Ovacion
Jueves 15 de Noviembre de 2018

Los guantes que hicieron historia están con su dueño

Catriel Orcellet los había regalado tras el recordado partido de Gimnasia de Concepción del Uruguay con Unión de Santa Fe en 2002. Ahora los recuperó.

Aquel 26 de mayo de 2002 llovía en Santa Fe, como en estos tiempos. En cancha de Unión, Gimnasia de Concepción del Uruguay se jugaba el ascenso a Primera ante el Tatengue. No se dio por apenas un gol de diferencia. Fue 3 a 1 a favor del Lobo en el estadio Núñez y 3 a 0 para los santafesinos en el 15 de Abril. El partido quedó envuelto en mil polémicas, con el malogrado Fabián Madorrán como árbitro y versiones en torno a él, a especulaciones de siempre, a todo lo que rodea este tipo de partidos.
Aquel Lobo de Concepción conducido por Jorge Vendakis, desplegó belleza en cada una de las canchas que pisó en ese Nacional B, con el brillo de un juvenil Luciano Leguizamón, la experiencia de Lalo Colombo con la diez y los goles de Diego Ceballos. Bajo los tres palos estaba Catriel Orcellet,que parecía imbatible partido tras partido. Su presencia en el arco de Gimnasia tenía el plus de la pertenencia, del saber que eran uno, él y su club. Que ese arco, esa cancha, eran (y son) su lugar en el mundo.
La noche de la final fue figura a pesar de los tres goles de Unión. Aguantó, luego de la apertura de Martín Perezlindo, hasta lo inimaginable. Pero no se dio.
El regreso a Concepción de ese plantel fue una fiesta popular, derribando aquello que a los derrotados nadie los quiere. La ciudad los esperó en el ingreso, desatando una fiesta en la Plaza Ramírez junto a los jugadores.
Al bajar del colectivo, Catriel, emocionado como todos por el recibimiento, dejó en las manos de un gurí los guantes de ese partido, acaso el más importante en la historia del club uruguayense.
Ese gurí, hoy ya adulto, recuerda ese día, ese momento.
"Hoy, después de 16 años volvieron con su dueño. Recuerdo aquella noche triste, con rabia, sin palabras, después de perder el ascenso a la categoría más grande del fútbol argentino, cuando bajando del colectivo se los entregó a un nene sin saber que iban a quedar esos partidos en la historia del club y en su historia. Con sabor amargo, pero sabiendo que se dejó todo", comenzó relatando Valentín Caffa, quien tuvo un gran gesto, inolvidable y emocionante para los protagonistas, pero también para aquellos hinchas del Lobo.
Valentín guardó esos guantes durante 16 años, los encuadró y cuidó como un tesoro. Hasta que decidió que debían volver con su dueño.
"Pensé que tenían que estar en sus manos. Y hoy me siento feliz porque lo están. Gracias Catriel Orcellet por ser parte de la época más linda que vi del fútbol en Concepción y del Lobo", dijo antes de desprenderse de su tesoro más valioso, para que atajen otra vez con su dueño.
Con emoción, luego de recibir en sus manos el regalo que una vez hizo, Catriel Orcellet recordó: "Dieciséis años pasaron de que regalé estos guantes. Hoy me los trajeron encuadrados y se me erizó la piel, fueron usados en las finales por el ascenso de 2002".
Como salido de un cuento, el imán del destino atrajo las partes: el sueño del chico realizado, su gesto ya de hombre y la emoción de quien dejó mucho por estos colores en un merecido reencuentro con aquellos guantes, con la historia grande del Lobo.

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