Fútbol Internacional
Sábado 05 de Enero de 2019

"Sigo siendo el mismo gurí que jugó en Palermo"

A los 23 años Eric Remedi no se marea con las mieles del éxito. El pibe que comenzó a jugar a la pelota en barrio Rocamora no olvida sus inicios. Eso le permite disfrutar su gran presente en la MLS.

Eric Remedi sigue siendo el mismo de siempre. La humildad está en su ADN. No se empalaga con las mieles del éxito. Continúa teniendo la sencillez y la picardía de siempre. La buena predisposición para dialogar con todo el mundo es una de sus principales características. Por eso el mediocampista generó un espacio en su período de vacaciones para visitar la Redacción de Diario UNO de Entre Ríos.

"Sigo siendo el mismo gurí que jugaba en Palermo", aseguró el volante, que antes de tomarse unos días de descanso en Villa Carlos Paz dialogó con Ovación. El paranaense rememoró un 2018 "increíble", como él mismo describió. En ese año el pibe de barrio Rocamora construyó su primera experiencia en el ámbito internacional. Aceptó el desafío de mudarse a un país donde tenía que convivir con un idioma que desconocía por completo. Pero esa barrera fue superada gracias a la presencia de muchos compatriotas (Franco Escobar, Leandro González Pirez, Ezequiel Barcos y Héctor Villalba) que lo convencieron para aceptar la propuesta.

La apuesta de Remedi no fue en vano. En su segundo encuentro se ganó un lugar en el 11 inicial del Atlanta United. Tuvo su bautismo en la red al anotar el tanto de la victoria ante New York City. Coronó un gran año al consagrarse campeón de la Major League Soccer en el elenco que fue dirigido por Gerardo Martino.

"Fue algo increíble lo que sucedió en el 2018. Estaba muy cómodo en Banfield cuando surgió la posibilidad de la venta. Independiente realizó una oferta que a Banfield no le parecía la correcta. Después llegó la propuesta de Atlanta United y enseguida llegaron a un acuerdo. Cuando surgió no lo dudé mucho. Quería probar suerte y era una posibilidad que quería aprovecharla", argumentó.

—¿Con qué te encontraste?

—Llegué a un gran grupo de jugadores. A muchos los conocía por haberlos enfrentado en Banfield. Ellos, sin conocerme personalmente, en la semana previa a viajar comenzaron a escribirme para contarme que el grupo era maravilloso, que podía contar con ellos. En ese momento me dieron muchas ganas de viajar. Cuando llegué a Atlanta me encontré con todo lo que me habían contado. Es un lugar de primer mundo por lejos. Solo llegué y traté de aprovechar las ventajas que tenía. El grupo me adaptó bárbaro. Tenía un poco de miedo por el idioma, pero en el club se habla bastante castellano. De todos modos comencé a tomar clases de inglés para poder desenvolverme mejor.

—¿Hubieses aceptado una oferta de un equipo que no contara con muchos argentinos?

—Hubiese dudado si en la forma que tenía que ir no fuese como se dio. Quizás me convenció saber que había muchos argentinos, que el cuerpo técnico era argentino y que me quería. Cuando me hicieron la revisión médica me dijeron "llegás y jugás". Los dos preparadores físicos me escribieron mensajes sin conocerme para consultarme si quería ir a entrenar a algún lado para no estar parado. No tengo dudas de que si no hubiese hablado con los chicos y en el cuerpo técnico no me hubiese llamado no hubiese estado tan convencido porque era un idioma nuevo y del inglés no tenía conocimiento. Todo eso me ayudó demasiado a tomar la decisión. Además fue increíble cómo en el primer día mis compañeros latinos me unieron al grupo. Pero sobre todas las cosas me ayudó llegar un jueves, a la semana fui al banco de suplentes, jugué 30 minutos y a la semana siguiente arranqué de titular. A partir de ahí jugué todos los partidos, y cuando jugás, la cabeza es otra.

—¿Hay un prejuicio con respecto al nivel de la MLS?

—Cuando llegué pensé que iba a ser una liga un poco más fácil, pero la realidad es que encontré con una competencia totalmente distinta. En el primer entrenamiento paré la pelota y al querer hacer el primer toque perdía cerca de 20 pelotas. Ahí me di cuenta de que son jugadores muy físicos. No hay tanto roce, pero a los 5 minutos los dos equipos generaron cuatro situaciones de gol. Son partidos en los que no hay drama de parar 5 minutos para atender a un jugador que está en el piso porque el árbitro después los adiciona. El segundo partido que jugué el árbitro adicionó 8 minutos, casi me muero. Recuperan todos los minutos que se juegan.

