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La Selfie

Potolicchio, el esperancino campeón del mundo

Comenzó a jugar al softbol en Los Teros en Esperanza. Desde hace varios años defiende la camiseta de Estudiantes y la Selección.

Domingo 01 de Marzo de 2020

Juan Potolicchio nació el 23 de junio de 1982 en Esperanza. A los 14 años comenzó a jugar al sóftbol gracias a la decisión del profesor Eduardo Rista de abrir un escuela en la ciudad. Ese mismo año llegó a Paraná para competir en un torneo Juvenil con Los Teros. A partir de allí comenzó una carrera ascendente. Al año siguiente jugó el Nacional como lanzador oficial. Como Esperanza no tenía Primera y estaba Seleccionado para la Juvenil Argentina debía competir en el primer nivel para tener rodaje y Ateneo de Santa Fe lo invita a jugar un torneo en Hacoaj. En ese certamen enfrentó a Estudiantes en dos oportunidades y pierde la final por 2 a 0. En el asado de cierre los invitan a jugar con su compañero (Carlitos) y a partir de allí se suman al CAE. Desde ese momento Juan dice que es nacido en Los Teros y de Estudiantes. En la Selección debutó en 2001 en Nueva Zelanda.

Con la Albiceleste disputó ese Mundial Juvenil, los Mayores de 2009, 2013, 2015 y en Praga 2019 donde quedará en la historia por ser uno de los integrantes del primer campeón del Mundo. Ese mismo año se consagró campeón Paranamericano en Lima, Perú. Un groso.

Poto jugó por todo el mundo: jugó en las ligas de Estados Unidos, Canadá, Venezuela, Guatemela y varios torneos en Europa Hace cuatro temporadas viste la camiseta de los Gremlins donde se consagró dos veces campeón del mundo y espera repetir este año y fue tres veces campeón nacional. Hoy está radicado en Guatemala donde trabaja.

—¿De qué equipo sos hincha?

—De Colón de Santa Fe.

—¿Un club?

—Estudiantes de Paraná, mi segunda casa. El Plumazo y su cancha. Estudiantes tiene una tradición que para su torneo, que es la Copa Desafío, retira un número de alguien que haya sido ícono de la Primera División. Y desde ese momento no hay honor más grande que tus pares consideren que has sido tan grande para que un número no se use más. Es el sueño softbolero que me queda por cumplir.

—¿Un triunfo?

—El Mundial de Praga, el Panamericano de Lima y el primer torneo Nacional que gano con Estudiantes. Eso fue como tocar el cielo. Fue en el estadio Mundialista, a casa llena y contra Lucas Mata cuando era mí ídolo y una súper estrella. Tenía 18 años.

—¿Un compañero con el que compartiste vestuario?

—Uno solo no puedo. He tenido muchos. En la Selección, Mariano Montero y Ladislao Malarczuk en la habitación. Pero me ha tocado compartir con Lucas Mata, Fernando Petric; Bruno Motroni mi compañero eterno en los equipos de Estados Unidos.

—¿Un cancha?

—El Estadio y El Plumazo.

—¿Cuál fue la carrera que más gritaste?

—Cualquiera diría la carrera que nos puso arriba en la final del Mundo contra Japón. Pero en realidad un muy buen trabajo del cuerpo técnico había sido tratar de que los tipos con más experiencia seamos los más calmos para que ningún momento el equipo se fuera de la táctica y la estrategia. Cosa muy difícil porque todos somos de sangre caliente. Fue en el corazón la más grande, pero la que más grité fue en el 2011 cuando Nicolás Vitor saca un home run para ganar en el décimo inning en el Mundial de Clubes para ganar y meternos en la semifinal.

—¿Cuál es tu top five de deportistas argentinos?

—Lionel Messi, es lo que yo considero el David de Miguel Ángel del atleta. Si fuéramos menos cholulos ya se hubiese dejado de comparar a Maradona con Messi. Meolans; Manu Ginóbili, Juan Curuchet, un ídolo. En el 2015 le pedimos que nos hable y salió una frase que usamos hasta el día de hoy que es “Seguí pedaleando”. Él dice que a veces se despierta y no siente las piernas y “¿sabés que hago?”, nos dijo. “Sigo pedaleando”. Y el otro ídolo es Fernando Petric. Si el sóftbol fuera más popular el tipo estaría escribiendo libros sobre ética deportiva y cómo comulgan los equipos.

—¿Y tres del mundo?

—Messi, Jordan y Michael Phelps.

—¿Para qué sos bueno?

—La cocina. Me gusta mucho. El resto lo dejamos, ja.

—¿Que te gusta hacer en los momentos libres?

