Submarino ARA San Juan
Domingo 26 de Noviembre de 2017

El submarino y las incertezas

Entre dudas y desencanto. La situación que protagoniza el ARA San Juan remite a una analogía de los últimos años del país, con su rumbos erráticos y prioridades alteradas. Pero también puede ser un punto de inflexión

El proceso de búsqueda del submarino ARA San Juan sigue abierto y con ello siguen planteadas algunas dudas acerca del impacto político que terminará teniendo. Si bien hay quienes entienden que lo ocurrido puede marcar un punto de inflexión en el derrotero de las Fuerzas Armadas argentinas, la actitud puesta de manifiesto el viernes por el presidente, Mauricio Macri, ante los medios y el anuncio de reemplazo de la conducción de la Armada parecen encaminarse a una solución superficial del problema, que atienda más a las necesidades políticas del gobierno nacional que a la cuestión central.
Se comparó por estas horas la situación del submarino perdido con la de los mineros chilenos atrapados en 2010 a 720 metros de profundidad. Salvando las diferencias, puede señalarse que se trata de hechos que generan una fuerte reacción social, que también pueden dar origen a cambios importantes desde lo político.
Aún sin saber cómo terminará este proceso, la escena que tiene como protagonista al ARA San Juan remite a una analogía entre la historia de este buque y los años recientes de la Argentina, un país que posiblemente hasta el golpe de Estado de 1966 tenía definidas con claridad los vectores de desarrollo nacional y los principales aspectos de su definición como Estado. Tal vez desde entonces –admitiendo que puede ser discutido el momento exacto– comenzaron a ponerse en discusión aspectos tales como si el petróleo era o no parte de la estrategia económica de la Nación; o las políticas científicas, lo que significó la ida del país de numerosos científicos notables. Hasta ese momento había un mayoritario consenso sobre lo que representaban los recursos nacionales, la educación pública, el sistema de salud, entre otros aspectos que hacían del país una referencia en Latinoamérica.
Los años conflictivos del peronismo, la lucha armada y la dictadura se sucedieron luego, y cuando Argentina recuperó la institucionalidad los condicionantes eran extremos, fundamentalmente por el peso de la deuda externa. (Aún así se puede señalar que Isabel Perón, en uno de los momentos de desquicio institucional más fuertes de la historia argentina, tuvo solo 7.000 millones de dólares de deuda.
Antes Arturo Illia había sido capaz de reducirla a 2.650 millones de dólares). Raúl Alfonsín recibió el gobierno con 45.000 millones de dólares de deuda y las principales empresas estatales endeudadas, muchas de ellas porque se ponían sus fondos en la bicicleta financiera. Con Carlos Menem el aparato productivo profundizó su decadencia, a las empresas del Estado se las terminó de endeudar y a la par de eso se fueron perdiendo vectores de desarrollo que 25 años antes parecían tan claros.
Al término de ese período, las Fuerzas Armadas no se hicieron cabalmente cargo de sus responsabilidades en ese tiempo reciente y caótico; y aún hoy se sostienen posturas irreductibles.
El general retirado José Luis Figueroa publicó el viernes en el portal Infobae una nota de opinión titulada "El submarino San Juan expone el rencor hacia los militares" donde pueden apreciarse algunas de esas ideas.
Uno puede coincidir en que desde el retorno a la vida democrática se desfinanció a las Fuerzas Armadas, lo que trajo aparejado el deterioro de la estructura de defensa nacional, mientras incluso se asimilaba a las actuales Fuerzas Armadas en todo con la dictadura, justificando también de este modo el abandono.
Igualmente es cierto que ni siquiera se reconoce desde las Fuerzas Armadas que basados en la idea de la defensa de la Nación frente al "peligro rojo" –con un adiestramiento de claro sesgo estadounidense– se implantó y sostuvo un modelo económico de dependencia absolutamente ajeno a los intereses de la Patria que ellos decían defender. Salvo aquellas expresiones del general Martín Balza, que fueron condenadas por sus pares de arma, nunca se escuchó una autocrítica institucional seria de las Fuerzas Armadas.


Desfinanciadas y sin plan
Por otro lado parece ser un error claro, especialmente durante el gobierno kirchnerista, no haber definido un tipo de sentido a las Fuerzas Armadas sin pensar siquiera en un proyecto de defensa nacional que obviamente las incluya y –posiblemente– las redefina. Algunos sectores incluso asimilaron los juicios de verdad y justicia a los represores con todas las generaciones de militares, sin atender siquiera al recambio generacional.
En ese proceso iniciado en 1983, fue Carlos Menem quien asestó el golpe más duro a las Fuerzas Armadas, cuando avanzó implacablemente en el desmantelamiento del sistema de defensa nacional, que Alfonsín había recibido ya obsoleto. Incluso a la guerra de Malvinas –gobernando los mismos militares– las Fuerzas Armadas habían ido con elementos vetustos y en malas condiciones.
El proceso continuó y durante los últimos años el papel asignado a las Fuerzas Armadas parecía, de tanto en tanto, el de un ejército de salvación, solo preparado para brindar asistencia ante daños por fenómenos naturales.


