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"No me rendí porque escuché a mi hija"

Nacho Villamea sufrió un accidente en diciembre y le amputaron una parte del brazo. Su familia viajaba con él y según confió, el grito de Alma le salvó la vida. Hoy se recupera y quiere seguir con su pasión. Un relato conmovedor y optimista.

Viernes 16 de Febrero de 2018

El 11 de diciembre, Juan Ignacio Villamea regresaba en su auto de Rosario donde fue a visitar a sus hermanas, con su dos hijas, Alma y Mora; su mujer Micaela y su mamá Lucrecia. Luego de pasar Santa Fe por la ruta 168 y a la altura de la zona del barrio El Pozo se le cruzó un perro y al esquivarlo impactó contra el muro de contención. Como consecuencia del impacto le tuvieron que amputar una parte del brazo izquierdo en el hospital Cullen de Santa Fe. La noticia conmovió al ambiente del básquetbol de los clubes de la ciudad. Nachi venía de ascender con Paracao, que llegaba por primera vez en su historia a la Primera División de la APB un par de meses atrás.
Esa noche de sábado fue tremenda: la familia estaba desconsolada. Sus hijas, su señora y su mamá, quienes afortunadamente resultaron ilesas fueron testigos de todo. Un viajante, Gastón, que luego resultó conocerlo del básquet, venía detrás del auto y los asistió. En el medio una serie de circunstancias traumáticas que continuaron en el nosocomio de la vecina ciudad. A pesar de la desgracia, el alero nacido el 11 de abril de 1989, se refugió en la contención familiar, el Club Paracao, los amigos de la vida y del deporte que ama.

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#OvacionEntrevistas Juan Villanueva, un relato conmovedor y optimista.

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Ovación lo visitó en su casa de Colonia Avellaneda, donde recibe el afecto de las mujeres que ama y toma impulso con una fortaleza admirable para volver al básquet desde el lugar que sea.
En medio de un relato conmovedor Nacho recordó aquella noche del accidente y confió que la voz de su hija fue fundamental para no caerse. Al mismo tiempo se pregunta cómo hizo el perro para saltar el muro de contención, porque tanto él como Micaela aseguran que salió desde ese lado y no de la derecha donde se encuentra la banquina sospechando que haya habido alguna intencionalidad de detenerlos como han denunciado en varias oportunidades en el lugar. "Cuando se me cruza el perro, que no sé porqué sale del lado del muro, tengo la mala suerte de chocar contra el muro de contención de cemento y cuando impacto, se rompe el vidrio, se me escapa el brazo hacia afuera y enseguida me doy cuenta de que no lo sentía y no tenía fuerza. Miro hacia atrás y lo primero que veo es que mi señora, mi mamá y mis dos nenas estaban bien. Al toque me di cuenta que no sentía el brazo y lo primero que le dije a mi vieja es que no iba poder jugar más al básquet y ella me trató de calmar, pero yo me daba cuenta de que el brazo no me respondía. Sentía tristeza y dolor, pero cuando las escuché a mis hijas, sobre todo a la más grande que mi gritaba 'papá...papá', ahí no me rendí y salí al frente, porque si me tiraba al suelo me desangraba", contó visiblemente consternado y con los ojos vidriosos.
La ambulancia tardó aproximadamente 15 minutos en llegar y lo derivaron al hospital. En la sala tuvo que soportar la discusión de las médicas que no se ponían de acuerdo para atenderlo y su señora esperaba la noticia en un clima hostil y tétrico, propio de una guardia en una madrugada de domingo.
Luego fue trasladado a Paraná, donde lo intervinieron quirúrgicamente y allí recibió el afecto y el apoyo de todos.
"Por suerte así como tengo todo el apoyo de mi familia, el básquet que es el deporte que amo y que juego desde los 6 años, me dio muchos amigos. Es impresionante el apoyo que me dieron todos los clubes por los que pasé. En este último tiempo jugué en Paracao y quiero agradecerle a toda esa gente que se ha portado muy bien conmigo y han estado muy presentes", manifestó.