—¿Qué te sorprendió de la vida cotidiana?
—Que se puede doblar a la derecha al circular en automóvil, salvo que tengas la flecha en rojo, y la cantidad de comida chatarra que consumen. Pero después la vida es perfecta. Vas al banco y salís en 5 minutos. Vas a rendir para el carné de conducir y sucede lo mismo. Te hacés un estudio y salís en 3 minutos. Vas al supermercado y cuando ves una fila de 20 personas pensás que te quedás una hora, pero en 5 minutos saliste de esa fila. También me sorprendió que cenan muy temprano, tipo 7 de la tarde, y no meriendan. En mi casa a esa hora estoy merendando y ceno a las 9, 10 de la noche.

—Ese orden está reflejado en la MLS.
—Cuando llegás al estadio ves un reloj en la tribuna que avisa cuánto falta para el inicio del partido. Y en el horario de inicio suena el silbato para comenzar el partido. También me sorprendió que en un partido en Orlando tardamos una hora para entrar a jugar el segundo tiempo porque había tormenta eléctrica. Tuvimos que esperar una hora, helado en el vestuario hasta que terminara la tormenta. Está todo muy organizado. Te dicen salís a tal hora en tal vuelo, tenés las fechas programadas desde hace rato y no se modifica por nada. No tiene parate, arranca en marzo y podés jugar hasta diciembre si llegás a la final.

—¿Te costó acostumbrarte a tanto orden?
—No, porque ves todo muy ordenado. Cuando llegué a Argentino se subieron mis amigos al auto y me dicen ¿Por qué manejás tan despacio ahora?. Ahora volví a manejar un poco más fuerte. Pero allá si pasas un semáforo en rojo derecho sabés que la Policía te frena. Y no importa quién sos que te realizan la multa. Pasás una vez más y te retienen el auto. Y si tomaste y te paran, hasta podés ir preso.

A la distancia. Eric sigue latente de lo que sucede en el fútbol argentino. A través de un reproductor de medios digitales observa los encuentros correspondientes a la Superliga. Es una manera de estar cerca de sus excompañeros y de observar, en el hemisferio norte, lo que sucede en sur del continente. "No se puede dejar el fútbol argentino y sin embargo estoy en un lugar que me hace dudar si quiero volver a jugar acá. Pero juega Banfield y quiero ver a mis amigos. Sigo estando en el grupo de WhatsApp con mis excompañeros y todos los días antes de jugar los jodo. Jugaba Patronato donde estaba el Gordo Sperduti y Lauti Comas y lo veo. También vimos en el estadio la final de Libertadores que se suspendió y nos queríamos morir".

—¿A la distancia observaste cómo sufrimos el fútbol en Argentina?

—Ya lo veía en Banfield. Allá no sentía presión hasta jugar los playoff. Era ir a la cancha y disfrutar. No escuchás a nadie que te putee. Podés salir y la gente te va a pedir fotos, te va a dar mil abrazos. Nunca vas a ver a alguien que te putee. Estás por patear un córner y la gente está tomando cerveza y no pasa nada. Era la tranquilidad de saber que jugabas y no pasaba nada. Claro que si perdíamos o nos empataban sobre el final llegaba al vestuario recontra caliente y no quería hablar, pero nadie te decía nada. Pero asimismo hasta los playoff no tenía presión de nada.

—¿Después comenzó la presión o era autopresión?

—Era autopresión. Sabíamos que teníamos que salir campeones, pero también por la manera que tenemos de vivir el fútbol. Sabíamos que era muy importante para el club, que hace dos años que está en la MLS y nos exigíamos. El Tata antes de arrancar los playoff nos comunicó la decisión de no seguir y sabíamos que era un buen regalo por todo lo que había formado. Aparte Atlanta metió el récord de convocatoria con 70 mil personas que alientan. Tratan de cantar canciones en español y eso causa un poco de gracia porque cantaban "que esta noche tenemos que ganar" cuando era las 2 de la tarde. Eso genera gracia, pero es increíble ver el respaldo de la gente.