Desde el miércoles
Lo que se vio desde el miércoles 15 en cuanto a la información sobre lo sucedido es triste y motiva a la reflexión.
Hay fuertes sospechas de que se ocultó desde la fuerza que ese submarino venía de participar en una acción conjunta con Estados Unidos, por lo que también la tripulación fue recibida por las autoridades provinciales de Tierra del Fuego. El vicegobernador de la concordiense Rosana Bertone, Juan Carlos Arcando, estuvo en el submarino, e incluso se lo hizo navegar para que pudiera vivir esa experiencia. El hombre publicó las fotos en Facebook, como si se tratara de una visita social, aunque luego las eliminó. Son las últimas fotos del submarino.
La sociedad argentina se entera ahora de que en las Fuerzas Armadas muchas cosas están afectadas por ese desfinanciamiento, que hablando mal y pronto, muchas cosas están atadas con alambre.
Esa idea de la precariedad y el riesgo como constantes fue explicada por la exministra de Defensa Nilda Garré hace tres días.
Garré reconoció alegremente que la Armada a ella también le mintió. Reveló que la fuerza le ocultaba información durante su gestión, al recordar que en 2008 ella misma suspendió una misión de otro submarino, el ARA Santa Cruz, a Chile, por fallas que le fueron notificadas de manera extraoficial. "A mí me tocó gestionar situaciones donde la Armada me ocultó información. No creo que ningún comandante sea malo ni suicida, ni que manden a navegar en una cosa que esté en malas condiciones, pero a veces sobredimensionan la posibilidad de sortear los inconvenientes, y ahí hay una dosis de riesgo", sostuvo quien estuvo al frente de la cartera de Seguridad entre 2005 y 2010.


Más dudas
Obviamente parecemos estar lejos de conocer lo ocurrido. Muchos medios difundieron por estas horas el video de 2011 en el cual al expresidenta Cristina Fernández de Kirchner aseguraba que tras las reparaciones, el submarino ARA San Juan tenía tres décadas más de vida útil.
Cinco años después, al informar en Diputados el actual jefe de Gabinete, Marcos Peña, sostuvo los mismos conceptos. Y paradójicamente, la actual diputada nacional Garré, que era la ministra de Defensa al momento de las reparaciones, le advirtió a Peña que el submarino necesitaba otras reparaciones "si no queremos tener incidentes de navegación". Tras semejante advertencia, el jefe de Gabinete no respondió nada.
Ahora parece que recién nos enteramos de que al submarino no se le hizo ningún mejoramiento, o al menos que fue insuficiente, según el testimonio de los familiares de las víctimas. Incluso se conoció hace tres días que ya en 2014 el submarino tuvo graves problemas para emerger y los tripulantes se despidieron entre sí, ante la posibilidad cercana de su muerte.
En estos momentos hay quienes consideran que se trató de una irresponsabilidad operativa haber hecho este viaje. Claro que lo dicen después de la tragedia. Una pregunta al respecto posiblemente sea si hay margen para manifestar sorpresa por parte de las autoridades civiles y militares respecto de las condiciones del submarino.
Hoy en día tampoco hay aviones de entrenamiento, y ahora que el gobierno nacional va a traer (inicialmente) cuatro se pelean en público la fuerza aérea y la marina por ellos. El recorte también afectó los salarios y hoy las fuerzas armadas están desfasadas respecto de los haberes de miembros de fuerzas de seguridad como Prefectura Naval y Gendarmería Nacional.
Y a eso se suma también el descontento "político" de algunos sectores de las Fuerzas Armadas que esperaban del actual gobierno una política que contrarreste la del kirchnerismo en cuanto al rol de las fuerzas durante la dictadura y el juzgamiento de los crímenes. Se sabe que incluso hubo sectores del oficialismo que habían comprometido la aplicación del beneficio del dos por uno a los represores, lo que finalmente no ocurrió.


Un ministro descolocado
El ministro de Defensa, Oscar Aguad, también mostró impericia. Inicialmente se fue a Canadá y mandó a la concejala cordobesa (juecista) Graciela Villata –en uso de licencia– a encargarse del tema. Villata antes estuvo con él en el Ministerio de Comunicaciones de la Nación, y antes había sido durante ocho años su secretaria cuando él era funcionario municipal en La Docta. Aguad asumió en Defensa en reemplazo de Julio Martínez, hace poco más de tres meses y prácticamente no tenía experiencia en la materia. Es probable que la decisión haya obedecido al pago de favores (tal vez su tarea respecto del acuerdo del Gobierno con el Correo Argentino, en manos de la familia presidencial) o simplemente para mantener el cupo de radicales en el Gabinete.
No se sabe cuánto sabía Aguad de la situación del submarino, si sabía algo.
Lo que parece revelar la situación es que también había cierta precariedad. Se trata de un buque con capacidad para 38 personas, pero llevaba 46. Dos se bajaron por diferentes motivos en Ushuaia, pero igual sobraban ocho. Sucede que como los viajes escasean, aprovecharon para llevar a unos jóvenes submarinistas a hacer entrenamiento. Y también con la misma idea de aprovechar el viaje, se le encargó, de regreso, que en el viaje hicieran un rastrillaje de barcos pesqueros depredadores.


