Pais
Martes 26 de Diciembre de 2017

Del viaje espiritual al sexo sagrado: los 4 pasos de "la logia" del docente abusador

Siete mujeres denuncian a un ex coordinador de un taller de teatro que se dictaba en un centro de la UBA.


Siete mujeres denuncian por abusos sexuales al ex coordinador de un taller de teatro en el Centro Cultural Sábato de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Aseguran que el hombre las captó en una secta y las sometió a rituales con abusos sexuales, cuando ellas tenían alrededor de 17 años.


"Hace estos grupos hace muchos años", confirmó a Clarín una de las denunciantes. En una investigación de Página/12, tres de las víctimas dieron detalles sobre el calvario que vivieron. Contaron que las prácticas se daban en la casa del hombre, que se ponía en un rol de guía espiritual y proponía diferentes "espacios de trabajo":

1) El viaje: prometía cierto viaje espiritual.

2) El colegio invisible: era una pata intelectual.

3) Argonautas: el espacio del grupo para sensibilizarse.

4) La Logia Dionisíaca, o la Experiencia Dionisíaca Profunda: un espacio para explorar la sexualidad sagrada, que implicaba tener sexo con él.

La Logia Dionisíaca era la aspiración máxima, un lugar desafiante y exclusivo, al que no llegaba cualquiera. Al entrar, "te vendaba los ojos. Te ponía una túnica, una sábana transparente que te envolvías. Te ponía una venda y una capucha encima", contó una chica. Luego, les decía que tenían que desnudarse y entregarse al placer. Eso terminó "en uno de los primeros abusos sexuales orales y con penetración", precisó una joven en la entrevista.

Cada límite que traspasaban, el hombre les asignaba un nuevo nombre, en griego. "Entrabas de a uno, era traspasar todas las barreras de tus miedos", cuenta una denunciante. Para pasar de nivel, había que vivir distintas experiencias, como correr al máximo hasta que el cuerpo no diera más. Al caer al piso, se superaba la categoría.


Las chicas describen al espacio como un departamento muy chico, con una planta baja y una planta alta. Había mantas y almohadones en el piso, para hacer los ejercicios. Estaba prohibido usar el celular y ver la hora. Y el hombre trataba de que tuvieran contacto entre ellas.

El protocolo implicaba juntarse tres veces a la semana, un mínimo de tres a seis horas. A veces, las adolescentes pasaban toda la noche en ese lugar. Cuanto más se sumergían en este mundo, iban perdiendo sus amigos, su familia, y sus parejas.

Desde la Universidad de Buenos Aires aseguraron que al docente, que por ahora tiene una restricción de acercamiento sobre las acusadas, se le rescindió el contrato y hace un año y medio no trabaja más para la UBA.

Comentarios