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Patronato: el mito se derrumbó una década después

Patronato, en mayo de 2010, protagonizó una serie caliente ante Cipolleti de Río Negro. Hubo polémicas por doquier y un dato que fue revelado 10 años más tarde

Martes 24 de Marzo de 2020

La serie que Patronato protagonizó ante Cipolletti de Río Negro por las semifinales de la temporada 2009/10 del Torneo Argentino A será de las más recordadas en barrio Villa Sarmiento. La llave se abrió en el Alto Valle. La victoria quedó en manos del dueño de casa. Se impuso por 3 a 1 en un partido que tuvo varios condimentos. Un pésimo arbitraje (según la crónica de Ovación del 10 de mayo de 2010) de Maximiliano Stevenott, quien sancionó un penal inexistente a favor de Cipo.

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Patronato; el mito se derrumbó una década después

Esa acción repercutió en el temperamento de los futbolistas entrerrianos. Los ánimos se caldearon cuando un contragolpe del Santo fue frenado cuando la manga que comunica a los futbolistas con la zona de vestuario se infló en pleno encuentro. Todos los integrantes de la delegación visitante reaccionaron, Marcelo Fuentes, entrenador de Patronato, en ese entonces, fue expulsado por la protesta.

Después del juego los actores del elenco visitante apuntaron hacia la figura del colegiado. “Nos metieron la mano en el bolsillo”, disparó Nicolás Bianchini, en declaraciones a Ovación. “Estamos jugando por plata. A mí me caga mi familia. duele en el alma lo que hicieron hoy”, redondeó el de Santa Elena.

Marcelo Fuentes fue autocrítico al no dominar los impulsos. “Siento vergüenza por cuestiones que tienen que ver con formas que creo que se deben mantener”. Luego continuó con munición gruesa. “Boludo no soy. Hay reglas que se deben cumplir para que uno no se sienta ni local ni visitante”.

La herida cicatrizó tres días después. El Rojinegro revirtió la serie en un partido con un alto grado de emotividad donde Diego Jara y Sebastián Bértoli sacaron categoría de ídolos. Villa Sarmiento no durmió esa noche. Patronato avanzó a la final. Una semana más tarde el Santo se coronó campeón.

Después de 10 años el mito de la manga se derrumbó. En tiempos de aislamiento social obligatorio por la pandemia de coronavirus, Gabriel Graciani, uno de los actores de esa historia, contó en su muro personal de la red social facebook lo que sucedió en el Alto Valle. Confesó que la manga no se infló intencionalmente, sino que hubo un error involuntario de uno de sus compañeros. Bajo el título de “Historias de Ascensos”, Graciani narró lo siguiente: “Viajamos con toda la ilusión de arrancar bien en esta semifinal. Se hablaba de que en estos partidos había que cometer la menor cantidad de errores para llegar bien parado para la vuelta. Llegamos al estadio, fuimos al vestuario, recorrimos el largo túnel que nos llevaba hacia la cancha y al salir estaba desplegada una extensa manga inflable que llegaba hasta mitad de cancha que estaban probando para el inicio del partido”.

“Entre charlas y risas decíamos “que hermosa manga”. ni cerca de escuchar la gente de ellos cuando entremos a jugar. en ese recorrido de cancha el Rulo (en referencia a Cristian Devallis) se encontró con uno de los líneas del partido que era conocido de la infancia en su pueblo. Se abrazaban, se pusieron al tanto sus vidas ya que hacía mucho tiempo que no se veían. “Después dame tu camiseta y tu númer”, intercambiaron.

Leo Ferre (Ferrero) y Chino (Urresti) caminaban la cancha abrazados charlando de lo que podía ser el partido. “Vos quitá y dámela que yo hago magia”, decía el Chino. Leo se reía y decía “yo soy el rústico y vos el lírico”. El técnico le explicaba a algunos jugadores que había que aprovechar las jugadas de contra por las bandas, que por esa vía los podíamos lastimar, Seba (Bértoli) y Pipo (Echagüe) dialogan en uno de los arcos. “Si hay un penal tirate a tu derecha que siempre patean a ese lado”, recalcó Pipo. Inicia el partido, cancha llena, primera pelota recupera Leo Ferre, pase largo a Chino que no la corre porque la había pedido corta y al pie, como le había dicho. Leo se enoja. “Estamos jugando una semi”. Leo corre esa pelota como nunca antes lo había visto correr, llega a esa pelota con el último aliento y traba con el rival. Gana y cuando va a tocar nuevamente la pelota le pegan una patada en el tobillo que lo deja afuera del partido. En el arranque del segundo tiempo se complicarían más las cosas porque a los 6 minutos el árbitro cobra un penal dudoso. Entre discusiones y otras cosas Pipo le dice a Seba “acordate lo que hablamos”. Seba se movió hacia su derecha y la pelota fue al otro lado. Gol de Cipoletti.

Leo que se encontraba solo en el vestuario, al escuchar el grito de gol de la hinchada se las ingenió para ir saltando en una pata recorriendo el interminable túnel y llegar hasta la boca de la cancha para ver el partido. El encuentro estaba picante, complicado y por demás caliente. No sé cómo hicimos, pero en una de esas jugadas nos la ingeniamos y armamos una contra con mucho peligro de gol. En ese momento, como un defensor más, se desplegó la manga cortando la contra y ahogando nuestras ilusiones de gol. ¡¡¡Ni se imaginan cómo nos pusimos!!!. Se armó una de gritos, empujones, puteadas, tanto con los árbitros, jugadores, cuerpo técnico rival y hasta quien se cruzara por delante.

El encuentro estaba picante, complicado y por demás caliente. No sé cómo hicimos, pero en una de esas jugadas nos la ingeniamos y armamos una contra con mucho peligro de gol. En ese momento, como un defensor más, se desplegó la manga cortando la contra y ahogando nuestras ilusiones de gol. ¡¡¡Ni se imaginan cómo nos pusimos!!!. Se armó una de gritos, empujones, puteadas, tanto con los árbitros, jugadores, cuerpo técnico rival y hasta quien se cruzara por delante.

Al tiempo, después de las merecidas vacaciones, volvemos a los entrenamientos recordando ese partido, y Leo dice: “Les tengo que confesar algo: a la manga la inflé yo. Cuando se dio la contra yo que estaba en la boca del túnel me quise apoyar para ver mejor la jugada, me resbalé y apreté sin querer el botón haciendo inflar la manga. Al ver que se inflaba me asusté y como pude y con dolor me fui corriendo al vestuario sin decir nada ya que nadie me había visto. Por suerte hoy lo puedo contar”.

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