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Patronato y Brittes, siempre de la mano

En Patronato de La Paz, su ciudad, dio sus primeros pasos. En el Santo paranaense edificó su carrera profesional. Desde hace tres años inició un nuevo ciclo en el club que lo formó en sus pagos.

Martes 16 de Junio de 2020

En el camino de Edgardo Brittes aparece siempre Patronato. En La Paz, su ciudad natal, el Indio se formó en Patronato Football Club, el club que se ubica a la vuelta de su casa. En la capital entrerriana el paceño edificó su carrera profesional en el Rojinegro de barrio Villa Sarmiento. Celebró dos títulos en los certámenes organizados por la Liga Paranaense de Fútbol en la temporada 2007. Además conquistó dos ascensos, del Torneo Argentino B al Argentino A, y de este en campeonatos organizados por el Consejo Federal a la Primera B Nacional.

Entre los dos Patronato la única relación es el origen. “A los dos los fundó un cura”, informó Brittes. “Los colores de la camiseta de Patronato de La Paz son amarillo y rojo. Y es uno de los dos clubes de la ciudad que tienen cancha propia. El otro es Comercio”, agregó, en diálogo con Ovación.

Volver a casa. Tres años atrás el Indio regresó a sus pagos. Retornó con la idea de proyectar una vida alejada de la redonda. Su idea era instalar un comercio junto a un amigo. Sin embargo la pasión popular volvió a golpearle las puertas. Otra vez Patronato, el del norte entrerriano, se interpuso en su camino. “Mi idea era poner una verdulería con un amigo, pero no salió. Le dije que no porque justo trascendió la posibilidad de trabajar en el club. Él se largó solo. Le está yendo bien por suerte. La semana pasada abrió dos locales. De a poquito le va metiendo”, narró el delantero que, a fuerza de goles, hizo delirar de felicidad al Pueblo Rojinegro durante la primera década del siglo XXI.

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El ex Patronato en su club en La Paz

El ex Patronato en su club en La Paz

“Hace tres años que me radiqué en La Paz. En los primeros meses entrené en el gimnasio de un amigo. Después me puse a jugar al básquet. Al tiempo me llamaron de Patronato, el club donde surgí. Había asumido una nueva comisión y querían mejorar el trabajo de inferiores. El club estaba trabajando con tres categorías, pero no tenía mucha convocatoria. Aprovecharon que me había radicado definitivamente en el pueblo para llevar adelante un proyecto en las inferiores. Junto a unos profes armamos una escuelita para niños de 5 años. Gracias a Dios se pudo armar algo lindo. Pudimos levantar el trabajo del club en inferiores. Se logró conformar equipos en todas las categorías”, relató Brittes.

La Muda, como lo llaman en La Paz, es la cara visible de la entidad. “Estoy dirigiendo en la escuelita de fútbol. Es una comisión nueva que comenzó a laburar hace tres, cuatro años. El club estaba medio caído. Había una persona que no se dejaba ayudar. Era una persona que trabajó toda la vida en el club. De hecho fue profe mío. La persona falleció y asumieron en la comisión unos amigos del pueblo. El club se levantó, se acomodó la cancha, se realizaron reparaciones, se construyó una cancha de fútbol 5”, enumeró.

Edgardo es una persona sencilla, humilde, de barrio. Mantiene un perfil bajo. No le gusta chapear con su pasado en el equipo que representa a la provincia en el máximo nivel del fútbol argentino. “A mí no me interesa la carrera que realicé, porque eso quedó atrás. Ahora llevo otra vida”, aseveró.

Asimismo es consciente de que su presencia le da prestigio al trabajo que realiza en el norte provincial . “Muchos se arrimaron al club porque estoy yo. Eso está bueno porque le viene bien al club. Con el equipo hemos salido a disputar torneos provinciales con las categorías 2009 y 2008. También hemos viajado a Rafaela, a Viale. Esto antes no sucedía. Por suerte el club se está manejando bien. En cada categoría hay comisiones para reunir fondos”, resaltó.

Referentes. Brittes comenzó a capacitarse para desarrollar su trabajo en la escuelita. “Hoy en día nos capacitamos mucho a través de Internet”, subrayó. La experiencia adquirida en barrio Villa Sarmiento la capitaliza para trasladarle sus conocimientos a los pequeños. Y en el Rojinegro la Muda tuvo un gran maestro: Luis Murúa. “A mí me marcó mucho”, afirmó. “Con Pity aprendí muchísimo”, añadió. “No he hablado con él últimamente. Es más: La última vez que lo vi fue hace 10 años cuando lo enfrentamos en la final del Argentino A en Tandil. De ahí no lo vi nunca más. No tengo su número de teléfono. Pero guardo el mejor recuerdo de él. Nos enseñó muchas cosas”, reiteró.