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La entrevista se realizó en la casa de familia en Colonia Avellaneda. Foto <b> UNO</b> Mateo Oviedo.&nbsp;&nbsp;
La entrevista se realizó en la casa de familia en Colonia Avellaneda. Foto UNO Mateo Oviedo.


Al mismo tiempo remarcó que "la familia" de Paracao fue fundamental en estos días. "La gente de Paracao no la he visto en otro club. El apoyo y la contención me hicieron ver que es una verdadera familia. Sigo vinculado por eso. Los chicos del vóley me hicieron una bandera y me regalaron una camiseta. El club tiene valores muy importantes y me hace sentir bien", agradeció el jugador de 28 años.
A más de dos meses del accidente, Nachi, se muestra con un gran temple, evoluciona muy bien de la fractura y además de la terapia recurre a la rutina que le da un envión anímico muy importante. "Voy a kinesiología tres veces a la semana y voy a la psicóloga y después como siempre, digo la contención que tengo es mi familia. Hoy el brazo que me falta es mi señora, es la que está conmigo todo el tiempo. Después están mis amigos y trato siempre de juntarme con la gente que me relacioné siempre y eso me saca adelante. La gente del básquet, el Lisa Ruiz Moreno con el que me crié en la cancha y todo eso me lleva a seguir en contacto con mi pasión que es el básquet. El mundo no tiene la culpa de lo que me pasó; no puedo estar enojado con nadie y tengo que seguir adelante".
Juan Ignacio comenzó a jugar al básquet a los 6 años en Talleres y de los 14 a los 17 vistió la camiseta de Echagüe. En el medio pasó por la Selección de Entre Ríos. Su carrera continuó en Tala, donde jugó la Liga C para Atlético, y luego regresó a Paraná, donde conoció a Micaela y al poco tiempo fueron padres de Alma. Seis años después nació Mora "la terrible" de la casa. Tras un parate en el deporte retomó el juego con la camiseta de Quique y luego volvió a Talleres, otro de los clubes que ama. Hasta que el año pasado se armó una banda de amigos y se fue a Paracao con la intención de divertirse y porqué no, hacer una buena temporada.
No solo lo lograron, sino que además ascendieron a la Primera División el 3 de octubre luego de vencer a Sionista 83 a 72. Aquella noche Nachi fue una de las figuras con 10 puntos. Su vida es el básquet, por eso no duda en que su futuro está en algún lugar de la cancha.
"El año pasado logramos el ascenso y la gente del club me pidió que siga en el grupo y que trate de aportar desde mi lugar. Voy a estar con ellos como lo hago ahora en los asados. A los entrenamientos voy, pero como no tengo movilidad, por ahí se me complica. Hasta que no se me vayan los dolores y me sienta bien lo llevo con calma, pero en algún momento algo voy a hacer. El básquet es mi pasión y si bien a mí lo que me gustaba era jugarlo, meter un triple y gritarlo, lo voy a seguir desde algún lugar: acompañando o dirigiendo", aseguró convencido.

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Micaela, su gran amor y la mamá de sus hijas, confesó que el día que regresaron a la casa lloraron toda la noche. Foto <b> UNO</b> Mateo Oviedo.&nbsp;
Micaela, su gran amor y la mamá de sus hijas, confesó que el día que regresaron a la casa lloraron toda la noche. Foto UNO Mateo Oviedo.


SU AMOR INCONDICIONAL

Micaela, su gran amor y la mamá de sus hijas, confesó que el día que regresaron a la casa lloraron toda la noche. Pero al despertar se miraron convencidos de que iban a salir adelante.
"Llevamos mucho tiempo juntos y es una persona muy transparente y sé que todo lo que sale de él es de buena fe. Sabemos que van a venir tiempos mejores. Lo voy a acompañar y ser fiel con lo que él decida seguir, sobre todo en el deporte, que es su gran pasión. Tengo mucha fe de que va a salir adelante y las ganas de él se notan. Hace muy poco que fue el accidente y al él se lo ve entero y con muchas ganas", sentenció.

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