Diálogo Abierto
Domingo 27 de Mayo de 2018

"Se puede comenzar a jugar al waterpolo sin saber nadar"

Paraná vuelve a tener un equipo del deporte náutico en el club Echagüe. Características técnicas y fundamentos.

Desde siempre vinculado a la práctica y enseñanza de la natación, descubrió el waterpolo en el club rival de sus amores, donde el equipo había sido goleado y apabullado en un reciente encuentro. Por eso pensó que la exigencia no sería mayor, se entusiasmó, y se convirtió en un ferviente jugador y promotor de dicha disciplina. Agustín Mediavilla –ahora radicado en Paraná– piensa escribir algunas páginas de ese deporte, por ahora incipiente, en el Atlético Echagüe Club.

WATER
Estilo.
Estilo. "Si sabe nadar perrito, lo hace. No hace falta ser buen nadador".
De astronauta a contador
—¿Dónde naciste?
—En San Miguel –provincia de Buenos Aires–, me mudé a Ciudad Jardín –un barrio lindo, chiquito y con pocos comercios– estuve hasta los cinco años, me mudé a Pilar –hasta los 20 años– y volví a Ciudad Jardín.

—¿Cómo era Pilar en tu infancia?
—Una ciudad más chica que Paraná, donde comencé natación a los siete años y competí hasta los quince –aunque nunca fui un dotado.

—¿Otros juegos?
—Fútbol, juegos de mesa y la Play.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?
—Mi madre comenzó a trabajar en una farmacia cuando éramos grandes –tengo un hermano– y mi padre trabajó en Capital, en una obra social.

—¿Por qué comenzaste a nadar?
—Mis viejos no sabían nadar, entonces querían que aprenda. A los siete años tenía miedo, el primer día no me quería meter, el profe dijo "va a ser bueno" y acá estamos. Mi vieja le preguntaba cómo va a ser bueno si no se quiere meter.

—¿Cuándo te tiraste?
—Estuve ocho clases con miedo.

—¿Habías tenido una situación traumática en el agua?
—No, tal vez por el miedo de mis viejos y el poco contacto.

—¿Competiste bastante?
—No en alto rendimiento pero sí entre clubes y en los Juegos Bonaerenses.

—¿Sentías una vocación?
—Quería ser astronauta, hasta que me dijeron que no llegaría porque tenía que ir a Estados Unidos. Soy bueno con las Matemáticas y me decían que sería contador –y en 2017 comencé la carrera, aunque como hobbie porque no tengo mucho tiempo.

—¿Qué imaginabas como astronauta?
—En Ciudad Jardín está Campo de Mayo, el Colegio Militar y una base aérea –donde veía pasar los aviones e imaginaba que me tiraba en paracaídas. Mi abuelo fue a la Nasa, me trajo un libro y revistas –aunque leía poco–.

—¿Cuándo desististe?
—Cuando crecí me di cuenta que era complicado; mis compañeros querían ser jugadores de fútbol, así que era un poco raro (risas). Cuando le dije lo que quería ser a la profe de Inglés me contestó "siempre solo, en la Luna" (risas). Me la bajaron por todos lados. Siempre usé anteojos, entonces pensé en ser oftalmólogo o médico.

—¿Qué materias te gustaban?
—Todas menos Lengua –horrible– y era muy malo en Inglés, porque era muy tímido. Cuando terminé la escuela me di cuenta de que me gustaba mucho Matemáticas, elegí Ingeniería naval, el c.c. me costó mucho, metí varias materias pero Álgebra y Análisis matemáticos eran filtros, seguí, me puse de novio el último año, no le di bola a nada, justo se separaron mis viejos, nos mudamos... entonces comencé como hobbie Educación Física en Ciudad Jardín.


Natación y distracción
—¿Qué aprendiste del primer profesor de natación, además de la técnica básica?
—La diversión y la buena onda, era más recreativo que competitivo y eso no te aleja, ya que para competir y seguir te tiene que gustar mucho –por ser un deporte individual. Nadé hasta los 15 años y luego siempre volví, hasta los 21 –que comencé el profesorado de Educación Física, donde había competencias internas. Trabajé en una pileta, hice el curso de guardavidas y conocí a los chicos de waterpolo en Pilar –Los toros de Pilar.

—¿Te mantuviste vinculado con la natación?
—Sí, hacía pileta libre, solo, para distraerme. También comencé a correr con mi hermano, hacíamos 20 kilómetros y andábamos en bici. Sigo corriendo cada tanto, pero es por gusto.

—¿La carrera de Educación Física se conciliaba con lo que pensaste?
—Sí, pero me encontré con materias teóricas y no tanto como las que yo quería –de alto rendimiento y discapacidad– salvo en el último año. Lo pensé como un segundo secundario y más llevadero que una carrera universitaria. Me imaginaba ser profesor o entrenador de algo –como ahora.

—¿Cambiaste la óptica en cuanto a los deportes que habías hecho?
—Cuando cursé natación y atletismo me di cuenta que sabía un poco más que mis compañeros –por la experiencia.

