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Pablo Arriola hizo el gol más festejado en Bajada Grande

En julio de 2020 a Pablo Arriola se le diagnosticó linfoma de hodgkin, una enfermedad oncohematológica. El DT del Barranquero superó con éxito el tratamiento.

Sábado 06 de Marzo de 2021

El escenario sanitario impulsó a Pablo Arriola a escuchar su propio cuerpo. Síntomas que muchas veces minimizó llevó al entrenador del equipo masculino de Futsal de Atlético Bajada Grande a abrir los ojos.

"Sentí dolores en el pecho, febrícula. Pensé que podía ser Covid", rememoró. Las consultas con Yanina de Torres, su médica clínica de cabecera, se hicieron una constante durante los primeros días del crudo invierno del 2020. Hasta que un domingo, día en el que habitualmente se calza la pilcha de conductor del Barranquero, comenzó a jugar el encuentro más importante de su vida.

"Por indicación de mi médica fui a una guardia clínica. Me realizaron una tomografía para descartar neumonía. Ahí me descubren que tenía un linfoma de hodgkin, que es una enfermedad oncohematológica que es más común en niños y tiene la característica de ser muy agresivo, crece y se desarrolla muy rápido", explicó Arriola, en diálogo con Ovación.

"Si no hubiera estado presente la pandemia no le hubiera prestado demasiada atención a los síntomas. De hecho venía postergando unos análisis de rutina con mi médica. Los realicé después de la primera consulta que tuve con ella. Si bien en los análisis no se detectó el tumor, los valores estaban alterados. Pero si no hubiese sido por el Covid no me hacía los controles. No hubiese ido un domingo al mediodía a una guardia médica por más incómodo que esté. No dejaba de ser un estado gripal. En otro momento del mundo un estado gripal lo vas llevando. Aparte tenía un día en el medio en el que me sentía bien y decía "estoy repuntando", pero al otro día de nuevo caía a la cama con dolores. Fui a la guardia gracias al Covid y también a los controles. No creo que si hubiese llegado con estos síntomas en otro momento me hubiesen hecho una tomografía. Lo descubrieron por eso", resaltó.

Una enfermedad de esta característica no regala tiempo ni permite espacio a la relajación. Pablo se internó el 5 de julio con un diagnóstico previo. Estudios complementaron confirmaron el grado de la patología. Rápidamente inició con el tratamiento de quimioterapia.

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Pablo Arriola es entrenador del equipo masculino de Futsal de Atlético Bajada Grande.

Pablo Arriola es entrenador del equipo masculino de Futsal de Atlético Bajada Grande.

En un primer momento el temor estuvo presente. Asimismo, Pitu transitó ese periodo con una tranquilidad admirable. "La primera semana fue durísima", narró. "Uno escucha cáncer, leucemia o linfoma y son malas palabras porque lo asociás directamente con la muerte. No sabía si al otro día me iba a despertar. En realidad el desconocimiento te lleva a pensar lo peor. Después cuando fue avanzando el tratamiento me di cuenta que no es como uno lo piensa, sino que es una internación más", relató.

Herramientas. Pablo encontró varios bastones para sobrellevar la enfermedad. La fe fue uno de ellos. "Me encontró en un momento de mi vida que me estaba acercando nuevamente a la iglesia. Me aferré a Dios, a la oración, a mirar la misa por tele o por las redes sociales. Además tuve la suerte de hablar con toda la gente que quería y poder darle un mensaje o decirle cosas que no había podido decirle en otro contexto", acotó.

Pablo también recurrió a una ayuda profesional para sobrellevar esa situación. "Tuve una experiencia muy cercana de una persona que atravesó una enfermedad oncológica gravísima. En ese momento admiré la manera que tomó esa situación. Traté de tomar los ejemplos y decir ‘lo voy a tomar de la misma manera. Le voy poner actitud, el cuerpo y hacer lo que hay que hacer’. Hablé con el médico y me dijo: ‘lo que podés hacer es tener fortaleza mental y espiritual. Si querés hacer terapia, hacelo, si sos creyente, orá. Ponele lo mejor’. Ahí comencé terapia, y no puedo abandonar porque me ayudó muchísimo".

Incondicionales. Durante seis meses Pablo convivió tres semanas en la clínica y gozó de siete días de descanso en su hogar. En todo el periodo de internación estuvo acompañado por Cristian, o Pucho, su padre y asistente en el cuerpo técnico de Bajada Grande. "Estaba la dupla", señaló, entre risas.

"Si tenía que elegir a alguien para que me acompañe es a mi viejo. Seguramente en los momentos más duros habrá sufrido más que yo, pero no me lo demostró. De hecho, en esos meses falleció mi abuela, su madre. Él no fue a despedirla para acompañarme. No lloró delante mío. El único momento que lloramos fue con la muerte de Maradona. Él estaba haciendo fuerza para no llorar en una cama y yo en la otra, pero porque veníamos de cinco meses bancando distintas situaciones sin llorar. Pero ahí nos abrazamos y nos quebramos. Fue el único momento que le digo a mi viejo ‘basta de este año’", confesó.

Su madre fue otro bastón fundamental. "Mi vieja tenía que seguir siendo madre de una nena de 10 años, con toda la carga que eso implica. Tenía que ocultar lo que sentía para seguir con su rol de madre con mi hermanita. Hoy, cada vez que nos vemos es un minuto de llanto y después volvemos a la normalidad".

Presentes. El ambiente del futsal le extendió una mano. Sus dirigidos en Bajada Grande y quienes son habituales rivales organizaron una movida solidaria para sumar dadores de sangre. "Mi tía me llamó para decirme que no daban abasto, que había mucha gente anotándose. Ahí pensé ‘será que fui buena persona’. Pero con el paso de los días me di cuenta que estoy rodeado de buenas personas. En este contexto de pandemia había que ir a donar sangre, hacer fila en una clínica. Y quienes lo hicieron son excelentes personas. Algunos no tienen el vínculo para ameritar ese esfuerzo. Eso fue una enseñanza que me quedó. Darme cuenta que estoy rodeado de buena gente", valoró.

El 2 de diciembre Pitu realizó la última sesión de quimioterapia. Días atrás Pablo recibió la mejor noticia. "La lectura final de los análisis corroboraron que el tratamiento fue exitoso y la enfermedad está en remisión completa. Ahora quedan controles para evitar que la enfermedad regrese. Y en caso que regrese, agarrarla a tiempo. Pero eso es un proceso de cinco años. Estoy como si fuera de alta porque puedo hacer vida normal", subrayó, con satisfacción.

Pablo conquistó el partido más importante de su vida. Luchó en la adversidad, aunque él interpreta que el esfuerzo fue realizado por su entorno cercano y por el staff médico. "Siento que no hice demasiado (risas). El esfuerzo pasó por un montón de personas. Hice lo que me tocaba hacer. No me siento cómodo con la analogía del guerrero porque pone en un lugar ingrato a las personas que pusieron todo y no superaron la enfermedad. Además siento que el esfuerzo lo hizo mi familia, mi viejo al estar conmigo, mi novia que no me pudo ver en esos momentos, mi vieja que estaba afuera haciendo los trámites, que las drogas lleguen a tiempo para poder hacer el tratamiento y que no se retrase ni un día. Mi hermana de 10 años que dejó de ver a sus amigas porque tenía que estar aislada para no contraer el virus para no contagiarme cuando llegaba a casa. Siento que el verdadero esfuerzo lo hizo ese equipo que conformamos con la familia y los amigos", concluyó.

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