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Macri condiciona a los gobernadores

De manual. Las medidas con que el Presidente pretende revertir el resultado electoral de las PASO recaen sobre los recursos provinciales. Aun en el desbande, el oficialismo es coherencia. y no toca al sector agroexportador

Sábado 17 de Agosto de 2019

“No sonría”. La indicación fue precisa y él obedeció. Lo normal hubiera sido no sonreír, pero Mauricio Macri no caía en la cuenta de la tragedia. Leyó en el telepronter con la poca gracia que siempre tuvo, pensando tal vez que la cosa no es tan complicada. Si basta el anuncio de unas pocas medidas de alivio para revertir el resultado electoral, entonces no es tan difícil mantenerse en el poder.

El presidente real había hablado antes, el lunes, cuando advirtió que la devaluación feroz que había comenzado era un anticipo de lo que vendría por no votarlo a él. Él decidió dejar correr el dólar más allá de los 60 pesos, para asustar, para castigar. Lo han reconocido incluso los macristas o los voceros del mercado, el gran amigo del Presidente.

Luego vino el anuncio de las medidas reparadoras. Se trata de algunas decisiones tendientes a aliviar a algunos sectores, e incluso varias de ellas de dudoso cumplimiento, que fueron tomadas por dos meses (hasta la elección) o tres a lo sumo (congelamiento del precio de los combustibles). Que no son un programa, sino la sencilla intención de buscar revertir un resultado que es irremontable. ¿Habría que votar al que te empobreció durante tres años y medio sólo porque dos meses antes de la elección decidió atenuar sus políticas? En el Gobierno piensan que sí.

El gobierno de Macri ya se agotó, queda un esperpento. Parece haber un solo argentino que cree que será beneficiado si el presidente completa su mandato: Alberto Fernández, pensando tal vez en no quedar expuesto a que los mercaderes de la historia lo tilden dentro de 20 años de desestabilizador.

Al resto la cuestión de si completa o no el mandato no les resulta prioritaria. Sí, las consecuencias de esa decisión. Son los Ceos de las empresas, además de políticos y jueces, los que hablan del artículo 88 de la Constitución Nacional y de la Ley 25.716 (de Acefalía), que establecen lo que ocurriría en caso de renuncia.

Los sectores medios y bajos deberán enfrentar una inflación de alimentos que se calcula entre un 15% y un 25%. Los jubilados siguen castigados, para ellos no hay medidas.

El sector agroexportador es amigo del Gobierno, y por eso no lo toca: se habló de subir las retenciones dos pesos por cada dólar para afrontar el costo de las medidas “de alivio”. Dos pesos por dólar representa una pequeña parte de lo que se revaluó la divisa, y por ende esa suba iba a quedar licuada en el proceso devaluatorio del pesos. Pero finalmente no hubo nada de eso, no fueron los agroexportadores los que lo votaron a Fernández.

La situación del Gobierno es tal que Macri no encuentra reemplazante para el ministro de Economía Nicolás Dujovne. Tras ensayar una tibia oposición al maquillaje populista, no se vio más a Dujovne, a quien no sería fácil echar porque está apadrinado por el FMI. Ni Rogelio Frigerio, ni el ministro de Economía bonaerense Hernán Lacunza quisieron oficiar de reemplazo. Dujovne se quedó hasta ayer solo por eso. Poco después de las 18, se informó que Lacunza había aceptado el cargo, bajo presión obviamente.

Hay un desbande en el macrismo. El consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba abandonó el país tras discutir con el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta sobre cuánto y quién le pagará durante la próxima gestión. Carrió habla de los muertos que deberán sacar de la Casa Rosada cuando ellos se vayan.

Medios y periodistas macristas se atropellan para abandonar el blindaje que le brindaron al Gobierno a un elevado costo. Todo este tiempo sostuvieron ideas como el destino venezolano que le esperaba al país con el peronismo gobernante, o justificar en la corrupción del pasado las políticas de hambre y la corrupción del actual. Pero ahora parece que solo se trató de una percepción errónea de la realidad.