—Me enganché mucho con el kitesurf. Me fascina. Lo compré en Canadá y no entendía nada. En la cancha donde entrenábamos lo sacaba, Motroni me ayudaba y un canadiense gigante se agarraba del arnés. Las primeras veces nos desparramábamos. Me gusta leer en los aviones.

—¿A qué cosas le tenés miedo?

—A tener miedo. Como veterano me di cuenta que erraba más cuando tenía miedo de errar. Entonces parte de la lectura psicológica fue como evitar el “me voy a equivocar”. La concentración no es estar pensando en lo que tenés que hacer sino que es un conjunto de no. No pensar en lo que te puede hacer mal.

—¿Qué cosas te sacan?

—La gente obtusa y muchas veces me pongo un poco cuadrado y eso me saca la cabeza. Cuando la gente no ve las diferentes opciones y se cierra en lo suyo. Lo trabajo porque no está del todo bien.

—¿Que cosas te hacen reír?

—Todo. Me río de mí mismo. En la Selección no estamos riendo todo el tiempo. Del otro, de uno y de lo que pasa. Y cuando estoy nervioso.

—¿Cuál fue tu peor compra?

—La más pelotuda es un bidet electrónico. Porque en Guatemala y en USA, los bidet no son muy populares. El que me compré trae control de intensidad de temperatura, control de ángulo del chorrito, limpiador automático del pituto que tira el chorrito y hasta spray de perfume.

—¿Cuál fue tu primer sueldo y en qué lo gastaste?

—Teníamos que viajar un torneo a Tucumán con Carlitos y mi viejo nos daba la plata si hacíamos la canaletas de la quinta. O sea: pala.

—¿Una comida?

—Todo. Soy un voraz. Siempre pruebo algo diferente. He comido cualquier cosa y lo último que me traje de México fueron dos bolsas de grillos con picante. Son buenísimos.

—¿Un postre?

—Lemon pie.

—¿Una bebida?

—El malbec, número uno.

—¿Qué música escuchás?

—Lo que esté en spotify.

—¿Una banda o solista?

—Metállica.

—¿Una película o serie?

—Dos: La Vida es Bella y No se aceptan devoluciones.

—¿Un viaje?

—El viaje que hice a Orlando con mi hermana. Tipo “regalo de 15” lo disfruté muchísimo.

—¿Una ciudad?

—Esperanza y Praga.

—¿Un barrio o lugar de Paraná?

—Soy enamorado de Esperanza, pero me vendría a vivir a Paraná. Hay un barrio acá que se llama Los Aromos donde nació la mitad de la Selección Argentina. Ahora la mayoría de los jugadores de Estudiantes está alrededor de la sede del CAE y me animo a hacerle un partido a Los Aromos.

—¿Qué lugar te gustaría conocer?

—Japón, porque me gustan las diferencias culturales.

—¿Un hombre?

—Más de uno. En mi infancia y adolescencia, mi viejo; el Cuchi Rista, el tipo que se le ocurrió empezar con el sóftbol y me cambió la vida. Y de grande Mariano Juri, cuando vine por primera vez me alojó y me abrieron las puertas de su familia. Julio Gamarci, porque es una de las personas con la que más diferencia tenemos, pero fue el que me abrió las puertas, me enseñó a pensar el sóftbol moderno y en el 2015 me hizo una promesa que en el 2019 la cumplió. Me dijo que íbamos a ser campeones del mundo. Y Francisco Valdez, padre e hijo, porque se llaman igual. Dos personas en Guatemala que me abrieron sus puertas y es el hogar fuera del hogar.

—¿Una mujer?

—Mi abuela, mi hermana, mi mamá y mis sobrinas.

—¿Cuál es el contacto más groso que tenés en el celular?

—Carolina Guillén, es la periodistas de béisbol de ESPN. Es una venezolana que me hizo muchos favores.

LA SELFIE RECARGADA

—¿A quién te gustaría meterle un caño y decirle oleeee?

—A Manu Godoy. Es recalentón y en el fútbol más.

—¿A quién le sacás la roja?

—A cualquiera que se haya sentado en el sillón de Rivadavia. Y a Maduro..

—¿Qué camiseta nunca te pondrías?

—La de Patronato. No es por odio, es una rivalidad sana.

—¿Cuántos grupos de whatsapp tenés y cuál es el mejor?

—Tengo un montón, entre 30 y 40. El más interesante es Arturofóbico es el equipo selecto de los grandes de Estudiantes.

—¿Quién te gustaría que te siga en Instagram?

—Megan Fox.

—¿Con quién te gustaría tener una selfie y en dónde?

—Con el Papa, él con una gorra de la Selección Argentina de Sóftbol. Si bien no soy creyente, el tipo es el guía espiritual más grande del mundo y es argentino. Hay que respetarlo por eso.

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