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Volvió a Paraná con un pedazo de historia

Maxi Seigorman integró el staff técnico de la Selección Argentina que logró la Medalla de Plata en el Mundial de China. El DT habló de su trabajo, Scola y la ambición de una generación increíble.

Jueves 19 de Septiembre de 2019

Dirigió el Mundial U19 en Grecia, luego integró el staff técnico de la Selección Mayor en los Juegos Panamericanos de Lima, donde logró la Medalla de Oro, y como si fuera poco cerró el año con una Medalla de Plata en el Mundial de básquetbol y la clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Maximiliano Seigorman regresó a Paraná luego de un largo viaje que empezó con los chicos en varios países de Europa. Luego por América y terminó con una preparación en tierras europeas y el Mundial en Asia. En el camino, horas y horas de estudio para no dejar nada librado al azar. Para ser parte de un equipo que muchas veces no sale Básquet a escena, pero que en la alta competencia resulta imprescindible.

Maxi no llegó por casualidad a ser parte del cuerpo técnico de la Selección Argentina de Básquetbol. En la capital entrerriana hizo escuela. Acompañó todo el proceso de Sionista desde la Liga C hasta la Liga Nacional jugando Sudamericana y Liga de las Américas. Luego tomó vuelo propio y dirigió a Instituto en la Liga Nacional hasta llegar a la Confederación Argentina de Básquetbol.

Lleva cuatro años trabajando en la CABB, se ganó la confianza del coach Sergio Oveja Hernández y aportó “su granito” de arena a un proceso sumamente exitoso.

Su aspecto no cambia con el paso de los años, aunque aún es muy joven. Cumplió 42 años en 2019 y está en su plenitud. Mantiene el mismo perfil de cuando era monitor. Sencillo, amable y cordial. Cynthia Litvak, su compañera de toda la vida, es uno de sus sostenes.

Crecieron juntos y vivieron momentos únicos. Al igual que Maxi está siempre predispuesta y abrió las puertas de su casa como una gran anfitriona. Sus hijos, Ian y Gaia también se sumaron a la charla con UNO admirando a su papá y adulando la medalla cada vez que pudieron desde el living de su casa. Al mismo tiempo agregaron a la otra integrante de la familia, Delfi, la perrita que parece no quiso perderse la foto.

En un contexto cálido y de contención Maxi intentó minimizar su logro, realzando la figura de los otros a cada momento y así lo remarcó cada tanto en sus declaraciones.

Lo cierto es que es parte un proceso histórico. Estuvo en una de las tres finales que disputó Argentina en la historia (Argentina 1950, Indianápolis 2002 y China 2019).

Su trabajo en el cuerpo técnico, el subcampeonato, el súper profesionalismo y la nueva generación fueron algunos de los temas en una charla muy rica con un tipo sencillo a la altura de los más grandes.

“Siempre digo que la Selección Argentina es un lugar que te prestan un ratito y vos lo tenés que devolver mejor de lo que lo encontraste, y creo que ese va a ser el mayor desafío que tenemos”, sintetizó.

—¿Qué te genera haber sido parte de una generación que llega a la final de un Mundial?

—Muy contento de representar al país porque es un orgullo muy grande. Y la verdad que estoy muy contento de ser parte del staff y aportar un granito de arena. El reconocimiento más importante es el de los jugadores que han hecho un trabajo tremendo y por su puesto de Sergio Hernández, que es un gran referente y un ejemplo.

—¿Cómo se vivió este Mundial luego de ganarle a potencias como Serbia o Francia y al mismo tiempo haber clasificado a los Juegos Olímpicos?

—En el día a día estaba muy metido tratando de no perder el objetivo, que era el análisis de datos y visualización de partidos. Datos específicos que te llevan pocas horas de sueño y muchas horas de análisis, y ese es el pequeño granito de arena que siempre suma.

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—¿Cuántos videos de partidos y jugadores miraste?

—Todos, absolutamente todos. Y desde hace muchos meses. Nosotros nos reuníamos todas las noches, después de los partidos, para brindarle a Silvio Santander, que era la cabeza del equipo, toda la información y suministrarle los números de cómo venían y cómo estuvieron los jugadores que enfrentábamos en sus equipos y en la Selección y qué aporte le daban y cómo podíamos tratar de sacar provecho de esas cosas.

—¿Ese material que le daban ustedes con Juan Gatti y Gabriel Picatto se lo pasaban a Silvio Santander y él lo cedía a Hernández?

—Nuestra idea es tener millones de datos para que después Silvio le trasmita a Sergio y que le llegue a todos los jugadores de la mejor manera. Uno tiene un montón de datos, que tal vez no son todos útiles, entonces uno trata de filtrar la mayor información posible para que Sergio después lo acomode y pueda tomar la mejor decisión.