Incluso ahora muchos de esos periodistas sostienen la importante tarea que debería desempeñar el papa Francisco para lograr estabilizar el gobierno macrista. No se ruborizan siquiera al hablar del mismo pontífice al que –mandados por el gobierno– atacaron encarnizadamente desde cuanto micrófono, cámara o computadora tuvieron a mano. Todo porque Bergloglio no se convirtió en un agente de propaganda de Cambiemos, como ellos esperaban. El salto que le pedían al exarzobispo porteño era demasiado: de la Teología del Pueblo en los años 60 al neoliberalismo de amigos. Y ahora le exigen su mediación.

Los radicales están en fuga, y aseguran la retirada pegando mientras retroceden. Fueros de los socios tímidos de la gestión macrista. Se conformaron con poco y patalearon sólo en privado.

La gobernadora Vidal se muestra desangelada. Ya no goza de su condición de invencible, e incluso en su entorno admiten que la derrota frente a Axel Kicillof podría ser mayor en octubre. La difusión de un video donde utiliza un caso de violencia de género para hacer campaña, vulnerando los derechos de la víctima, es parte de ese perfil desdibujado. Asegura el diario económico BAE que la gobernadora ya negocia un puesto en la gestión Larreta, donde piensan refugiarse muchos de los que dejen los sillones en la gobernación bonaerense o en la Rosada.

El candidato a vicepresidente de Juntos por el cambio, Miguel Pichetto, sostuvo públicamente que el Presidente “está en control”, lo que equivale a reconocer que no lo está, sino ¿para qué decirlo?

Frente a este desmadre, los gobernadores peronistas observan azorados que el Presidente se despide con la intención de generarles cuatro meses de severo desfinanciamiento, ya que el mayor porcentaje del costo fiscal de las recientes medidas económicas será soportado por las administraciones provinciales.

Ni siquiera en esta instancia en que se decide a buscar/promover un cambio (insólito por cierto) de la conducta electoral de los argentinos con una suerte de prebenda, el macrismo pone del dinero de “su caja”, esto es del Tesoro Nacional, al que sí echa mano para financiar la fuga de dólares por parte de los amigos.

El esfuerzo pasará por las provincias, incluso las que gobiernan aquellos mandatarios peronistas que fueron acuerdistas con el macrismo.

El gobernador Gustavo Bordet, que hizo su reciente campaña electoral poniendo el acento en la normalización de las cuentas provinciales que recibió del anterior gobierno peronista, ahora deberá ver cómo gobierna con una reducción tremenda de fondos decidida por el macrismo.

E incluso se ve obligado a andar aclarando a cada momento que no reniega de esas medidas contranatura del macrismo, sino del financiamiento que se le impone. En ese nuevo escenario los próximos cuatro meses no serán sencillos para la administración provincial.

Los gobernadores peronistas tienen previsto reunirse el miércoles y dar a conocer un documento en el que seguramente le reclamarán al gobierno nacional una compensación por la disminución de sus ingresos.

Se lo plantearán a un gobierno que entiende la práctica electoral como un sistema en el cual bastan una pocas medidas transitorias para cambiar las voluntades. ¿Qué les pedirá el gobierno nacional en ese toma y daca? ¿Otra vez una campaña light para las elecciones generales? ¿Desentenderse nuevamente de Alberto Fernández, como ya se los solicitó anteriormente ? Son pedidos a los que resulta difícil acceder, más si se considera que Fernández está muy cerca de convertirse en presidente en la primera vuelta. Pero más difícil aún si se entiende que esa actitud resulta funcional a Macri.

Pero, por qué habría Macri de compensarlos si no hay una contraprestación política. Ese Macri extraviado, que alucina con dar vuelta el resultado electoral, no les debe nada.

Tal vez los gobernadores no lo digan, pero lo mejor que podría pasarle a la administración provincial es que Macri se vaya antes, para permitir una reformulación en serio de las políticas económicas.

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