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Una promesa terminó en 40 años de arbitraje

Víctor Rabuffetti dejó de ser referí oficial. Su exitosa carrera comenzó en 1979 tras decidir que no iba a jugar por un año. Se transformó en uno de los referentes, pero ya no estaba disfrutando dirigir.

Miércoles 08 de Mayo de 2019

El partido entre CRAI y Old Resian por el Torneo Regional del Litoral fue el último que dirigió de manera oficial Víctor Maximiliano Rabuffetti. A los 58 años, la Tota dejó el arbitraje y ahora seguirá como TMO (Oficial de televisión del partido), algo que también le apasiona. Fueron 40 años de carrera, donde dirigió en el país y en el exterior, siendo considerado en la actualidad una eminencia en la especialidad. Y pensar que todo comenzó con una promesa en 1979, la cual no quiso contar.
"Prometí no jugar al rugby por un año y la verdad es que se me estaba poniendo complicado. Por eso decidí hacerme árbitro. Así corría a la par de los jugadores y estaba adentro de una cancha otra vez. Le agarré el gustito y cumplí mi promesa. Después volví a jugar. Nunca conté por qué lo hice. Fue raro, porque era una época muy linda para jugar y era algo que me tenía que doler. La verdad que lo sentí mucho", contó en el extenso diálogo que mantuvo con Ovación.
Con el paso de los años, Rabuffetti se convirtió en uno de los mejores referís del país. Algunos dicen que fue un adelantado. Y esto tiene una explicación.
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"Hasta 1983 jugué en Estudiantes y a la par dirigía. Dos años antes en una gira que hicimos por Nueva Zelanda estaba en el Eden Park y vi que un jugador estaba sentado en la línea de la pelota muerta. Pregunté qué había pasado y me dijeron que lo sacaron por una infracción que había cometido. Era como una especie de sanción. Es lo que hoy se aplica con una tarjeta amarilla (sin bin), donde el jugador está 10 minutos afuera. Cuando volví lo puse en práctica y hay una anécdota en la cancha de Jockey de Rosario donde se lo apliqué nada menos que a Ricardo Paganini. Él siempre cuenta que la mayor vergüenza de su vida se la hice pasar yo. Después nos retaron un poco por esa situación (risas)" afirmó.
—¿Cuánto cambió el arbitraje desde aquellos inicios?
—Mucho. El rugby cambió mucho y nos hemos ido adaptando. Era otra forma de jugar. Existía el jugador virtuoso y los puestos eran muy estáticos y determinados. Era un juego más sucio, pero con otros códigos. Los jugadores actuales son más limpios, pero la preparación física que hay hace que el golpearse sea más peligroso que antes. Las reglas apuntan a preservar la seguridad del jugador, como lo que sucedió en el scrum.
—¿Es clave la preparación física?
—Sin dudas, hoy un jugador de mi altura puede pesar casi 20 kilos más que yo, pero no son de panza sino de músculo. Con el tiempo te vas dando cuenta de esto porque ahora sentís el viento de los jugadores que te pasan al lado. Eso me pasó en un seven mundial. Donde una bestia como Jonah Lomu pasó al lado mío y sentí el viento, como cuando los camiones te pasan en la ruta. Sabía que estaba en la cancha únicamente cuando agarraba la pelota.
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—¿Qué sentís cuando te mencionan como un referente del arbitraje nacional?
—No tengo conciencia de eso, no me creo tanto. En cada partido trato de sentirme como en el living de mi casa y a lo largo de mi carrera busqué aprender de todos, de los jugadores sobre todo. Y de la gente que se te acerca y te da concejos de vida. El ser referí es medio complicado, hay muchos sinsabores. Como dijo una vez Bonavena, "te sacan el banquito y quedas solo". En su momento dirigíamos solos. Ahora tenemos los asistentes y eso es fundamental porque como te dije, hoy pasa todo por lo físico. La violencia del golpe es tremenda, a veces da miedo y una de las cosas por las cuales decidí dejar es porque a los jugadores los siento como a mis hijos. Sentí en carne propia el sufrimiento de un jugador lesionado. Me costaba digerirlo.
—¿Por qué te pasó esto?
—Porque no tengo hijos, mis hijos son los jugadores. Por eso me empezaron a doler sus golpes y el sufrimiento de las madres afuera.
—¿Sigue habiendo respeto por el árbitro?
—Los referís deben ganarse la autoridad partido a partido. Conocer el juego, estar al día con el reglamento y estar bien físicamente. Ser respetuoso y tener un equilibrio emocional. Todos llevamos al partido la catarsis de la semana. A los jugadores siempre les digo que los que me importan son los que están en el rectángulo, los de afuera para mí son unos "borrachos" que vienen a tomar whisky y a hacer su catarsis semanal. Ellos no importan porque son pasionales. Si el jugador los escucha se desconcentra y no lleva adelante lo que entrenó en la semana. Entiendo que hay un folclore del deporte donde a veces te gritan, lo que no me parece bien es el insulto y menos la agresión. Todos los referís sabemos que nos equivocamos, nadie tiene un partido perfecto. Hay que ver en la dinámica del juego lo que nosotros llamamos la materialización de las infracciones. Hay que saber leer el juego.
—¿Todos los jugadores saben el reglamento?
—No todos, aunque lo saben más que antes. Hasta los entrenadores no lo saben bien. Hay modificaciones todos los años en el reglamento y hay que instruirse.
—¿Cómo está el arbitraje en Entre Ríos?
—Hay poco interés, hay un plantel justo, pero pasa en todo el país. No es sencillo ser árbitro de rugby. Más allá de que hay ciertos beneficios, estamos justos y depende de la voluntad que tenga la persona. El referí debe tener un respaldo institucional, los dirigentes no ayudan mucho en esto. No debemos creernos perfectos, como lo dije antes. Nosotros nos equivocamos en una y nos dicen "perdimos el partido por culpa tuya". Acá hacen muchos kilómetros, sobre todo los domingos para dirigir el Provincial, viajando solos y dejando a su familia. ¿Vos pensás que un árbitro va a viajar 600 kilómetros para ir a perjudicar a alguien? Seguro puede equivocarse, como todos.
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—¿Cómo es la experiencia de ser TMO?
—Espero sacarme la camiseta de referí para ser un TMO más objetivo. Estuve en algunos partidos y mi problema es que todavía pienso que estoy dentro de la cancha. Espero poder cambiar eso, porque es totalmente diferente.
—¿Alguna vez la pasaste mal en una cancha?
—Sí, un par de veces. A la más grave todo el mundo la sabe. Fue en Santa Fe RC (en 2006, en un partido ante Jockey), donde se vivió una situación complicada. Un señor me agredió físicamente después del partido. Estaba sacado y en cierto estado de ebriedad. El agresor había sido presidente del club y luego se disculpó con una carta que todavía conservo. Sin dudas había tenido una mala semana, porque averiguando me enteré de que se había suicidado su hija. No tengo palabras para describir el momento que pasó, que me haya arrojado un golpe de puño era algo fuera de contexto, porque es un caballero y un señor profesional. Entendí su reacción. Su catarsis fue esa, no quisiera haber estado en su lugar en ese momento.

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