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Patronato: a 10 años de la última diablura de Muller

El 12 de mayo de 2010 Víctor Muller disputó su último encuentro oficial. Fue en el histórico partido en el que Patronato eliminó a Cipolletti de Río Negro.

Martes 12 de Mayo de 2020

El 12 de mayo de 2010 es una fecha que será recordada por las enormes atajadas de Sebastián Bértoli que le permitieron a Patronato avanzar a la final del Torneo Argentino A. Diego Jara fue otro de los futbolistas que se calzó la pilcha de protagonistas. Al igual que San Sebastián, La Joya sacó chapa de ídolo al anotar dos de los tres tantos en la victoria del Rojinegro sobre Cipolletti de Río Negro, por 3 a 1. Luego el concordiense cumplió en la definición por penales al anotar su ejecución

Esa jornada también quedó marcada como la del último encuentro oficial en la carrera profesional de Víctor Muller. El Diablo ingresó desde el banco de suplentes a los 71 minutos en reemplazo de Emanuel Urresti. Tuvo dos opciones para inflar la red, pero un esguince en una rodilla le jugó una mala pasada. Esa lesión lo marginó de la serie final ante Santamarina de Tandil

Asimismo el delantero coronó su carrera con el segundo ascenso con el Santo. De esa manera consiguió el objetivo que se había planteado cuando comenzó a desarrollar su ciclo como futbolista a fines de la década del 80: ser uno de los obreros que trasladó a Patronato en el profesionalismo.

Muller
Muller y su último partido oficial con Patronato

Muller y su último partido oficial con Patronato

“Era un objetivo que me propuse cuando arranqué mi carrera y lo conseguí cuando regresé al club para cerrarla. Lo pongo dentro de los primeros lugares de importancia por lo sentimental, porque el club es mi segunda casa, son los colores. Pude retirarme de la mejor manera en mi casa”, agradeció Muller, en diálogo con Ovación. A 10 años de su retiro el Diablo reconoció que en ese entonces venía madurando la decisión de concluir una era. “Lo venía analizando porque el cuerpo pedía descanso”, confesó. “Me costaron esos tres últimos años porque había pasado de un fútbol profesional, en el que jugaba en canchas con buen césped, a jugar el Argentino B en campos muy duros y ante rivales muy duros”, agregó el exatacante.

El sacrificio que desplegó en su segundo ciclo en el Rojinegro fue enorme. Muller padeció varias lesiones en esos procesos. En varios juegos arriesgó al jugar diezmado desde lo físico. Valió la pena el esfuerzo. “Arranqué a jugar en Primera en Patronato en la temporada 89/90 y desde ahí hasta que me fui en el año 95 estuvimos peleando en el Torneo del Interior para ascender al Nacional B. Cuando regresé, Patronato estaba más abajo, jugando un Argentino B. Tuve la suerte de volver a jugar, me fue bien y en esos tres años brindé mi granito de arena para ascender a la B Nacional”, resaltó.

El cuerpo hablaba a través de las lesiones. El Diablo entendió que era el momento de colgar los botines. Aunque la ilusión por prolongar su estadía en barrio Villa Sarmiento y jugar la B Nacional con Patronato estuvo presente. “Era la única categoría que me faltaba jugar”, recordó Carucha. “Más allá del cansancio, me hubiera gustado jugar un semestre más para experimentar cómo era jugar en esa divisional. Sabía que era una categoría muy fuerte, pero nunca la había jugado. Había jugado en Primera División, Argentino B, Argentino A, Torneo del Interior. Me quedaron las ganas de saber lo que era un B Nacional. Si me hubiera quedado seis meses más tal vez arrancaba y seguía unos años más. Y tal vez podía obtener el ascenso a Primera, pero ya a lo último el cuerpo me pedía descanso”, reiteró. Muller contó que el retiro no fue una decisión que le costó asimilar. Remarcó que el último camino que transitó lo llevó a elaborar el duelo. “No me costó el retiro porque sentía que las lesiones venían seguidas”, argumentó. “Me había costado mucho la transición de seis, siete meses, que se dio entre mi salida de Guatemala y mi regreso a Patronato. Cuando arranqué a entrenar los años no eran los mismos, el cuerpo no era el mismo. A esa edad sentí más el cansancio. Todas las lesiones que no había tenido en mi carrera las sufrí en esos tres años en Patronato”, se lamentó.

Tras su despedida, Muller acompañó al equipo desde el lugar de hincha. Tomó cierta distancia física, pero el corazón sigue presente en el Grella y continúa latiendo por el Rojinegro. “Estos años lo sigo más que nada desde mi casa. A la cancha fui más cuando estuvieron mis amigos (Luis) Medero y (Claudio) Marini, quienes fueron compañeros en Colón. Después fui a verlo contra Boca y River, que llevé a mi hijo a ver esos partidos. Lo seguí más desde casa que yendo a la cancha”.

Muller reconoció que estando fuera del campo de juego el sufrimiento es cruel. “Cuando estaba en la cancha veía a aquellos que habían compartido plantel conmigo y me daban ganas de entrar a jugar. Uno dice que es normal, pero la verdad que se sufre. Y por tele también se sufre al ver la camiseta con la que jugué durante muchos años. Cuando pierde el equipo siento que pierdo yo también. Es como si estuviera todavía en el plantel. Me enojo cuando pierde. Estoy contento cuando ganan. Es lo mismo que si estuviera jugando”, describió.

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