Ovacion
Domingo 24 de Diciembre de 2017

Un Gringo entrerriano y revolucionario

Alrededor de Gabriel Heinze todo era algarabía por el éxito, pero la decisión de tomarse un tiempo con la histeria cotidiana ya estaba tomada. La satisfacción se dibujaba en su rostro, tenía el pecho inflado, había trazado el camino y dejado su huella.

Voy a luchar para que haya más gente honesta y se dejen de buscar beneficios propios. Para que piensen en el fútbol argentino, que es riquísimo". El Gringo Heinze baja su mensaje combativo en medio de la emoción. Paternal grita volver. Uno se abalanza sobre su cuerpo para pedirle matrimonio. Él observa emocionado pero distante.


Jugadores y cuerpo técnico se pegan uno y otro abrazo. Las tribunas se inundan de lágrimas y el periodista de la televisión, astuto, se acerca al hombre que parece de hierro. Está quieto, conmovido por lo que acaba de suceder, y advierte ante el micrófono que dirá pocas palabras. De pronto, la luz de la cámara lo encandila y se despacha con una declaración de principios.


Ya no era el loco al que se miraba con desconfianza. Se lo aclamaba, no había lugar para detractores ni resentidos. El Gringo era toda humanidad y dejaba prejuicios a un lado, como cuando le tocó bancar a Luciano Cabral, un pibe del club que terminó preso por un confuso policial en Mendoza. Sugirió que era capaz de ir a buscarlo y llevarlo a vivir con él.


"Le buscó casa a algunos compañeros que vivían en la villa", valoró Braian Romero, uno de los juveniles del Bicho. Heinze peleó para tener un lugar digno de entrenamiento y para que sus jugadores vivan mejor a la hora de regresar a sus hogares, donde se encontraban con sus realidades. Con perfil bajo y reacio para la prensa se ganó la confianza de sus dirigidos con hechos y resultados que se plasmaron en el campo.


Se ganó a un hincha exigente. De la crítica cruel por perder contra un equipo de la C en Copa Argentina y los amagues de renuncia pasó a la reverencia. Juego por abajo y compromiso como condición innegociable. Identidad adentro y afuera de la cancha. Una búsqueda constante y la premisa de salir a ganar en todas partes.


"El que trabaja y da todo lo que puede, saborea mejor las cosas. Lo que se consigue sin esfuerzo no tiene ningún valor. Esa es mi forma de ser como persona y como entrenador". Es la filosofía de un Gringo que no se mareó ni en la Torre Eiffel ni el Bernabéu. Nunca se puso colorado para decir lo que dictaba su corazón. Confesó que no disfruta su trabajo como técnico pero al mismo tiempo se brinda al 100% para dejarle el mejor aprendizaje a los más pibes.


Así de simple como lo ven, lo cierto es que el tipo jugó con los mejores del planeta, compartió grandes equipos, tuvo grandísimos técnicos y vivió en las mejores ciudades del mundo. Fue compañero de Messi, Cristiano Ronaldo, Totti y una lista de monstruos increíbles. Fue dirigido por Marcelo Bielsa, Diego Maradona, Alex Ferguson y otros que dejaron una riquísima enseñanza. Defendió las camisetas del Real Madrid, Manchester United, PSG, Roma, Newell´s y la Selección.


Jugó dos mundiales. Aprendió idiomas. Compitió en las mejores ligas y se retiró campeón en su querida Lepra. Rosario, Inglaterra, Francia, España, Italia, Portugal, vuelta a Rosario, Mendoza, Buenos Aires, Paternal. No se le caen los anillos. De la escuela del Loco Bielsa, aventurero como Marcelo, en 2016 eligió tomar la conducción de un Argentinos a la deriva.

Un club en crisis producto de una deuda gigantesca con la AFA y años de desidia. Era hora de revivir a un campeón de América desde la B Nacional y tomó la decisión de asumir el reto en un torneo deficitario: 46 partidos y viajes por todo el país. De Jujuy a Puerto Madryn, con escalas en Mendoza, Córdoba, Misiones, Corrientes, San Luis, Entre Ríos y Tucumán. Llegaba de una mala experiencia en Godoy Cruz pero sobraba confianza, compromiso y carácter para ponerse el traje de bombero en un club que se incendiaba.


El Gringo se reivindicó, se consagró campeón de punta a punta y en la foto de su adiós señaló a los responsables. Fue autocrítico y agradecido con aquellos que confiaron en él y con cada uno de los que laburó a su lado. No se colgó solo la medalla cuando era la fácil: Los flashes lo apuntaban como el gran artífice del éxito.


"Debo pedirles perdón por mi carácter y mis formas, que a veces llevaron a un camino áspero", disparó durante su última conferencia de prensa en la Paternal. Al mismo tiempo que decidió mandar al frente a todo su cuerpo técnico: "Hoy es el día de ellos, porque sin ellos yo no hubiera hecho nada. Ellos son mi barco y merecen estar acá. Ellos llevaban el timón. Las fotos deben ser para ellos y mi aplauso también". Un Gringo sensible. Un fuera de serie.


"Trabaja las 24 horas para el club donde está y lo mejor que tengo para decir del Gringo es como persona. Siempre me ayudó y me habló con el corazón". La descripción es de Carlos Tevez. El Apache fue su compañero en la Selección Argentina y recibió sus consejos para llegar a Old Trafford. Ganaron juntos la medalla dorada en Atenas 2004. Y en el camino de la vida, ambos vencieron a las tendencias sin dejar de lado la esencia.

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