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Domingo 13 de Mayo de 2018

El poder juega con la violencia y deja a las víctimas al azar

Cuando el mundo es ya un valle de lágrimas, por el dolor de las madres, y el imperio atropella, ¿qué más le pedirá el violador a un país debilitado?

En las crisis de monedas vale recordar que la vida en comunidad es una trama con mil fibras, entre las cuales hay una muy sobrestimada por la usura, que es la moneda.
El agua está, el suelo está, los vecinos están, el corazón está, y bien: vamos a enfrentar el asunto sin desesperar.
Este barullo financiero no nos sorprende. Fue anunciado por Diario UNO en una nota titulada "El dragón de Komodo que mordió a la Argentina no nos da respiro", el 7 de enero de este año. Faltaba poner fecha nomás.
Ahora nos disponíamos a enumerar algunas manifestaciones del sufrimiento de las mujeres en el siglo XXI, tanto en la Argentina como en el resto del mundo, cuando supimos de la nueva inclinación del gobierno ante el Fondo Monetario, de triste fama. Los analistas no escribimos con la esperanza de que la casta política escuche. Hemos perdido la candidez a fuerza de frustraciones.
Todo dentro de las previsiones, es cierto, pero eso no equivale a tomar las cosas con indiferencia. Ante los hechos consumados, cuando el presidente Mauricio Macri acude por un espaldarazo del presidente Donald Trump (lógico en este esquema), nos corre un escalofrío por la espalda de solo imaginar qué tendrá que darle a cambio al capanga del norte.
Ya tenemos aquí a Monsanto/Bayer de Bill Gates y compañía, ya tenemos aquí a Walmart de los Walton, ya tenemos a Chevrón de los Rockefeller, ya aceptamos la presencia de sus bancos, sus industrias, sus laboratorios, sus firmas exportadoras e importadoras, y ya hace lustros que nos vamos desarmando para garantizar que el socio de los EE.UU., Gran Bretaña, siga usurpando y saqueando el Atlántico Sur. ¿Qué más querrán?

Pagadores compulsivos
Ningún trabajador puede manotear así como así y salir impune. Las leyes están hechas para sancionar el robo. ¿Por qué los especuladores y usureros pueden manotear el 20% con una corrida cambiaria en un par de días y ganar, en vez de quedar tras las rejas? La explicación es también lógica: a las leyes no las hacen los trabajadores.
La casta política argentina es deficitaria compulsiva y pagadora compulsiva. Esa es la fórmula perfecta de la casta política colonizada, sirviente. Una papita para el poder usurero que domina el orbe. Y el actual gobierno se especializa en endeudamiento y pago de intereses.
Cuando censuramos a la casta política no incluimos allí, claro, a políticos que no son responsables de esta debacle. En aquella columna de enero rescatábamos, por caso, análisis realizados por Héctor Giuliano, con números concretos, o Esteban Mercatante que decía: "Es una ilusión creer que se puede salir del problema de la deuda pagando". Pero esos economistas sostienen datos e interpretaciones ante sucesivos gobiernos, son coherentes.
Días atrás escuchamos a un conspicuo defensor del gobierno anterior reconocer que en los países serios estas deudas no se pagan, y ofrecer ejemplos que conocemos. Hasta ayer nomás el mismo analista celebraba el pago de más de 10.000 millones de dólares anuales que realizó su gobierno, de una deuda fraudulenta, sin investigarla, para mantener al 50% de los niños del país bajo la línea de pobreza en plena época de vacas gordas, cuando nuestros productos valían oro en el mundo. Es decir: ya en la oposición dice lo mismo que nosotros, entonces ¿qué le reprochamos? El oportunismo. La caradurez no nos molestaría, si no fuera que la debilidad argumental de la oposición y la ausencia de autocrítica favorecen los desquicios del oficialismo actual.

La cobardía
En aquella columna del Diario UNO que titulamos "El dragón de Komodo...", en alusión al endeudamiento macrista, decíamos: "La deuda pública, más que un adicional es el fulminante. En estos días crece de manera exponencial, con el riesgo de debilitar más nuestra capacidad de negociación. Los gobernantes ven en el crecimiento a altas tasas una suerte de tabla de salvación, con el auxilio de la inversión extranjera. Pero los que dudamos de esas inversiones y de los beneficios del crecimiento (por su costo en naturaleza, energía, futuro) no tenemos de dónde agarrarnos para ser optimistas en este sistema".
"Endeudamiento y tecnología robótica son un combo explosivo para un país que necesita dar trabajo y sacar a millones del hacinamiento, esa marca de racismo que enferma y mata".
La columna terminaba en esta frase: "La sangría de la deuda nos exige una economía de guerra. ¿Por dónde empezar?".
Pasaron solo cuatro meses, y salta a la vista que ni el presidente ni los gobernadores ni los legisladores ni los jueces ni el resto de los gobernantes acusaron recibo. Hasta que no vieron la corrida especulativa con sus ojos, no respondieron. No es más que la consabida cobardía de una casta política que actúa cuando la sangre llega al río, y mientras tanto se burla de los diagnósticos, menosprecia.
Mencionamos a los jueces, claro, porque en un país ultradeficitario con el 30% de población bajo la línea de la pobreza, los señorotes se cobran sus buenos 200.000 pesos mensuales y más del Estado sin vergüenza.