—¿Te sentías más completo como nadador o como corredor?
—Me destacaba entre mis compañeros más como nadador, pero si me comparaba con competidores, no le llegaba ni a los pies.

—¿Profesores influyentes?
—De todos saqué algo, incluso de los malos –para no hacerlo.

—¿Había una aproximación al waterpolo durante la carrera?
—No, ni se nombraba. Lo conocí a los 21 años en Pilar –a tres cuadras de donde vivía mi vieja.

—¿A qué atribuís esa omisión?
—En aquel profesorado hay muchos deportes que de dejan de lado –como rugby y softbol. No es un deporte muy jugado en Argentina.

—¿Cuáles han sido tus referentes deportivos?
—(José) Meolans, a quien conocí y con quien me hice una foto pero no vi nadar. Trabajaba en San Lorenzo y fue a dar una capacitación. No tuve muchos referentes...

GUAT

Flotar, ésa es la cuestión
—¿Qué te impresionó al descubrirlo?
—Que hubiera un deporte en el agua que no fuera natación. Ésta es un deporte muy completo, y el waterpolo me pareció más aún. Me encantaba el agua y no lo conocía. El club al cual fui –Sportivo Pilar– es la contra de donde yo hacía natación. Llegué, estaban viendo en una notebook un partido grabado y había una pizarra, lo cual me pareció muy loco y profesional. Habían perdido contra River 25 a 1, entonces pensé que si eran malos, era mi oportunidad (risas). Me explicaron las reglas y el entrenador –Gervasio Barraco Marmol– no me dio mucha bola. Al arquero lo conocía y era muy buen nadador.

—¿Cuáles fueron las sensaciones de estar en la pileta de esa forma, comparada con la del nadador?
—Me di cuenta que nadaba bien pero se me complicaba el manejo de la pelota, ya que no tenía fuerza y era un mundo nuevo.

—¿Los primeros fundamentos técnicos que aprendiste?
—La flotación es clave; primero, no tener miedo tanto si nada como si no sabe nadar, ya que al quedarse quieto, teme hundirse.

—¿Se puede comenzar sin saber nadar?
—Sí, lo importante es flotar.

—¿Cuál es la diferencia en ese sentido con la natación?
—Cualquier persona si se queda quieta, puede flotar –aunque mucha gente por miedo, se mueve, se desespera y tiene la sensación de que se hunde. En waterpolo hay una técnica –llamada batidora de huevo– que consiste en mover las piernas y sacar el cuerpo del agua. Los profesionales sacan la cintura.

—¿Qué permite ese movimiento?
—Cambia mucho el tiro, tiene más fuerza y además sirve para bloquear mejor.

—¿Dónde se concentra la fuerza para realizarlo?
—Es mucha potencia de piernas y práctica. Hace cuatro años que juego y recién ahora pude sacar el cuerpo a la altura de la malla.

—¿Hay entrenamiento en la pileta y fuera de ella?
—Hay ejercicios de flotación. El primer mes te acalambrás y cansás, pero luego es natural y no lo pensás. El gimnasio es complemento en todos los deportes.

—¿Cuando estás sin nadar se hace permanentemente el movimiento de "batidora"?
—En un partido profesional, sí.

—¿Cómo influye la respiración?
—Es muy anaeróbico. Un partido demora cuatro tiempos de ocho minutos; podés jugar los 32 minutos o un minuto –ya que los cambios son ilimitados. Si todos tocan la pelota, son menos de dos minutos cada uno, porque son siete jugadores de cada equipo dentro de la pileta y seis, afuera. Entrenás un mes para tocarla dos minutos. Igualmente es muy fácil hacer que la gente se divierta y lo puede jugar todo el mundo.

—¿Otra clave?
—Es una mezcla de tiro y natación. No soy bueno tirando pero tenía mi rol como perimetral –los que nadan más– en el equipo. Los más grandotes nadan menos, flotan, les llega la pelota y tiran; los más habilidosos tienen fuerza de piernas y son arqueros o bloquean más.

—¿Hay un estilo que sea más recomendado?
—Crol y espalda, pero no cómo técnica específica, no hace falta. Si sabe nadar "perrito", lo hace, o se queda quieto, espera la pelota y tira. No hace falta ser un buen nadador.

—¿Qué puesto tiene más exigencia en ese sentido?
—Los cuatro perimetrales –dos por izquierda y dos por derecha–, uno de cada lado en la línea de dos metros del arco contrario, y otro más retrasado, en la línea de cinco metros. Cortinan, nadan más y vuelven a buscar la pelota. En cambio los boyas son pivot que reciben la pelota y tiran, y el marcador de boyas, arma el juego desde atrás –como un base. El arquero puede avanzar hasta la mitad de la cancha pero básicamente se queda en el arco todo el partido.

—¿Se puede sostener del arco?
—Ningún jugador puede tocar ni el suelo ni los bordes. Es difícil, sacrificado e importante ser arquero porque tenés que tener mucha fuerza de piernas.

—¿Cuáles son las dimensiones del arco?
—Son de tres metros ancho por 0.90 centímetros desde el agua.