En su alocución Edgardo mencionó que, por su temperamento, no suele interrogar a sus excompañeros. “Cuando comencé en la escuelita Gaby (Graciani) me dijo: “Te mando materia por mail”, pero no soy de molestar. La Pulga (Díaz), Marcelo Candía me han dicho “Traeme chicos para acá”. Pero nuestra idea es tener a los jugadores acá por el momento porque son chiquitos todavía. Hace poco Lanús se quería llevar un chico de 10 años. Es difícil porque el padre tendría que ir a vivir allá”, aclaró.

Pasaron 12 años. El 16 de junio de 2008 Brittes vivió la mayor alegría de su carrera como futbolista. El delantero fue protagonista en la maniobra que le permitió a Patronato obtener el ascenso al Torneo Argentino A al superar 1 a 0 a Central Córdoba de Santiago del Estero. “Fue un pelotazo largo de Jorge (Valverde) desde la izquierda . Vi que el Pulga venía a la carrera y le bajé el balón. Por suerte el Enano la clavó al ángulo. Si la agarra hoy de vuelta, no la mete. La tira al galpón de Flecha Bus”, rememoró, 12 años después. “Ese ascenso fue de lo más lindo que viví en Patronato, a pesar de haber ascendido dos años después a la B Nacional. Llegué al club para jugar la Liga local, donde iban 20 personas, y ese día la cancha estaba repleta. Éramos 20 tipos que íbamos para adelante y no les importaba si cobrábamos mucho, si teníamos agua, si teníamos pelota. Éramos un equipo unido, eso es lo importante”, valoró

Brittes no pasó por alto el trabajo que llevó adelante el cuerpo técnico. “Más allá de las virtudes futbolísticas, ese equipo físicamente marcaba diferencias. El Tati (en referencia a Sebastián Furios) nos mataba. Por ahí me enojaba, lo puteaba, pero gracias a él tuvimos buenos resultados”, destacó. “Además teníamos un técnico como Edgardo (Cervilla) que, la verdad, era muy bicho, muy capaz de saber que en todos los partidos tenía que hacer algo para que el equipo funcionara. Sabía lo que tenía que hacer, qué jugador tenía que salir, cuál tenía que entrar. Su trabajo fue muy bueno. Tiene un carácter muy pesado, muy duro. No todos nos llevábamos muy bien con él. A veces nos peleábamos, a veces nos llevábamos bien. Era una relación amor-odio con algunos, y me incluyo porque primero no me llevaba bien, pero terminamos siendo grandes amigos”, recordó.

El ascenso al Argentino A fue el despegue de Patronato. Fue el primer paso que el Rojinegro dio hacia el profesionalismo. Aunque para Brittes el camino comenzó tiempo atrás. “Había iniciado antes, con Luis (Murúa), O con Daniel Ceccoti, que llevó a varios chicos de los que después edificaron la columna vertebral. Pero con Pity se formaron varios de los jugadores porque seguramente a Gaby (Graciani), a Claudio Weinzettel, al Seba (Bértoli), al Negro Andrade, Prono, el Colo Zuvinikar y a varios chicos de inferiores, les enseñó algo. Nos marcó bastante. En lo personal me enseñó muchas cosas que no sabía que podía hacer. Él me lo enseñó y me sacó lo bueno”, explicó.

No todo es fútbol. Sin proponérselo Brittes continúa vinculado a la industria del fútbol, y a Patronato. Pero la pasión popular no es la única actividad que realiza en La Paz, su lugar en el mundo. Al momento de realizar una disciplina deportiva cambió de color la pelota. Se inclinó por La Naranja.

“Estoy jugando al básquet con un grupo de amigos. El equipo se llama La Morada. Participamos en un torneo libre. Se pone lindo porque el torneo es muy competitivo”, describió. A través de la relación de amistad que construyó con uno de los integrantes de La Morada, el Indio comenzó a trabajar en otro ámbito que no tiene relación con el deporte. “Uno de los chicos del plantel es el dueño de una estación de servicios en La Paz. Me ofreció trabajar como playero para cubrir a los empleados que salían de vacaciones. Estuve un par de semanas para probar y hasta el día de hoy sigo fijo. Llevo un año y nueve meses. Me siento cómodo. Es un lindo laburo. Los horarios son rotativos. Son jornadas de ocho horas de trabajo con un franco semanal. Además este trabajo me permite seguir vinculado al fútbol”, cerró.

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