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Viernes 20 de Abril de 2018

La ONU denunció torturas y abuso de armas en cárceles argentinas

El relator de Naciones Unidas sobre Tortura recorrió centros de detención en Buenos Aires, Córdoba y Formosa. Pidió medidas

Buenos Aires.- Hacinamiento inhumano en celdas, torturas y uso abusivo de armas de fuego son algunas de las muestras del maltrato que prevalece entre las fuerzas de seguridad y el sistema carcelario de Argentina, según un informe presentado ayer.
El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre Tortura, Nilson Melzer, dijo en una conferencia de prensa luego de visitar Argentina en las últimas dos semanas que aunque "se ha recorrido un largo camino desde el oscuro período de la dictadura militar" de 1976 a 1983 gracias al castigo a los responsables "parte de la arquitectura opresiva del pasado aún sobrevive dentro de los sistemas carcelarios y de seguridad".
Estas prácticas podrían colocar al país nuevamente en un círculo vicioso con una sociedad marcada por "la indiferencia, la arbitrariedad y el abuso".
Melzer dijo haber mantenido un diálogo franco con distintas autoridades que cooperaron abiertamente y que constató el sufrimiento de numerosos reclusos, indígenas y activistas por los derechos humanos que compartieron sus historias durante las visitas que realizó a cárceles, comisarías y centros psiquiátricos en la Ciudad de Buenos Aires y las provincias de Córdoba, Buenos Aires y Formosa.
El relator consideró que las autoridades deben "actuar ya" e indicó que aunque son conscientes de las condiciones de maltrato no parecen tener una solución.
"Apelo a la sociedad argentina y a las autoridades de estar a la altura de los logros históricos y rechazar toda forma de tortura, inhumanidad", exhortó el funcionario al presentar sus observaciones y recomendaciones preliminares que serán incluidas en un informe final que presentará en 2019 al Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Melzer hizo hincapié en las condiciones de detención "totalmente incompatibles con la condición humana" que sufren reclusos en comisarías y penitenciarías provinciales.
Por ejemplo –apuntó– en el establecimiento penitenciario 9 de Córdoba celdas de tres metros por cuatro contienen 10 reclusos encerrados durante 16 horas por día sin instalaciones sanitarias, luz artificial ni espacio para moverse. "Comen en la cama. Orinan y defecan en recipientes plásticos, excepto durante dos períodos de cuatro horas diarias cuando se abren las celdas".
Los internos pueden llegar a permanecer en estas condiciones durante varios meses.
En otros lugares de detención hombres y mujeres duermen sobre el cemento o sobre el elástico desnudo de las camas en celdas infestadas de insectos o ratas, mientras que en otras celdas las canillas no funcionan, "obligando a los detenidos a tomar el agua de los inodoros que utilizan para orinar y defecar".
De continuar este tipo de situaciones Argentina sería responsable de una "generalizada, persistente y seria violación de la convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes", señaló Melzer.
El funcionario instó a las autoridades a destinar recursos para mejorar las condiciones de detención y aplicar medidas de arresto alternativas. Al respecto cuestionó el uso excesivo de la prisión preventiva en el país, por periodos de hasta cinco años, como "medida de rutina dictada por el Poder Judicial en respuesta a cualquier sospecha de delito".
Melzer destacó que "en promedio, 60% de la población privada de su libertad... está detenida preventivamente".
También apuntó que la población carcelaria se ha triplicado prácticamente en las últimas dos décadas, lo que resulta en una situación crónica de superpoblación.
En lo que se refiere a la violencia de las fuerzas de seguridad y carcelarias el relator indicó que "parece ser generalizada y la impunidad enorme" y fue constatada por un experto forense en los lugares visitados.
Personas afirmaron haber sufrido golpizas y técnicas de asfixia como el "submarino mojado" consistente en sumergir la cabeza en agua y el "submarino seco" en el que se introduce la cabeza en una bolsa de plástico, así como el uso excesivo de armas de fuego durante las detenciones. Además diversas personas de barrios marginales y comunidades indígenas denunciaron los excesos sufridos a manos de policías cuando se manifiestan en las calles, presentan reclamos y son detenidos, o cuando son obligados a confesar un supuesto delito o denunciar a otras personas.
La violencia policial y carcelaria también está dirigida contra menores recluidos que son abusados sexualmente y pacientes de hospitales psiquiátricos.

Los puntos más oscuros del relevamiento realizado

Los puntos que se destacan del informe de Naciones Unidas son los siguientes:
• Excesiva duración de la prisión preventiva. La ONU dijo que "en promedio, el 60% de la población privada de su libertad en complejos carcelarios y comisarías se encuentra detenida preventivamente" y que en sus visitas a los presos recibió fuertes críticas por ello.
• Imputaciones de tortura y maltrato. "La violencia institucional por parte de las fuerzas de seguridad y carcelarias parece ser generalizada y la impunidad enorme. El experto forense que nos acompañó en la visita realizó una serie de exámenes médicos a los detenidos, algunos de los cuales confirmaron la existencia de lesiones físicas que se condicen con los testimonios recibidos".
• Violencia policial. "Durante las reuniones que mantuve con miembros de las comunidades indígenas y los habitantes de barrios marginales o de complejos habitacionales temporales en las provincias de Formosa y Córdoba y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, recibí numerosas denuncias de violencia policial durante manifestaciones pacíficas contra el desalojo forzoso, o al intentar presentar quejas o pedidos de cualquier índole a las autoridades competentes. ... Asimismo, muchas de las personas que entrevistamos, particularmente adolescentes, adultos jóvenes y mujeres provenientes de segmentos marginados de la sociedad, dieron cuenta de que la violencia policial se utilizaba con frecuencia para acosarlos, provocarlos o intimidarlos".
• Tortura y maltrato en centros de detención. Melzer dijo que "en algunas de las comisarías y complejos penitenciarios visitados, se percibía un clima de temor y desconfianza entre los guardias y los internos. En algunas instituciones escuchamos historias similares de abuso físico y psicológico de los detenidos como castigo por mala conducta o incluso como represalia por haber presentado un reclamo por las condiciones de detención.

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