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Lunes 15 de Abril de 2019

"La grieta empieza a ser una suerte de extorsión de Estado"

Según el experto, la mentada división es una táctica que el oficialismo encuentra de utilidad para intentar prevalecer desde una minoría.

Unitarios y federales, liberales y nacionalistas, radicales y conservadores, peronistas y antiperonistas. La historia argentina está poblada de dicotomías que en cada época promueven la fuerte tentación de recrear analogías. ¿Hay un parangón posible de esas divisiones entre macrismo y kirchnerismo?
En La grieta desnuda, libro que Capital Intelectual publicará en mayo, los politólogos Pablo Touzón y Martín Rodríguez entienden que en esa noción tan central en el lenguaje político de hoy hay una táctica que el oficialismo encuentra para intentar prevalecer desde una minoría. "Intentamos contar la sociedad del macrismo más que su política. En el libro hablamos del peronismo, del Papa, de Duran Barba y la democracia algorítmica", dice Touzón. Un análisis donde se medita también sobre la profunda crisis del sistema de representación política, donde la clase media trabajadora que le daba sustento, con un 32 por ciento de pobres, está en claro retroceso como sujeto político.
—La alusión a la grieta que repiten hasta los nenes descansa sobre una idea algo ingenua. Que es que nuestra sociedad es presa de una especie de destino fatal, que es pelearnos, que es algo que no debemos hacer. Cuando los sistemas electorales son justamente para procesar los conflictos.
—Hay conflictos y conflictos y hay grietas y grietas. Lo que ocurre en Argentina está pasando en gran parte de Occidente. La polarización, la caída del centro, la fragmentación del bipartidismo. Se ve con la elección de Trump en EEUU, en el mundo anglosajón con la discusión del Brexit, para hablar de esquemas más ordenados que tendían ir hacia un consensualismobasado en cuatro o cinco puntos fuertes.
Eso está en crisis porque estalló el sujeto de ese modelo político que es la clase media trabajadora. Los modelos del Estado de Bienestar se basaban en algo social que se va fragmentando, ergo se quiebra l edificio político que los sustentaba. En Europa Occidental el socialismo francés casi desapareció en la última elección, el Partido Laborista británico está fragmentado, el Partido Demócrata en EEUU también. A medida que se profundiza la democracia de la desigualdad la razón de ser de esos partidos zozobra también.
—Con este declive de la clase media trabajadora que señalás, ¿se marcan más los antagonismos?
—Si se fragmenta la sociedad se fragmenta la política. La sociedad argentina tenía un 5% de pobres en el 72 y ahora tiene 32%. Es un proceso paulatino que se profundizó durante nuestra democracia, que consolidó altos niveles de libertad y bajísimos niveles de igualdad. Esto va a impactar en cómo se hace política. Este proceso empieza en 2001 con la crisis de los partidos grandes, el PJ y la UCR. El kirchnerismo de algún modo interpretó la crisis, intentó cierto consensualismo, con distintos formatos: la transversalidad, luego la concentración plural. Siempre hubo división en la Argentina. Pero distingamos. Una cosa es que yo diga "laica o libre" o "aborto sí o no", o se den grandes discusiones reales sobre la distribución del ingreso. Pero en un momento la grieta se autonomiza de dicotomías que tenían sentido y se convierte en un fin en sí mismo, como por ejemplo que gane las elecciones el PRO, que fue el que mejor la supo aprovechar.
—¿Por qué?
—Cuando empieza la grieta dura, pongamos 2008, pierde las elecciones el kirchnerismo en 2009, luego las gana post muerte de Néstor por el 54 por ciento y luego no ganó más. Con una mirada panorámica se constata que al que más le rindió la grieta es el PRO y por eso la reciclan todo el tiempo.
Es una estrategia que le sirve a un gobierno que no puede mostrar resultados en ninguna área. La grieta empieza a ser una suerte de extorsión de Estado donde el gobierno le pone un rifle a la gente y le dice "mirá que si no vuelve Cristina". Esto galvaniza a la coalición gobernante y posibilita su continuidad. Mañana Cristina dice que no es candidata y Cambiemos terminó.
—El precio del dólar, la inflación, el aumento de la pobreza, el desempleo al 10 por ciento, parecen pesar menos en las adhesiones políticas que estas pasiones armadas alrededor de lo que ustedes llaman minorías intensas.
—Es que es así. Lo que hace la grieta es tapar la verdadera fractura social de la Argentina. Funciona como una especie de gran telón sobre los temas de verdad. Y estos no se pueden resolver con el esquema de la grieta. No se puede ganarle a la inflación con la grieta. Hoy la grieta no puede garantizarle el pago al Fondo. Se volvió disfuncional por donde se la mire. Como ese modelo entrando en crisis aparecen candidatos o referentes cuyo único mérito es que con ellos se puede construir otro concepto. Y eso no implica aceptar el clisé de la Moncloa al estilo argentino, todos tirando para el mismo lado. No es eso. Cuando uno dice la grieta está pensando en macrismo vs kirchnerismo, la grieta entre los dos nucleamientos hijos de 2001.
—La ilusión de la Moncloa, tan arraigada en el análisis político, reaparece en Lavagna, que habla de gobierno de unidad nacional, de la necesidad de concertar...
—Entre el macrismo y el último kirchnerismo hay algo que se parece, que es el rechazo a las mediaciones. Son ellos y el electorado. En el caso de Cristina hay un formato más siglo XX, es cierto, que es un lazo entre ella y la militancia, ella y el pueblo, pero en el medio todo el mundo está pintado al óleo, un rechazar la idea de las mediaciones por considerarlas corporativas o poderes concentrados. En el caso del PRO le llaman el círculo rojo, en vez de la militancia está facebook o el mundo digital. ¿Qué se ve ahora? Que todas las mediaciones —la CGT, los movimientos sociales, la Iglesia— están intentendo encontrar un derrotero. La metáfora del Yaguareté en los billetes es muy significativa, es como decir "yo quiero la Argentina de la flora y fauna". Podrían haber metido premios Nobel, o a Borges, o a eminencias blancas.
Pero no. Ahí para mí pesa que en el PRO está muy fuerte la idea de que el problema de la Argentina es el pueblo argentino. Con la frase de los 70 años perdidos hacen su propia batalla cultural por cambiar supuestas prácticas peronistas metidas en la genética del argentino. Ellos ven que el problema en la Argentina está en la sociedad.
—¿Cómo se planta el macrismo frente a la grieta?
—El macrismo vive de la grieta. Si uno le saca eso pierde su significación histórica. Marcos Peña sale a pegarle a Lavagna porque los divide, en cambio Cristina los galvaniza. Por eso el PRO la fomenta desde el Estado. La primera promesa incumplida del gobierno es la de eliminar la grieta. La mantiene a propósito porque le conviene. El macrismo no tiene éxito en ninguna agenda: ni económica, ni educativa, ni de seguridad. La única agenda del gobierno es hablar del kirchnerismo.

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