—¿La disposición de los jugadores siempre es básicamente la que mencionaste o varía?
—Es muy raro ver otra formación, aunque puede haber un falso boya.

—¿Quién es el que convierte goles?
—El boya juega de espalda al arco, recibe, gira y tira –tipo pivot. Si se mueve mucho, es porque nada muy bien, aunque ahí se pone a los más fuertes para que rompan el arco.

—¿Cuáles son las infracciones relacionadas con el contacto físico?
—Es un deporte considerado de contacto y se puede hundir al contrario cuando tiene la pelota. Si lo hundís desde el hombro es una falta simple.

—¿Y el quite de la pelota?
—Se puede sacar de la mano sin tocarla ni tampoco el brazo, o por un mal pase.


Países y un referente
—¿Tus referentes en waterpolo?
—Veo waterpolo de Europa del Este: Serbia, Montenegro, Hungría... son los mejores históricamente.

—¿Quiénes han evolucionado en los últimos años?
—Estados Unidos, Australia, España, Italia y Francia. Latinoamérica es muy nueva en este deporte.

—¿Un jugador?
—Me gusta gente contra la que he jugado. Hay un chico que jugaba en Argentinos Juniors y ahora está de técnico en un club de España, que cuando comencé dije que quería ser como él. Jugaba bien, es técnico y me gustaba su forma de llevar el grupo, sus ideas y la forma de expresarse. Se lo conoce como Charly García.

—¿Qué observás técnicamente en esos equipos de alto rendimiento que los hace tales?
—La coordinación grupal, que demanda muchos años de juego, la misma técnica y táctica.

—¿Cuál es la dificultad en nuestro país para que no tenga desarrollo en los clubes de natación?
—El problema es los horarios de las piletas, porque siempre se dedican a natación y el waterpolo no está tan difundido. A los clubes les conviene tener seis personas por andarivel que once o trece flacos jugando.

Un equipo en formación, con futuro y muchas ganas

Mediavilla cambió el ajetreado ritmo de la Capital Federal por ciertos aspectos todavía pueblerinos de la capital provincial entrerriana. En este caso, no lo trajo su pasión por el deporte, sino el llamado del corazón.
—¿Cómo llegaste a Paraná?
—Hace cuatro años vinimos a jugar a Estudiantes un par de veces, salí a bailar, conocí a mi novia, no me dio bola pero hablamos un poco. La próxima vez que vine salimos, comencé a venir y ella a viajar allá. Hasta que nos cansamos y vine a probar suerte.
—¿El contraste y la primera impresión sobre la ciudad?
—Vivía en Ciudad Jardín pero trabajaba en Capital Federal; me encanta el ruido y mucha gente, y acá me encontré con mucha gente que corta la actividad a la siesta. Es otro ritmo, mucho mejor y muy tranquilo. Vengo de trabajar en ambientes feos, que acá no se ve tanto.
—¿Y la relación con Echagüe?
—Antes de mudarme hablé en el gimnasio Sinergia –donde ahora trabajo– con Sergio Argento, había un chico que compite acá –Alberto Pereyra–, quien me dijo que viniera a probarme. Hablé con Gustavo Piérola, vinimos con otro flaco que estaba en Estudiantes, se abrió y yo seguí, porque lo consideré una oportunidad al no haber waterpolo en Paraná. Es mi sostén y una especie de adicción.
—¿Quiénes se acercaron primeramente?
—Comencé con mi novia –quien hizo natación desde chica–, después vino un chico que jugaba en Estudiantes, y ahora hay dos que están muy enganchados y son muy buenos, Pedro, de trece y Francisco, de quince –el futuro del equipo. Ya formamos un equipo de siete personas y nos faltan los seis suplentes –aunque pueden ingresar al minuto de juego.
—¿Qué se requiere para iniciarse?
—He conocido gente que no sabía nadar, le tenía miedo al agua y comenzaron a nadar a partir del waterpolo. Estamos martes, jueves y sábados, de 15.30 a 17, y hay cupo para todas las edades –a partir de los doce o trece años. A futuro, la idea es hacer varias divisiones.

Antiguo y en el Sena
La primera vez que hubo waterpolo en los Juegos Olímpicos fue 1900. Junto con el fútbol es el deporte de equipo más antiguo en los Juegos. En aquella oportunidad venció Gran Bretaña, aunque lo más curioso fueron las instalaciones: los partidos se disputaron en el río Sena.
Las porterías eran barcas. El gol se conseguía cuando la pelota pegaba en cualquier parte del ancho de la barca rival. Las selecciones participantes no eran países, sino los mejores clubes: el Osborne Swimming Club inglés, el Brussels Swimming and Water Polo Club belga, el Berliner Swimming Club alemán y el Libellule de París, el Puppile de Neptune de Lille (I y II) y el Tritons de Lillois –todos franceses.
Las bases de este deporte las fijó la Asociación de Natación de Londres en 1870 cuando se establecieron las primeras reglas formales aunque fue diez años más tarde, en Escocia, cuando el waterpolo se desarrolló tal y como se lo conoce en la actualidad.




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