Coloniales
Hoy, en medio de una crisis que podríamos adjudicar a los poderes que manejan esas marionetas llamadas presidente, gobernador, legislador, juez... queremos mostrar por qué hablamos del valle de lágrimas que es la humanidad, para señalar cómo la Argentina puede entrar y transitar caminos coloniales de aún mayor indignidad, si entra a las negociaciones con los ojos cerrados. La ingenuidad, o la genuflexión, serán mortales. Literalmente.
Esta corrida puede resultar un espasmo nomás, y despertar un poco al gobierno, incluso, pero la estructura económica que subyace está ahí, y de no haber cambios de verdad solo estaremos postergando futuros terremotos. (En anteriores ediciones dimos pistas).
Veamos entonces algunos ejemplos sobre la situación de la humanidad, en la que el imperialismo no es causa excluyente pero sí presente, como el aire que respiramos, y sobre las cuales la Argentina debe tomar posición. ¿Deberá hacerlo ahora con guiños de arriba?
En Nicaragua apareció el movimiento Madres de Abril, que pide justicia por la muerte de medio centenar de jóvenes en la represión de protestas resuelta por el presidente Daniel Ortega (antes revolucionario, hoy siguiendo pasos marcados por el FMI). Los estudiantes reclamaban contra una ley de pensiones y lograron que el gobierno retirara el proyecto, pero decenas quedaron en el camino.
Algo parecido ocurre con las mamás de los jóvenes mexicanos muertos o desaparecidos por la violencia que es reina en el país azteca. "Hijo, escucha: tu madre está en la lucha", gritan a coro las mexicanas.
En la última década han desaparecido 35.000 personas en México, de acuerdo a los datos que aporta el propio gobierno. Y son más, si escuchamos a las organizaciones de a pie.
Un caso paradigmático de la violencia en México es la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa, y la reciente desaparición de otros tres en Jalisco.
Durante las manifestaciones hay expresiones de gran consternación en los padres y las madres, siempre con una pizca de esperanza de hallar a sus hijos con vida.

En la Argentina
Las Madres de Plaza de Mayo llevan en la Argentina cuatro décadas de resistencia y esclarecimiento, en torno de la muerte y desaparición de unas 30.000 víctimas del terrorismo de Estado en nuestro país. La lucha sigue para muchas, si consideramos que en estos años han muerto y desaparecido decenas de jóvenes por la violencia estatal.
Luego surgieron las Madres del Dolor, integrada por mujeres que perdieron a sus hijos en diversos hechos de inseguridad, algunas en casos que conmovieron al país. Femicidios, violaciones, gatillo fácil, corrupción, violencia al volante, picadas mortales, mala praxis, las tragedia de Once y Cromañón...
Las Madres del Barrio Ituzaingó, en Córdoba, que luchan contra el sistema agrario basado en transgénicos, herbicidas e insecticidas, con efectos fatales en tantos niños y jóvenes por cáncer y malformaciones.
En el tránsito mueren entre 6 y 8.000 personas por año en la Argentina. La mayoría niños, jóvenes inocentes. Los padres que sobreviven quedan como muertos en vida, destruidos en el ánimo. Y se cuentan por centenares de miles, solo en nuestro país, los heridos y mutilados.
El narcotráfico es otra causa creciente de muerte por violencia y adicciones. El alcohol y otros productos adictivos son mortales. Y en algunos casos colaboran con la alta tasa de suicidios que muestra el país, mucho mayor que todos los vecinos y solo comparable con los sectores más vulnerables de Europa.

En el mundo
Las luchas de las mujeres recorren el mundo. Uno de los casos emblemáticos de violencia contra la mujer se da en Nigeria, con el secuestro de miles de jóvenes, mayoría niñas, por la organización Boko Haram que lucha por un estado islámico. Muchas violadas y obligadas a casarse con militantes. La matanza en este conflicto ya supera las 5.000 personas. En una sola comunidad de Nigeria desaparecieron 500 niños menores de 11 años. Los testimonios de las jóvenes que escaparon o fueron rescatadas de sus captores en la selva son estremecedores.
Las expresiones masivas del dolor son imposibles de describir ya en los países en guerra como Siria, con millones de refugiados, desterrados y muertos, o en territorios ocupados por sus vecinos, como Palestina, que pagan con sangre cada reclamo de justicia.
El sufrimiento de los padres no puede describirse con palabras. Así en la Argentina, donde los femicidios, las violaciones y la violencia mortal están a la orden del día y afectan preferentemente a los jóvenes, como en otros sitios donde la mujer es víctima de leyes machistas en extremo, como ocurre en Sudán donde, por defenderse de una violación, una joven es condenada a muerte, o como sucede con la mutilación genital que es una práctica extendida en distintos continentes.
Un día podremos analizar cómo la modernidad cambió incluso costumbres de pueblos de viejas tradiciones, dando mayor preponderancia al varón y fomentando el machismo.