Entrenadores. Eric se siente un privilegiado de haber tenido en su carrera a grandes entrenadores. Remedi recalca que Martino no ha sido valorado en la Argentina. "Para mí, si no es el mejor técnico de la Argentina, pasa cerca. La gente es muy resultadista. Si te va bien, sos Dios, si te va mal, sos lo peor. Tuvo dos años en el seleccionado en el que llegó a dos finales y en todo este tiempo no sé si fue la selección que mejor jugaba o la que más tenía un sentido de juego, la que más te daba gusto ver jugar. La gente insulta a Messi, que es el mejor de la historia, van a insultar a cualquiera. Ves la carrera del Tata y en todos lados salió campeón. Tan malo no puede ser.

—Tenés que elegir a uno de los dos: ¿Martino o Falcioni?

—Siempre digo que soy agradecido de los técnicos que tuve. Ellos son de la escuela vieja, pero al Tata (Martino) le gusta tener más la pelota y Julio (Falcioni) es más defensivo. A mí me gusta más el estilo del juego del Tata y aprendí mucho con él. Pero Julio al principio me exigió un montón, me brindó la confianza de jugar después de haber sido relegado a reserva por Vivas y me aconsejó, me ayudó mucho. Tuve la suerte de tener entrenadores que me trataron bien y me dejaron enseñanzas. No me puedo quejar. Quizás el Tata fue del que más aprendí.

—¿Tony Fontana también te marcó?

—Lo tuve de técnico en Belgrano y es un señor. Fui a Belgrano a los 14 por él para jugar un Federal C Sub 15. Lo había enfrentado en un campeonato de Toritos de Chiclana cuando él estaba trabajando en Patronato y ahí nos conocíamos. Me quería llevar a River cuando era más chico, pero me lesioné. Seguimos en contacto, me fue a ver a Buenos Aires cuando estaba en Banfield. Hace poco me dedicó unas palabras en las redes sociales. Me llevo muy bien con el Tony.
—¿Queda rencor con Claudio Vivas?
—No le tengo rencor a nadie. Fue rara la forma que me dijo que no me iba a tener en cuenta, porque en sí no fue él quien me lo dijo. Él necesitaba un jugador con otra característica. Por suerte llegó Julio (Falcioni) cuando me quedaba poco de contrato y a la semana me subió a Primera. Fueron ocho meses duros, pero agradezco al cuerpo técnico de reserva, a mi familia, mis amigos y a los compañeros de plantel que me brindaron todo su apoyo y ayudaron a tomar confianza.

Retrovisor.

Eric detuvo un instante el diálogo. Observó el pasado. Transitó todo su recorrido hasta llegar a este presente que soñó y proyectó. "La verdad que no puedo creer lo que he vivido. Trato de disfrutarlo, pero a veces no tomo dimensión de dónde estoy. Salir campeón de la MLS con 23 años, jugar repechaje de Libertadores y Sudamericana con Banfield, que no es un grande de la Argentina pero es un equipo que ha marcado el camino a muchos. Es algo impensado que trato de disfrutarlo todo el tiempo, pero tampoco perdiendo el rumbo de lo que soy. Mi familia y mis amigos me pusieron los pies sobre la tierra. Soy una persona común y corriente que juega a la pelota y que ahora está jugando en Estados Unidos. Hay día que cuesta, pero la verdad que no me arrepiento de nada y si las cosas no hubieran salido tampoco estaría arrepentido porque era lo que quería desde chico. Me fui de chico de casa en busca de un sueño, y si se cumplía, bien, pero si no se cumplía lo iba a tomar como un aprendizaje. Por suerte puedo decir que todo se va cumpliendo y espero poder cumplir varios objetivos más, pero de a poquito.

—Los cimientos se edificaron en Palermo.

—Arranqué a jugar a los 4 años. Estuve en Palermo hasta los 14, después estuve un año en Belgrano hasta irme a Buenos Aires. Soy consciente de que sigo siendo el mismo gurí que jugó en Palermo. Ahora un poco más defensivo. Hasta el día de hoy me dicen que cuando jugaba en Palermo regresaba a mi casa sin ensuciarme y ahora me tiro al piso. También soy consciente de que tenía dos hermanos mayores que jugaban a la pelota y ellos fueron los primeros críticos. Cuando juego un partido malo me doy cuenta y mi hermano me manda un mensaje diciendo que fui un desastre (risas).

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