? La avanzada de los estadounidenses con las piernas de cerdo hacia el sur ya recibe reproches en México, por caso. Pero cándidamente abrimos las puertas. Tarde se está dando cuenta el presidente argentino de los códigos: cerrarle un ojo al imperio equivale, en criollo, a tirar la toalla.


Los gobernantes argentinos no estudian astronomía, tienen cero en pronóstico, y dan cátedra de neoliberalismo, apertura y mercado libre por el orbe.


Decíamos que varias de las exportadoras argentinas de biocombustibles, instaladas en Santa Fe, son... estadounidenses (Cargill, Dreyfus). Ahora buscamos abrirles mercado en Europa...


Así es como esas multinacionales ganarán en Estados Unidos, donde producen biocombustibles, y ganarán aquí comerciando con el viejo mundo... Negocio redondo que el menos lúcido de los meteorólogos anticiparía.


Deficitarios

El mensaje es claro: los imperios quieren que la Argentina cumpla su rol dentro de la economía primaria, en la división internacional del trabajo que el primer mundo maneja. Hoy: vender porotos y comprar tecnología. Nos prestan dólares para que los gastemos en productos que importamos. Nuestra viveza criolla debiera constar en el libro de los récords.


Si ya somos deficitarios en la balanza comercial, qué podremos decir de la balanza en relación a las fuentes de trabajo. ¿Cuánto empleo da lo que exportamos y cuánto lo que importamos? Los bienes que exportamos a China no dan trabajo intensivo en la Argentina, y los que China exporta a la Argentina sí dan trabajo intensivo allá. Aun así, tenemos déficit.


Y claro, no lanzamos el grito de basta porque nos mantienen en esa suerte de agonía con el suero del endeudamiento. Los usureros de la deuda pública no son parasitoides, que matan a su huésped, sino parásitos: nos necesitan vivitos y coleando.


La Argentina viene de un déficit récord en la balanza comercial, sea con Brasil, Estados Unidos o China; y otro récord en el endeudamiento en moneda extranjera. Entonces aparece Trump y, como regalito de reyes, le rompe a Macri el sueño del biodiesel. ¡Con amigos así!


Si la Argentina sigue en el plano inclinado del endeudamiento y la debilidad, ¿cuánto faltará para que los estados expansivos, imperiales, desembarquen para la "compra" de territorios, blandiendo sus billeteras, o sus títulos de deuda, como lo hicieron en ese fraude histórico de los años 90?


Nuestro presidente no se rinde y se ilusiona con un sinfín de multinacionales desembarcando en la Argentina porque nos quieren sanos, fuertes, lúcidos, vigorosos, polenta-polenta, y nos tratan como a pares. Es entonces que, ya mediando enero y con el almanaque vencido, deja nomás sus zapatitos con la esperanza de que los Reyes estén en camino. Fe es lo que sobra.

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