Los refugiados
La desigualdad provocada por el sistema moderno que elige decenas de territorios para el sacrificio es una de las causas principales de las migraciones, que en muchos casos terminan con muertes masivas, como ocurre a las puertas de Europa, en el Mediterráneo, donde cada año mueren ahogadas entre 3 y 5.000 personas intentando pisar suelo de Italia, Francia, España, en fin, para zafar del hambre, la miseria, la desocupación, la violencia.
Los naufragios son moneda corriente en el mar Egeo, y las víctimas son familias, niños, mujeres, que escapan de la violencia y buscan un refugio imposible en las islas de Grecia desde las costas turcas. Los cadáveres de niños se rescatan allí por cientos, aunque solo trascienden casos muy particulares como el del pequeño Aylan que todos lloramos. Estamos, pues, en el valle de lágrimas. Hoy, aquí.
El pueblo Rohingyá vive desde hace meses en campos de concentración. Son 1 millón, tantos como los entrerrianos, originarios de una zona de Myanmar (Birmania) conocida como Rajine, perseguidos, vigilados. Son los expulsados del planeta. El poder no los reconoce como ciudadanos en su propia tierra. Miles se han marchado a Indonesia, Tailandia, Malasia, Bangladesh, pero pocos de ellos reciben un trato humanitario y muchos son deportados o dejados en el abandono. Eso ocurre hoy mismo, no es historia.
No hay que pensar que el conflicto que padecen los rohingyás es zonal, étnico. Siempre encontraremos debajo algún germen dejado por la ocupación imperial (sea británica o japonesa). Lo mismo en Haití contra el interés francés o estadounidense.

Los sirios
No sabemos en Siria quién lanza las bombas químicas que la humanidad deplora. Sí sabemos qué potencias arman a los grupos terroristas y destruyen países, empezando por los estados Unidos de América y siguiendo por Gran Bretaña, Francia y otras potencias.
Lo que hicieron con Libia es un botón de muestra. Hay que estudiar la situación de Libia hoy para desnudar al imperialismo euroestadounidense.
Vale recordarlo, porque la Argentina, en virtud de décadas de predominio de una casta dirigente que ocupa varios partidos poderosos, hoy vuelve a acudir al "auxilio" del Fondo Monetario y a pedir un abrazo de los Estados Unidos. De un abrazo de los violadores seriales no hay que esperar otra cosa ¿o sí?
Estamos en una grave situación de debilidad, y la casta política argentina sigue jugando con fuego. Todos los partidos mayoritarios sin excepción, oficialistas y opositores, han colaborado con el endeudamiento del país, los déficits estructurales, la corrupción extrema, el derroche de los esfuerzos del pueblo, el anclaje de las multinacionales, la entrega de soberanía judicial. Nada como Monsanto para mostrar la unidad de los partidos sirviendo a las multinacionales. La casta usa los medios masivos para señalarse mutuamente, la oposición hace cola para servir a intereses similares que el oficialismo.

Aplauso fácil
Estados Unidos pedirá lo que corresponde y lo que no. Qué duda cabe. El peligro radica en que el presidente Mauricio Macri se muestra muy dispuesto. Somos como hienas ante Venezuela y como gatitos regalones ante los Estados Unidos. ¿Derivará de ello un alineamiento mayor? ¿Otra claudicación más?
¿Qué haremos con los hermanos sirios que no respondan a intereses de los jeques sauditas aliados de los Estados Unidos? ¿Cómo avanzaremos en la necesaria unidad del Abya yala del sur, cuando los Estados Unidos se sientan ya con autoridad para marcar la cancha?
Ahora, si Macri por esas locuras del destino decidiera resistir un mandato del jefe rubio del norte, ¿no aprovechará la oposición argentina para soplar un poquito más, como lo hizo el actual oficialismo cuando era oposición y así sucesivamente?
Espanta la velocidad con que poderes bananeros (no sus pueblos) de Guatemala, Honduras y Paraguay aceptaron la determinación de Estados Unidos de reconocer la capital de Israel en Jerusalén, contra todo buen juicio. ¿Caeremos en lo mismo? ¿Se sumará el gobierno argentino a la claque? ¿Nos meterá también en las guerras "preventivas" del imperio como lo hiciera un recordado jeque argentino?

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