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Entre la vergüenza y el querer tener una vida normal: así vive el nene tras el fallo que benefició a su abusador

La víctima del caso que indignó al país por la actuación de los jueces, hoy vive con su madrina y los tres hijos de ésta. Pasaron cinco años de cuando fue abusado por un hombre que hoy está libre.

Jueves 21 de Mayo de 2015

El chico que fue abusado cuando tenía 6 años y cuyo caso se conoció en los últimos días, hoy vive con su madrina y los tres hijos de ésta. Prácticamente es un hermanito más, que juega todos los días al fútbol con ellos en el patio y que en los últimos días no quiso ir a la escuela por temor a que lo reconozcan. Es apenas un chico de sexto grado que carga en silencio con haber sido abusado sexualmente.

A Aldana –su madrina y quien lucha por adoptarlo legalmente–, el niño le dice “má”. En el patio, los chicos y sus tres perros juegan a la pelota. Este niño no es "gay", tal como los jueces quisieron justificar en su fallo. Sino que este chico es sonriente, dejó de jugar a la pelota en el club en el que fue abusado pero juega tan bien que es buscado por otros clubes que quieren ficharlo.

Aldana lo mantiene lejos de la televisión: “No quiero que reviva lo que le pasó. Pero el otro día me distraje un segundo y vio a su tía hablando en la tele. Me dijo: ‘¿Má..., todo esto es por mí? Me da mucha vergüenza”, cuenta. La madrina del pequeño tiene 28 años y sabe que necesita proteger al niños: “Hace dos días que no va al colegio. Me daba miedo que los compañeritos se burlaran pero hoy me llamó la maestra y me dijo que lo mandara tranquila, que los chicos piensan que el de las noticias es un chico de 6 años (ahora tiene 11) y ni se imaginan que están hablando de él”.

La contención de su nuevo hogar lo ayudó a digerir su historia. El nene tiene un padre biológico que pasó 30 años preso y una madre que huyó después de que su pareja le diera una paliza feroz. “Al principio, cuando pudo contar el abuso, se ponía muy mal: se hacía pis, no quería jugar a la pelota, se enojaba y revoleaba las cosas, no quería salir a jugar a la vereda. Pero era más vergüenza que otra cosa, se había enterado todo el barrio”, dice.

Pero lo que quiso ser una señal de seguridad, se les volvió en contra: “Cuando él decía que tenía miedo de cruzárselo, le decíamos ‘tranquilo, está preso, no va a volver más’. Y él se calmaba. Y de repente nos venimos a enterar que hacía un año que estaba libre, viviendo a cuatro cuadras de casa, y nosotros no lo sabíamos”.

En estos años, el nene dejó de hacerse pis en la cama, dejó de tener pesadillas y de a poco, volvió a comportarse como un chico. “Pero empezó a hacer otras cosas: llegaba del colegio, abría el portón, se escapaba y volvía a casa dos horas después. Cuando le preguntábamos por qué lo hacía decía ‘no sé’”, cuenta Aldana. Y habla de un chico que, a veces, tolera su historia y otras, necesita escapar de ella.

La madrina del pequeño  cuenta que quiere lo mejor para el niño: “Quisiera que él tenga una vida normal pero me da miedo. Yo no lo dejo que esté con ningún desconocido, no dejo que se le acerque nadie. Va de la escuela a casa. Y a las 9 de la noche, todo el mundo a la cama”.

Pero los días no son todos iguales. Hay días en que el nene recuerda que tiene “novia”, pregunta si ella puede ir a jugar al patio de su casa o miran dibujitos. Otros, donde recuerda que nunca volvió a jugar a la pelota en un club y no puede entrar a un vestuario. Y como un mecanismo que lo salve, “a veces dice que no se acuerda de nada. Pero otras, cuando yo le digo que tal vez tenga que volver a declarar, se empieza a frotar las manos, fuerte, cada vez más fuerte. Siempre hace eso cuando hablamos del tema. Después me dice que sí, que se acuerda de todo, de lo que pasaba en el vestuario, y de cuando Mario lo llevaba a jugar a su casa, con su hijo. Porque el tipo tiene un hijo de su misma edad”, finaliza el relato Aldana.

Fuente: UNO Mendoza

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