La Armada y la información
Frente a esta situación, la Armada Argentina , o al menos una parte, parece creerse un ghetto dentro del Estado nacional. Estando en Canadá Aguad se enteró del tema por Infobae, que fue el primero en publicar la noticia, y ni siquiera fue incluido dentro de los telegramas secretos que confirmaron la desaparición. Hay quienes sostienen que ni Macri los recibió.
Desde lo gestual dice mucho el lugar desde donde el vocero de la Armada, Enrique Balbi, daba las novedades. Casualmente en muchas de estas oportunidades pudo verse a sus espaldas el recordatorio de que el edificio fue inaugurado por Juan Carlos Onganía y José Rafael Cáceres Monié, hablándole a la Armada como si esta fuera el Estado nacional, y restándole importancia al rol de las autoridades nacionales
Hubo gestos muy fuertes. Un día el ministro Aguad informó –vía Twitter, tal vez pretendiendo modernidad– que se habían detectado siete llamadas satelitales desde el submarino que no lograron contacto con el continente. Lo dijo luego de estar todo el día en el Edificio Libertad, sede de la Armada. Sin embargo, al otro día fue desmentido por Balbi.
Está clara la impericia de Aguad, pero también es claro que frente a semejante situación el Estado debe tener formas de comunicar lo sucedido. La sensación de los familiares de los tripulantes es que la Armada tuvo la información prácticamente desde el principio de los hechos, y que fue dosificándola como ellos quisieron, no solo a los familiares y a la sociedad, sino incluso al ministro y al Presidente de la Nación.


Macri, con libreto previsible
Es probable que en estas horas Mauricio Macri haya seguido las instrucciones del consultor electoral Jaime Durán Barba para sobrellevar la crisis. Ver al Presidente de jogging y zapatillas frente a los familiares, sin la presencia de medios, pareció una puesta en escena, todo acompañado por los títulos de los diarios dando cuenta de su preocupación. No hubo medios, pero las expresiones en redes sociales daban cuenta, ya en ese momento, del enorme descontento.
Y siguió Macri esa línea cuando tuvo el viernes, confirmada la explosión del submarino, una aparición de cuatro minutos para restar expectativa al resultado de la búsqueda, sin responder preguntas de los medios (a contrapelo de lo que es la esencia de la conducta de Cambiemos) y en el edificio de la Marina, para señalar en todo caso las responsabilidades.
La sensación de que la fragilidad política no se resuelve siempre con comunicación fue muy fuerte. Claro, ni siquiera el consultor ecuatoriano pudo haberse imaginado que el mismo día en que se daría a conocer la autopsia de Santiago Maldonado, diciendo que se ahogó, Macri tendría que asumir la responsabilidad que le toca en lo ocurrido con estos 44 argentinos.


Punto de inflexión
Tal vez lo ocurrido con el ARA San Juan plantea la posibilidad de empezar a resolver cosas que están atadas con alambre. Si el Presidente advirtiera que otros aspectos estructurales del país están igual, podría llevar adelante una convocatoria política de envergadura para acordar los vectores de desarrollo indispensables. Si el plan, en cambio, es solo que cierren los números, o seguir tomando deuda, estos incidentes –lógicamente– pueden replicarse en muchos aspectos.
Y esa fragilidad política que se vio por estas horas ya no se resuelve con la idea de que todo lo malo que nos pasa tiene que ver con el gobierno anterior, ni con que Cambiemos arrasó en el último turno electoral.
Respecto de las Fuerzas Armadas, después de Malvinas el presupuesto en Defensa (por imposición especialmente de Estados Unidos) es del orden del 0,9% del PBI. Hoy en la Armada el 84% se destina a salarios, un 12% se destina a funcionamiento y un 4% a reequipamiento y mantenimiento. Dejar de atar con alambre significa hoy debatir incluso si Argentina tiene que tener Fuerzas Armadas, y luego definir el modelo de las mismas.
El tema de la búsqueda del submarino no está cerrado aunque su repercusión mediática muestra una meseta (tal vez a falta de novedades). Posiblemente ese amesetamiento convenga a los intereses políticos a corto plazo; aunque implicaría dejar pasar la posibilidad de que el hecho se convierta en un punto de inflexión para la política de defensa nacional.


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