Miradas
Miércoles 28 de Febrero de 2018

Las tribunas que molestan

En tiempos de dictaduras y consecuente censura, en la ciudad la gente aseguraba que "las paredes son del pueblo". Esto se decía en relación a que los muros eran el espacio público - popular por excelencia para poner, a través de eslóganes, lo que la prensa callaba. Por carácter transitivo, determinados espacios públicos se transformaron en escenarios de la resistencia a gobiernos autoritarios. La epopeya popular no termina de definir si fue en la cancha de Independiente, Chicago, Chacarita o Boca donde por primera vez se cantó la marcha peronista durante la dictadura cívico-militar que hundió al país, entre 1973 y 1983. Lo cierto es que se cantó. Allende las fronteras argentinas en la Italia de Silvio Berlusconi, en mayo de 2011, el director de orquesta Riccardo Muti pidió a los intérpretes de la ópera "Nabucco" de Verdi que repitiesen el "Va, pensiero", cuya letra lamenta "¡Oh, mi patria, tan bella y destruida!". Berlusconi, asistente a la representación y por entonces aún primer ministro, tuvo que soportar un bis cargado de crítica hacia su gestión. No es una novedad que el pueblo busque espacios públicos, ya sea populares o de la alta cultura, para expresarse cuando considera que se implementan políticas que lo perjudican.
La pretensión del sindicato de árbitros, de censurar expresiones de descontento popular que surgen espontáneamente o no, en los estadios de fútbol, es de una violencia política inusitada, más en una sociedad acostumbrada, ya hace más de tres décadas, al diálogo democrático. Pero lo que más llama la atención es que esto suceda bajo un gobierno que se jacta de ser dialoguista y permitir el disenso y las críticas, por más duras que sean. Genera intranquilidad cómo se pone en marcha un aparato persecutorio cada vez que "algo" molesta al presidente Macri. Ni en el gobierno "autoritario" de Cristina kirchner, como lo calificaban los actuales funcionarios de Cambiemos y algunos periodistas militantes, se tomaron medidas similares. Llevar a la Justicia supuestas amenazas realizadas en redes sociales, conlleva movilizar todo un aparato judicial por una estupidez cuando hay miles de causas más importantes que necesitan una resolución urgente. Obvio que todo sucede bajo el atento seguimiento de las cámaras de TV, para que los ciudadanos tomen nota de lo que le sucede a los que se animen a mostrar su descontento. A la expresidente se le dicen barbaridades, no solo en las redes sociales sino en los medios de comunicación. Incluso hubo una publicación que la trató de desequilibrada mental. Esa misma revista, por ejemplo, publicó un primer plano de las calzas de la mandataria, e hizo un fotomontaje en la que se la mostraba en pleno goce sexual. La portada llevó como título "El goce de Cristina" y el artículo dentro del semanario tuvo como encabezado: "La libido del Poder CFK". Nadie dijo nada.
Durante el paro del campo en 2008 le gritaron y cantaron barbaridades. Hasta se publicó una nota donde se la comparaba con un ofidio. El actual senador nacional Alfredo De Ángeli ni se inmutó. Lo que nació en las canchas parece ser más un enojo futbolero que otra cosa. Las ayudas que recibe Boca, equipo del cual fue presidente Macri y es hincha, provocan la ira de la gente, incluso de muchas personas que Cambiemos tenía en el bolsillo captadas por sus eslóganes.
La advertencia de los árbitros lo único que causó es que en las redes circulen miles de videos irónicos de aliento al presidente. Llama la atención como los árbitros no paran partidos cuando se falta el respeto a la comunidad boliviana, peruana o paraguaya o se tilda a los rosarinos de come gatos. En el fútbol suceden cosas peores. Ni hablar en la diaria del país donde hoy todos hablan del aborto y su discusión parlamentaria cuando ya se sabe que no va a prosperar. Es solo un entretenimiento, una cortina de humo, como se dice cuando se advierte una maniobra distractiva evidente. Mientras esto sucede ya nos están empezando a aplicar en cuotas la reforma laboral, ni hablar de la previsional. Nadie sabe hasta dónde puede llegar la pretensión de acallar a las voces disidentes, y sus consecuencias. Tal vez sea fácil con legisladores y periodistas. Habrá que ver con multitudes cansadas de que les quieran quitar hasta las ganas de manifestarse.

Comentarios