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—¿Y cómo es llevar un año tan exigente con un Mundial Juvenil, un Juego Panamericano y lo de China?

—Hace cuatro años que estoy en la Confederación Argentina y se viene trabajando en equipo. Uno se siente uno más y por ahí le tocan distintos lugares y es obviamente un orgullo aportar a esto, que es un cambio generacional y la verdad que estoy muy contento de trabajar con este grupo de entrenadores. La verdad que Silvio, Gabi y Juan tratan de aportar lo suyo para ser el mejor equipo posible.

—¿Qué tenía este grupo para llegar adonde llegó, más allá del talento o el rol que cumple cada uno y de lo que vemos en la cancha desde afuera?

—Es un grupo con una ambición muy grande, y siempre digo lo mismo: debe pasar en muchos deportes. Cuando uno se pone la camiseta argentina siempre busca dar un plus. Por ahí te faltan un montón de cosas y la verdad que siempre siento que cualquier jugador argentino que se pone la camiseta, no importa contra quién pelea, trata de dar lo mejor y ganarse a sí mismo. Esa es una de las características que tiene el jugador argentino.

—¿Y en lo personal sos consciente, o la vorágine no permite detenerte a pensar que estuviste con ese plus en una de las tres finales que jugó Argentina en la historia?

—Creo que el tiempo va a dimensionar las cosas. La realidad es que es una experiencia vivir un Mundial, de disfrutarlo al máximo y de vivirlo a pleno. Y estar muchas horas brindando pequeños detalles. Porque no deja de ser eso. Detalles a un grupo de trabajo que, considero, son profesionales enormes y me parece que el tiempo va a poner las cosas adonde las tenga que poner y ahora es difícil dimensionarlo, pero es algo importante para mucha gente y para el básquet argentino.

—Si bien Luis Scola es uno de los grandes referentes del deporte argentino, después de este Mundial a los 39 años y con los récords que batió integra una lista de selectos. ¿Cómo es estar y trabajar al lado de él?

—Es un jugador enorme y para mí es grandioso lo que aporta y además lo bueno que tiene es que siempre ha puesto la camiseta argentina por sobre cualquier otra situación. Y eso obliga a todos a dar lo máximo, es un jugador que siempre demuestra con el ejemplo y eso no es muy común en muchos en el deporte. Y él en eso es un referente. Lo que dice, lo cumple.

—¿En ese ambiente híper profesional, cómo es adaptarse a las reglas? Y por otro lado, se habló mucho de la alimentación, ¿es tan estricto el cuidado y las dietas de los jugadores?

—Son híper profesionales y son muy conscientes del cuidado de las horas de sueño y de la alimentación, de lo que tiene que hacer cada uno para estar en el nivel en el que están. De hecho están en los mejores equipos del mundo y no por algo dominan ligas europeas, juegan euroligas. Tiene que ver con eso, que ser profesionales no es solamente a la hora de jugar, sino que son las 24 horas del día, y se nota claramente en el cuidado de lo que comen, lo que hacen y en la vida que llevan.

—¿Te sentís cómodo en este rol y qué ves para adelante como entrenador ?

—Por supuesto esto se disfruta a pleno y hoy pienso en seguir aportándole cosas a la Confederación Argentina. Cuando nosotros arrancamos las cosas eran muy difíciles y estaba complicado y devastado y con pocas perspectivas y en esto hay que sacarse el sombrero con la gestión de Susbielles (presidente de la CABB) que primero confió en mucha gente y nos dio mucha libertad. Es una persona muy exigente, pero para mí es uno de los mejores gestores que he conocido. Estoy eternamente agradecido a esto, tratando de cumplir el ciclo. Hasta dónde no sé; pero esperemos que podamos cerrar un ciclo y hacer un aporte. Siempre digo que la Selección Argentina es un lugar que te prestan un ratito y vos lo tenés que devolver mejor de lo que lo encontraste y creo que ese va a ser el mayor desafío que tenemos. Cuando me toca dirigir la U19, que ya dirigí dos Mundiales, quiero que los chicos entiendan que la camiseta de la Selección está por encima de cualquier situación económica, profesional o lo que sea. Siempre tienen que ponerla por encima de todo.

—En el año viste a tu familia muy poco, ¿es fundamental el apoyo ante una vida poco convencional y de tanto tiempo fuera de casa?

—Es clave. Se lo bancan bastante bien, es híper difícil porque no estás en la rutina y no son cosas habituales de la gente común, pero creo que las cosas con el tiempo se van a disfrutar y sirven para algo. La verdad que es lo más importante que le puedo dejar a mis hijos, que vean que todo el esfuerzo que uno hace en algún punto vale la pena.

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