Mundial de fútbol

Mundial de fútbol: ¿La pelota no se mancha?

Si algo sabían y saben personajes como Mussolini, Hitler, Ortiz, Perón y Videla es que un mundial de fútbol ayuda a cambiar la imagen externa de cualquier país

Domingo 20 de Noviembre de 2022

¿Cuál es la razón por la cual un país sin tradición futbolística, enclavado en un desierto con temperaturas agobiantes durante todo el año y un escaso desarrollo territorial, puede organizar un Mundial de Fútbol?

Apenas el 15% de la población de Qatar es Catarí, el resto es inmigración de diferentes países. El Gobierno del Emirato es una Monarquía Absoluta, en donde la última palabra siempre es del Emir, en este caso de la familia Al Thani, quien ejerce su poder desde que dejó de ser protectorado británico. Es decir, desde que Francia y Reino Unido dejaron de repartirse la península Arábiga a cara descubierta.

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Si algo sabían y saben personajes tan disímiles como Mussolini, Hitler, Ortiz, Perón y Videla es que un mundial de fútbol ayuda a cambiar la imagen externa de cualquier país

Si algo sabían y saben personajes tan disímiles como Mussolini, Hitler, Ortiz, Perón y Videla es que un mundial de fútbol ayuda a cambiar la imagen externa de cualquier país

¿Es “normal” organizar un Mundial en un lugar en que la Constitución prevé la lapidación y la flagelación como castigo vigente, donde la libertad de expresión está restringida y los actos homosexuales son ilegales pudiendo castigarse hasta con pena de muerte? ¿En un lugar en donde no existen los partidos políticos?

Los trabajadores inmigrantes acceden al país con un sistema de “padrinazgo” en donde un habitante (empresario, empleador) asume la responsabilidad del trabajador, a quien – según analistas internacionales- se le retiene el pasaporte, dejándolos en una situación laboral excesivamente precaria, cuasi esclava.

Si bien, probablemente a causa de la organización del mundial, algunas de estas costumbres que recuerdan al medioevo se están revirtiendo, la situación no parece ser de lo más alentadora.

Las sospechas sobre cómo llegó Qatar a organizar esta cita ecuménica se han convertido en el escándalo por corrupción más grande en la historia de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), a causa de la cual una figura áurea como la de Michel Platini y el ex presidente de la entidad, Joseph Blatter, fueron suspendidos.

Pero el pequeño emirato no fue el único en poner tan desmesurado empeño en la organización de un Mundial.

Si algo sabían y saben personajes tan disímiles como Benito Mussolini, Adolf Hitler, Roberto M. Ortiz, Juan Domingo Perón, Jorge Rafael Videla, Vladimir Putin y las monarquías absolutistas es que un mundial posee un efecto hipnótico que ayuda a cambiar o mejorar la imagen externa de cualquier país.

El anecdotario del fútbol ya inmortalizó el momento en que “el duce” se presentó en el entretiempo de la final de “su mundial” para recordarle a sus jugadores (muchos de ellos argentinos que jugaban para Italia) las consecuencias que les cabían si no ganaban: deslizando su dedo índice alrededor del cuello.

Muchos de esos jugadores eran de nuestro país, en 1930 habían perdido la final ante Uruguay, pero allí representando a la albiceleste. En ese vestuario hubo amenazas no menos estridentes para que nuestro combinado “vaya para atrás”, tanto fue así que, luego de ir ganando cómodamente, terminó perdiendo la final.

En 1934 el jugador Luis Monti dijo: “Hace cuatro años me mataban si ganábamos, acá me mataban si perdíamos”.

Hitler también quería “su” Mundial, en 1942 compitiendo con la candidatura de Argentina, aunque no pudo jugarse por la guerra que él mismo provocó. Nuestro país no participó en tres mundiales dada la negativa de la FIFA a otorgarle una organización.

Pero el momento esperado llegó en 1978, bajo la presidencia de facto de Jorge R, Videla, quien también visitó un vestuario, el de Perú, el día que nuestra selección necesitaba ganarle a los incaicos (cuyo arquero era argentino) por más de cuatro goles para llegar a la final. El encargado de la organización de aquel mundial era el austero general Omar Actis. Murió baleado. Su reemplazante, el más conocido almirante Lacoste, nunca presentó un balance justificando los más de 500 millones de dólares invertidos en ese evento.

Las fiestas futboleras son auténticas expresiones populares, tal vez por eso sea tan fácil ocultar el oscuro submundo que rodea al fútbol. Tal vez por eso, o tal vez, porque como decía Julio Grondona, sea muy cierto que “todo pasa”.

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